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lunes, 27 de febrero de 2012

Futuro...

Me pregunto si sería tan interesante como a priori podría parecer, saber que va a pasar en el futuro, en MI FUTURO...

Miro atrás y creo que si hubiese sabido como terminaría tal o cual cosa de mi vida, ahora no sería lo que soy o como soy.

No quiero saber lo que va a pasar y debo ser rara, sobre todo si echo un vistazo a los datos que nos hablan del interés que muchos manifiestan en saber que va a ser de su vida y acuden a todo tipo de adivinos de mas o menos prestigio para que les avancen que está por llegar.

A lo mejor ese -no querer saber lo que me espera- es pura cobardía... No quiero ni pensar  si alguien me dice que ve claramente que me queda poco... o que en un tiempo, caeré enferma o que dejaran de quererme...

No, definitivamente paso de adelantar acontecimientos, aunque claro... también pueden ver en mi futuro cosas auténticamente maravillosas; una salud de hierro, un amor que dará la vuelta a mi existencia o la afortunada ganadora de un premio gordo en la lotería...

Pero... no, no me arriesgo, no quiero saber lo que me espera, no quiero celebrar nada por adelantado, aunque tampoco vivir con la angustia de que pronto... ocurrirá una fatalidad en mi vida.

Sea malo o sea bueno, llegará . Además, siempre me han gustado las sorpresas...


martes, 14 de febrero de 2012

Emilio

-¿Otra vez por aquí, Emilio?
-Pues si hija, es que con estos fríos, no puedo dar un paso, el reuma, la ciática otra vez, o qué se yo...
-¿Cómo no me ha llamado y hubiera ido a verle a casa?, ¿Tiene alguién que le eche una mano?
-Viene una señora dos veces a la semana a limpiar un poco y a hacer algo de comida.
-Pero...¡eso es muy poco! 
-Ya, pero es todo lo que me dan en ¨la caridad"- a domicilio- del Ayuntamiento. Con mi paga, yo no alcanzo a tener más ayuda.
-Emilio, no tenía hijos, ¿verdad?
-No, Mercedes y yo, estuvimos casi cincuenta años casados pero Dios, no quiso bendecirnos con familia.
-Bueno, vamos a hacer unos análisis y algunas pruebas a ver si podemos aliviar esos dolores...

Recuerdo a Mercedes; ¡Una señora! ¡Una gran señora! Elegante, culta, impecable en su forma de vestir y siempre con una sonrisa que permaneció en su cara hasta en los momentos más duros de su enfermedad, que finalmente se la llevó hace un par de años.

Emilio y Mercedes se conocieron en la universidad, y fueron amigos primero y después amantes durante medio siglo. Compartían su pasión por la música y eso fué la chispa que encendió su relación. Ella se dedicó al magisterio, él a tocar en orquestas y vivieron muy felices y de manera intensa. Mercedes, me contaba en ocasiones sus viajes con Emilio durante el verano. Ella, liberada de sus responsabilidades en la escuela durante las vacaciones, acompañaba a su marido por España, y era su mayor fan.

Nunca he conocido a otra pareja con la complicidad y la química de estos dos ancianos tan entrañables. ¡Cómo se miraban! ¡Cómo se cogían de las manos! Era conmovedor, verles entrar en la consulta; ella apoyada en el brazo de su marido y él, orgulloso de ser el hombre afortunado que tenía por esposa a semejante princesa...

En todos mis años de experiencia, informar a Mercedes y a Emilio, que una leucemia se estaba adueñando de la vida de esa gran mujer, ha sido una de las tareas más difíciles a las que me he tenido que enfrentar. Ellos se miraron, Mercedes, no dejó de sonreír mientras cogía la mano de su marido y le decía:

-Queda poco, cariño, no podemos perder ni un minuto.

Se levantaron, me dieron las gracias y salieron abrazados de la consulta pero con paso firme y decidido a vivir con intensidad los escasos meses que le quedaban a Mercedes de vida.

Habían llegado los resultados de las pruebas de Emilio, y no eran buenas noticias las que tenía que darle...

-Buenos días, ¿Cómo se encuentra?
-Cansado, y sin apenas fuerza, aunque mejor de los dolores, el Tramadol me ha venido bien, incluso duermo mejor que antes, pero estoy desmadejado, abatido, exhausto...
-Verá Emilio... sería conveniente que le ingresemos unos días en el hospital, además de hacerle algunas pruebas, podría descansar tranquilo, sin preocuparse de comidas, la casa...
-¿Qué ocurre? ¿Qué tengo? Por favor, dígame la verdad, no tengo miedo. He vivido más que suficiente y... ya estoy cansado... Hace dos años que estoy solo, viviendo de recuerdos y esperando ansioso que llegue el día para volver a estar con Mercedes. Si, creo que existe el cielo y que ella está allí esperándome, no quiero hacerle esperar más... ¿Me puede ayudar? ¿Puede acortar mi espera?
-Vamos, vamos Emilio... no diga usted esas cosas...
-No quiero ir al hospital, no quiero dejar mi casa, quiero morir allí y lo antes posible, arropado por mis recuerdos, por nuestras fotos. ¿Sabe? todavía queda un poquito del perfume de Mercedes, cada noche rocío unas gotitas en la almohada y me duermo con su aroma... sueño con ella cada día, y no veo el momento de volver a abrazarla. Si usted me dice que esos análisis dicen que me queda poco, me estará dándo una fantástica noticia...
-Si no aplicamos pronto tratamiento... Si, Emilio, le quedaría poco...muy poco.

Se levantó sonriendo, me dió la mano y se despidió de mi para siempre... 

Sus pasos al salir de la consulta fueron firmes y decididos, yo diría, que incluso ligeros y hasta ágiles. 
Su meta; el re-encuentro con Mercedes, estaba muy cerca...



miércoles, 8 de febrero de 2012

Saúl

-¿Sábes mamá quién ha venido a vernos hoy a clase?
-Pués ni idea...
-Saúl, ¿Te acuerdas de Saúl, mami?
-¡Claro! ¡Cómo no iba a acordarme! y ¿Cómo está?
-Bastante bien, está muy alto y super guapo... Ahora vive en Cádiz, y ha venido con sus tíos a visitar a su familia, su abuelo, cumple 80 años y le van a hacer una fiesta sorpresa. ¡Qué gracia! no veas cómo habla, parece andalúz, andalúz...
-¡Claro, Sara!, se fué de Madrid hace...a ver... 2.004-2012...¡casi ocho años ya! además era muy pequeño, cuándo se fué, solo teníais cuatro años... es normal que se le haya pegado el acento del sur.

A la salida de las clases, coincidíamos un grupo de madres que después de vernos cada día durante un par de cursos, ya nos habíamos hecho amigas. Los viernes, tomábamos café enfrente del colegio, charlabamos de los críos, los maestros y a veces hasta salía algún problemilla personal o de pareja...

Enseguida conecté con Katia. Era una mujer tímida, un poco mayor que el resto de nosotras. Tenía una sonrisa que enamoraba y su mirada era de un azúl cielo llena de ternura. No hablaba mucho pero sus intervenciones siempre eran prudentes, sensatas y equilibradas. Saúl nació después de muchos años de matrimonio. Fué un niño muy deseado y buscado por todos los medios, ya que Katia tenía dificultades para quedarse embarazada, pero finalmente llegó cómo decía Katia:´´el deseado y pedido a Dios´´: Saúl .

Será dificil que olvide ese 11 de Marzo de 2.004. Eran las cinco de la tarde y a todas nos resultó muy raro que Katia no estuviera tan puntual como siempre recogiendo a Saúl.

A las cinco y cuarto, apenas quedaban niños en el patio, pero Sara no quería dejar solo a Saúl  e insistía en que nos quedáramos jugando un rato más hasta que viniera su mamá a recogerle.

A las cinco y media, solo quedabamos nosotros tres en el patio del colegio. Llamé al movil de Katia muchas veces. Estaba apagado o fuera de cobertura... era muy raro...

¿Sería posible que se hubiera retrasado por el caos que había en Madrid debido al atentado terrorista contra los trenes de Madrid, el 11 de Marzo? Ella núnca llegaba tarde, además tenía todos nuestros números de teléfono y era muy raro que no hubiera llamado a ninguna mamá si le hubiera surgido algún contratiempo que le impidiera llegar a recoger a su hijo.

Tomé a Sara y a Saúl de la mano y nos dirigimos a la secretaría del colegio. No habia ningún recado de Katia, ella no había llamado al colegio para informar de su ausencia a la hora de recoger al niño. Pedí hablar con la directora del centro, empezaba a tener un mal presentimiento...

Llamamos a los teléfonos que tenían en el colegio, tanto de su casa como de algunos familiares cercanos al niño, pero nadie contestaba. Decidimos que me llevaría a Saúl a casa hasta que pudiesemos localizar a alguién de la familia.

A las siete y media de la tarde y después de infructuosos intentos, me decidí a llamar a algunos hospitales, el presentimiento se tornaba en certeza cada vez más... Era un día complicado...el atentado , complicaba las comunicaciones y más aún con los hospitales. No había ni rastro de Katia ni de su marido por ningún sitio...

Saúl era un encanto, no protestó en ningún momento con el cambio de planes que significó para él venirse a casa. Merendó muy bien, jugaron un rato, les di un baño y solo a la hora de acostarse, preguntó:

-¿ Mi mami también va a venir a dormir a ésta casa, Sara?

A las nueve de la noche, sonó el teléfono. Saúl y Sara, ya estaban dormidos.Era Carmen, la directora del colegio.El abuelo de Saúl la había localizado y aunqué casí sin voz, le dijo que su hijo y su nuera viajaban en uno de los trenes que habían sufrido el atentado terrorista y que apenas hacía unas horas les habían identificado. Estaban en los pabellones de Ifema y les trasladarían en cuánto pudieran, al anatómico forense.

El corazón se me paró, no podía articular palabra. Cuándo reaccioné, concreté con la directora para vernos al día siguiente a primera hora con Saúl y su abuelo.

¡Madre mía! ¡ese niño! ¡Sólo tenía cuatro años y la desgracia se había cebado de pleno en él! y ¿Katia? ¿Su marido? ¡Qué espanto! ¿Por qué viajarían justo ese día en los trenes? No era un recorrido que hicieran habitualmente...¡Lo qué es la vida, el destino, la fatalidad! ¡Qué se yo!

Me acerqué a la habitación de Sara. Los dos amigos dormían placidamente cogidos de la mano. Me arrodillé ante la cama. NO se cuánto tiempo permanecí allí llorando y acariciando la cabeza de Saúl, rogándo a Dios que tuviera misericordia, que todo fuera un error, que le evitara pasar por lo que tenía por delante...

Han pasado casi ocho años. Saúl se marchó con sus tíos a Cádiz. Un grupo de psicólogos se encargaron de ayudar en primera instancia tras la tragedia... El niño reaccionó como era de esperar, pero gracias al cariño de sus tíos, los abuelos y  amigos de la familia, además del apoyo psicológico especializado, consiguieron que en la actualidad, Saúl sea un niño ¿feliz?.




lunes, 6 de febrero de 2012

Nacho

Esa fue la razón: Llevar la contraria a su madre...


Nacho no tenía vocación de periodista, esa profesión no le llamaba en absoluto la atención, es más, nunca había sido buen estudiante y todo lo que tuviera que ver con letras, le traía al pairo, pero esa conversación telefónica de su madre con una de sus amigas fué muy ´´inspiradora´´ para él...

-A mi me da igual lo que quiera estudiar, claro, que me gustaría que fuera médico, o arquitecto. Tampoco estaría mal un abogado en la familia, a mí, con tal de que no sea reportero de esos que mandan a la guerra...que sea lo que quiera.

Así que cuándo Nacho tuvo delante la solicitud para la universidad, no lo dudo y marco la Facultad de Ciencias de la Información, como su primera opción.  No tuvo problemas para ser aceptado, porque en esos tiempos, no era una carrera que estuviera de moda, así que con su 5,75 en selectividad, entró por la puerta grande de la Facultad de Periodismo con los lloros de su madre de fondo.

Lo que Nacho no sabía es que esa carrera le robaría el corazón, y en pocos años...la vida.

Yo, le conocí en la Facultad. Estaba como una cabra. Siempre metido en líos, protestas y ¡cómo no! hasta en la Tuna...

Todos le conocían por :-´´El bala perdida´´-...

Era tremendamente indisciplinado, desordenado y un caradura integral. Faltaba a clase dos o tres días a la semana y luego con su ´´particular encanto´´ y su carita de ángel, conseguía camelarnos para que le dejásemos los apuntes o le hiciéramos un hueco en nuestro equipo de trabajo, donde no daba ni clavo, pero su nombre aparecía firmando el trabajo de investigación, o la entrevista, junto con los nuestros que habíamos teníado que mover cielo y tierra para terminarlo con dignidad, quitándonos horas de sueño y salidas los fines de semana.

Cambiaba de novia como de camisa, pero ese caracter ´´canalla´´ le convertía en un candidato perfecto para romperte el corazón, -que es algo así como ´´OBLIGATORIO´´ cuándo tienes veinte años-, y que aunque veas a otras chicas llorando y lamentándose de haberle conocido, tú caes en la trampa como una colegiala por muy universitaria que seas...

Pero hay que reconocer que -´´El bala´´- era un tipo especial. Una especie de ONG andante. No soportaba las injusticias, y ahí estaba él siempre prestándose voluntario en trabajos de ayuda humanitaria, o cooperación al desarrollo. Se hizo amigo de todos las personas con problemas de movilidad en la facultad y no era raro encontrarle, haciendo de camarero, o en mercadillos vendiendo todo tipo de cachivaches para sacar fondos para esto y lo otro...

Todos los temores de su madre, tomaron forma cuando anunció recién terminada la carrera, que había aceptado una oferta de trabajo para ser corresponsal de guerra en Afganistán. (solo él estaba tan loco, como para aceptar semejante propuesta...) Tenía a su favor (o en su contra...) la falta de miedo y eso le permitía entrar en el centro de la batalla para narrar cada instante de la crudeza de la guerra, describiendo no solo los hechos sino los sentimientos, los gestos y el espanto de la contienda con una precisión y una maestría incomparables. Pero esa ´´valentía´´ unida a su juventud, su falta de experiencia y su rebeldía, era un arma de doble filo...


La cadena de televisión que le contrató, le ofrecía fuertes medidas de seguridad, pero él se las saltaba continua y conscientemente. Necesitaba su dosis diaria de adrenalina y nada se la ofrecía como estar en primera línea de batalla retratando con palabras las trincheras y los horrores de la guerra. pero sobre todo AYUDANDO a los heridos,e intentando sacar a niños y mujeres jugándosela en la frontera ocultándolos en su furgoneta...Nacho era un auténtico kamikaze...

Dos colegas, una periodista canadiense y un reportero del Sunday Mirror, habían fallecido en un plazo de dos semanas por bombas puestas en las carreteras por los Talibanes, era la manera más fácil de morir esos días en Afganistán, pero lo que son las cosas, la manera que eligió el destino de terminar con la vida de Nacho, fué por su solidaridad. Colaborando con Acnur en la repatriación de un camión de refugiados Afganos hacía Pakistán en Kandahar fueron sorprendidos por los Talibanes, abriéndose una línea de fuego entre el ejercito Talibán y las fuerzas de seguridad del estado Afgano.

En medio de la reyerta, ´´-EL BALA-´´ se encontró de frente con una ´´bala perdida´´ que terminó con su vida...







jueves, 2 de febrero de 2012

Candela

En el pueblo la llamaban : ´´La mujer que no besa´´

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Mi madre y Candela eran amigas desde pequeñas. Era una niña alegre, espabilada, con ganas de comerse el mundo. El pueblo asturiano dónde nació, se le quedó pequeño y decidió estudiar en Salamanca, allí conoció a su marido y cuándo se casarón, se marcharon a vivir a Sevilla.

Recuerdo que en los veranos de mi niñez, mi madre y Candela daban largos paseos por el pueblo, hablaban de viejos tiempos, de antiguos compañeros, yo jugaba con su hijo José, era más pequeño que yo, pero muy espabilado para su edad. Su pasión, eran los toros. Hacía gracia verle desde tan pequeñajo dando capotazos con un retal rojo a todo lo que se movía. Tenía frita a Perla, mi gata, dándole continuos pases de muleta: derechazos,  trincherazos, manoletinas, y hasta molinetes de rodillas, yo le aplaudía y le decía: ´´ole, ole y oleeee´´ Pero de esto hace...una eternidad...

Candela murió el 17 de octubre y fué enterrada el 18, aunque no ocupó la tumba dónde enterraron a José Mora Escudero: ´´´El Tello´´; su hijo, su único hijo que solo tenía 21 años. Ella decidió entonces, enterrarse en vida, y no volver a besar a nadie. Quiso guardar el último beso que dió a ´´su pequeño ´´en sus labios el resto de su vida.

Era el tercero de la tarde, y ´´El Tello´´,  se arrancó con tres muletazos impecables por lo bajo seguidas de series largas de cuatro o cinco pases de pecho y tres naturales. El estatuario, se le daba cómo a nadie y acabó la faena con su trincherilla, consiguiendo poner en pie al público, y tras diez minutos de oles y ovaciones desde el tendido, ´´El Tello´´ se perfiló para entrar a matar. El animal se revolvió al sentir la herida de muerte en todo lo alto, y envistió desde el costado al joven matador, hiriéndole de muerte.

Candela sintió la envestida en el alma cuando el teléfono sonó a las siete de la tarde. Su corazón de madre, sabía que el hijo acababa de morir, sintió que el suyo se partía en mil pedazos cuando la intuición se convirtió en certeza.

José siempre apuntó maneras de torero. La madre, siempre estuvo en contra de la afición pero la vocación de torero del niño que pujaba desde su más tierna infancia, y el padre, encantado con la pasión del hijo por el toro, hizo que lo llevara a las mejores escuelas de toreo, dónde vieron desde el principio casta en el jovencísimo matador, destacando sus faenas en tentaderos, novilladas y capeas.

Tomó la alternativa con solo 19 años y cosechó en dos temporadas enormes triunfos. Pero ésto a Candela no le importaba nada, la madre,  lo único que quería era volver a abrazar a su hijo después de cada corrida.

¡Maldita afición! ¿Por qué habría decidido el chico, elegir esa profesión? 

Ella núnca había ambicionado que su hijo fuera famoso, ni importante, ni que ganase mucho dinero,  solo quería estar tranquila, no sufrir cada tarde cuándo José se presentaba ante el toro.

Mientras duraban sus corridas, Candela acudía a su pequeño altar lleno de vírgenes y santos a los que les rogaba protegieran a su hijo y se lo trajeran a casa sano y salvo. Lloraraba, pasaba por su mente lo peor, luego, se venía arriba, recuperaba la fe, miraba su reloj cada minuto, así un día, otro día...Hasta que llegó ese fatídico 17 de octubre, en el que sus santos y sus vírgenes, no tuvieron a bien escuchar sus plegarias...

Candela se marchó de Sevilla, volvió a su pequeña aldea en Asturias, dejó atrás todo lo que le trajera recuerdos de su tragedia. Dejó a su marido, su casa, sus amigos y se enterró en vida.

Otra vez volvió a contar los minutos hasta que se re-encontrara de nuevo con...  -´´su niño´´-.
Ese último beso a su pequeño y ese frío que se pegó a sus labios, no la abandonaba, ni desaparecería hasta el fin de sus días. Núnca más beso a nadie.

... En el pueblo la llamaban : ´´La mujer que no besa´´.
 





miércoles, 1 de febrero de 2012

Helena.

Siempre me ha parecido espantoso observar la muerte tras una especie de escaparate. Ese cristal que separa los vivos de los muertos, tan aséptico, tan ´´tú estás de ese lado y yo de éste otro...´´ pero aún así, Helena seguía estando preciosa.

Recibí la llamada de su hermana esta mañana, anunciandome que Helena se había marchado. No me dió más detalles, solo que estaba en el tanatorio de la M-30 en la sala 7.

Llamé inmediatamente a Hugo, mi marido, para contarle lo que acababa de saber. El silencio al otro lado del teléfono, habló alto y claro de lo conmocionado que la noticia le había dejado.

Conocí a Hugo a través de Helena. Ella estudiaba en el mismo instituto que yo, eramos compañeras y nos convertimos en amigas. Hugo iba a salida de clase a buscarla y poco a poco, los sentimientos empezaron a hacer de las suyas; me enamoré de él y él empezó a percibir que tenía muchas más cosas en común conmigo que con ella. No hubo excesivo problema, ella nos dió su bendición;

-Está muy claro que estáis hechos el uno para el otro, sois un par de sosos, que os encanta pasaros el finde leyendo y oyendo música pasada de moda. Os va a ir muy bien, ya os imagino contandoles cuentos a vuestros nietos...jajaja.

Nuestras vidas siguieron caminos muy diferentes. Ella se convirtió en una ejecutiva de alto standing, representando a su empresa de publicidad por todo el mundo; viajes, convenciones, fiestas... No consiguió la estabilidad en lo sentimental, aunque pasó por diferentes relaciones, desde el hippie melenudo que no tenía un euro proclamando paz y amor pero que le encantaba el lujo y la vida que Helena le proporcionaba, el director de banco madurito y engominado, que la exhibia ante sus colegas como un trofeo, pasando por el bombero-tío-bueno, al que ella exhibia como un trofeo, el abogado trajeado con Audi, hablando continuamente por el iphone ...o al batería del grupo de moda tatuado hasta las cejas, macarra pero con un ritmo increíble en la cama; pero todos acababan aburriéndola y lo único que mantenía su interés, era el trabajo.

Justo pasó lo contrario conmigo. Hugo y yo nos casamos cuándo terminé mis estudios, y en solo cinco años, ya teníamos a nuestros tres hijos, por lo que decidimos ´´aparcar´´´mi carrera unos años y dedicarme a mi familia. Yo miraba el mundo a través de los ojos de mis hijos, Helena, lo miraba desde un avión, desde la libertad, la independencia y su realización como una mujer ´´moderna´´. La envidiaba, y anhelaba llevar una vida como la suya, siempre me sentí inferior, una mujer de segunda comparada con ella, me quedaba extasiada escuchandola cuando quedabamos de vez en cuando para cenar o cuándo venía a casa cargada de regalos para los chicos.

Hugo y la hermana de Helena, coincidieron justo a la entrada de la sala 7, se abrazaron, e intercambiaron algunas frases antes de acercarse hasta dónde yo estaba. Hugo tenía los ojos enrojecidos, nos abrazamos y nos dirigimos hacía el cristal. Abracé por detras a la única hermana de Helena, era un par de años mayor que ella y sollozaba ante la imagen de esa mujer tan fuerte que nos acababa de dejar.

-¿Qué ha pasado? Hacía apenas una semana que hablé con ella y estaba aparentemente bien.
-Se le ha ido la mano...
-¿Cómo?
-¿No sabías que Helena se metía Cocaína?
-¿Qué? ¿Coca? ¡No tenía ni idea!
-Yo la sorprendí un día en casa de mis padres. Celebrabamos el cumpleaños de papá. Entré en el cuarto de baño y la encontré metiéndose una raya. Me dijo que me quedara tranquila, que controlaba y que podía dejarlo cuándo quisiera, que le ayudaba con los cambios horarios que tanto viaje la estaban volviendo loca...
-¡No me lo puedo creer...! Parecía tan segura de poder con todo, tan firme, tan responsable...
-Pues mira, las apariencias engañan...quiero que sepas, que Helena, te quería mucho, se que lo sabes, pero no te imaginas, ella te tenía en un pedaestal...
-¿Helena? ¿a mi?
-Si, te adoraba y adoraba a tus hijos, siempre decía que había sido muy tonta al dejar escapar a Hugo, que le encantaría ser como tú, tener una familia y un hombre que bebe los vientos por ti...que eso es lo que verdaderamente importa.

Entonces fui yo la que empezó a sollozar, por Helena y...por mi....