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lunes, 14 de noviembre de 2011

Las coronas de laurel son arrebatadas por un suave soplo de brisa...

Ana solo tenía 16 años cuando se enamoró. Una imagen en blanco y negro  se deslizó por la pequeña pantalla de la televisión de su cuarto de estar, y eso fue suficiente para cautivar su corazón...

 Hizo una ardua tarea de investigación en las revistas del corazón de la época ("San Google", todavía no existía...) y descubrió que su ídolo vivía a escasos kilómetros de su casa, así que movida por la pasión y la devoción, cogió todos sus ahorros y sin que nadie en casa se enterara, tomó un taxi y se dedicó a dar vueltas por  Somosaguas, por si el destino tuviera establecido un encuentro entre los dos.
  
No hubo suerte y el taxista hizo el día...
 
Tres años más tarde y a la vuelta de la Facultad, el azar quiso que se cumpliera su sueño: VER A SU "ÍDOLO" a escasos 2 metros en el coche  situado justo a su lado en un semáforo de la calle  Reina Victoria de Madrid.
 
Él puso sus ojos sobre ella desde el todo-terreno que  conducía. Estaba situado  en alto, como los dioses del Olimpo y ella bajita, conduciendo el Renault 12 de su padre y con la "L" pegada con ventosa en la luna trasera.
 
Ana sintió que se derretía en el asiento bajo su mirada y pensó en girar el volante con todas sus fuerzas y  empotrarse contra el reluciente coche de su ídolo... al menos tendrían que hacer papeles...y conseguiría sin duda su ansiado autógrafo y escucharía su voz, y él la miraría, y conseguiría su dirección y tal vez hasta su número de teléfono...  Pero... tanto pensar hizo que el semáforo se tornara  verde, haciendo que su amado y sus ilusiones...volaran a través de la Calle Guzmán el Bueno...
 
Pasaron los años y ella tuvo que conformarse con establecer una relación y firmar un papel para el resto de sus días con "un mortal". No era un dios del Olimpo pero era buen chaval, tan bueno que llevaba con resignación la devoción de Ana por su "ídolo" y lo que son las cosas de la vida, por su profesión tuvo la opción de tener una "cita"con el amor de la vida de su mujer, y... la propició... Se lo comentó a Ana y ella palideció de la emoción, pidiéndole que le permitiera por un día ser su "ayudante"
 
Así que casi 28 años más tarde del "flechazo", Ana tuvo cara a cara a su ídolo.
 
Él llegó a la consulta de uno de los odontólogos más prestigiosos de Madrid, y Ana ese día llevaba una bata de enfermera-ayudante de su marido.
 
Su "ídolo" estaba asustado, indefenso. tumbado en esa "silla" de torturas, que aunque sea  muy cómoda,  produce un mareo semejante al de una montaña rusa... Él por fin, estaba en sus manos y a escasos centímetros de su boca...
 
Ana temblaba, casi tanto como él, que la miraba con ojos de cachorrito antes de ser sacrificado y de repente vio al hombre, al niño asustado y sintió compasión.

El "ídolo" se derrumbaba en su mente y lo mas doloroso...en su corazón .

 Lo tranquilizó con dulces palabras, asegurando que el mejor profesional de Madrid, no iba a hacerle daño (aunque tenía motivos de sobra...y un torno en la mano...) asegurándole que todo pasa en esta vida...
 
La intervención fue un éxito absoluto y , salió de la consulta con la sensación de que había perdido algo...
aunque su preciosa dentadura estaba intacta y no había sentido, ningún dolor.

 Ana le pidió a la secretaria de su marido que no cobrara nada al "famoso" que acababa de salir, que era una deuda que tenía con él y que así quedarían en "paz" rogándole que hiciera esperar unos minutos al siguiente paciente. Se dirigió a su marido, le propinó un beso apasionado y sugerente diciéndole al oído...
 
-Esta noche recibirás la corona de laurel en mi Olimpo, 
porque aunque no me había dado cuenta, eres mi héroe...
 

 

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