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miércoles, 1 de febrero de 2012

Helena.

Siempre me ha parecido espantoso observar la muerte tras una especie de escaparate. Ese cristal que separa los vivos de los muertos, tan aséptico, tan ´´tú estás de ese lado y yo de éste otro...´´ pero aún así, Helena seguía estando preciosa.

Recibí la llamada de su hermana esta mañana, anunciandome que Helena se había marchado. No me dió más detalles, solo que estaba en el tanatorio de la M-30 en la sala 7.

Llamé inmediatamente a Hugo, mi marido, para contarle lo que acababa de saber. El silencio al otro lado del teléfono, habló alto y claro de lo conmocionado que la noticia le había dejado.

Conocí a Hugo a través de Helena. Ella estudiaba en el mismo instituto que yo, eramos compañeras y nos convertimos en amigas. Hugo iba a salida de clase a buscarla y poco a poco, los sentimientos empezaron a hacer de las suyas; me enamoré de él y él empezó a percibir que tenía muchas más cosas en común conmigo que con ella. No hubo excesivo problema, ella nos dió su bendición;

-Está muy claro que estáis hechos el uno para el otro, sois un par de sosos, que os encanta pasaros el finde leyendo y oyendo música pasada de moda. Os va a ir muy bien, ya os imagino contandoles cuentos a vuestros nietos...jajaja.

Nuestras vidas siguieron caminos muy diferentes. Ella se convirtió en una ejecutiva de alto standing, representando a su empresa de publicidad por todo el mundo; viajes, convenciones, fiestas... No consiguió la estabilidad en lo sentimental, aunque pasó por diferentes relaciones, desde el hippie melenudo que no tenía un euro proclamando paz y amor pero que le encantaba el lujo y la vida que Helena le proporcionaba, el director de banco madurito y engominado, que la exhibia ante sus colegas como un trofeo, pasando por el bombero-tío-bueno, al que ella exhibia como un trofeo, el abogado trajeado con Audi, hablando continuamente por el iphone ...o al batería del grupo de moda tatuado hasta las cejas, macarra pero con un ritmo increíble en la cama; pero todos acababan aburriéndola y lo único que mantenía su interés, era el trabajo.

Justo pasó lo contrario conmigo. Hugo y yo nos casamos cuándo terminé mis estudios, y en solo cinco años, ya teníamos a nuestros tres hijos, por lo que decidimos ´´aparcar´´´mi carrera unos años y dedicarme a mi familia. Yo miraba el mundo a través de los ojos de mis hijos, Helena, lo miraba desde un avión, desde la libertad, la independencia y su realización como una mujer ´´moderna´´. La envidiaba, y anhelaba llevar una vida como la suya, siempre me sentí inferior, una mujer de segunda comparada con ella, me quedaba extasiada escuchandola cuando quedabamos de vez en cuando para cenar o cuándo venía a casa cargada de regalos para los chicos.

Hugo y la hermana de Helena, coincidieron justo a la entrada de la sala 7, se abrazaron, e intercambiaron algunas frases antes de acercarse hasta dónde yo estaba. Hugo tenía los ojos enrojecidos, nos abrazamos y nos dirigimos hacía el cristal. Abracé por detras a la única hermana de Helena, era un par de años mayor que ella y sollozaba ante la imagen de esa mujer tan fuerte que nos acababa de dejar.

-¿Qué ha pasado? Hacía apenas una semana que hablé con ella y estaba aparentemente bien.
-Se le ha ido la mano...
-¿Cómo?
-¿No sabías que Helena se metía Cocaína?
-¿Qué? ¿Coca? ¡No tenía ni idea!
-Yo la sorprendí un día en casa de mis padres. Celebrabamos el cumpleaños de papá. Entré en el cuarto de baño y la encontré metiéndose una raya. Me dijo que me quedara tranquila, que controlaba y que podía dejarlo cuándo quisiera, que le ayudaba con los cambios horarios que tanto viaje la estaban volviendo loca...
-¡No me lo puedo creer...! Parecía tan segura de poder con todo, tan firme, tan responsable...
-Pues mira, las apariencias engañan...quiero que sepas, que Helena, te quería mucho, se que lo sabes, pero no te imaginas, ella te tenía en un pedaestal...
-¿Helena? ¿a mi?
-Si, te adoraba y adoraba a tus hijos, siempre decía que había sido muy tonta al dejar escapar a Hugo, que le encantaría ser como tú, tener una familia y un hombre que bebe los vientos por ti...que eso es lo que verdaderamente importa.

Entonces fui yo la que empezó a sollozar, por Helena y...por mi....




2 comentarios:

  1. A veces las apariencias engañan...Sólo vemos desde nuestro mapa de la realidad sin que eso signifique que es una realidad total o absoluta. Me ha encantado ese final "comencé a sollozar por Helenay...por mí"
    Un super abrazo :)

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    1. Querida Hechi! Un placer tu visita! La verdad es que nuestras vidas ofrecen poquita información... y además tenemos la costumbre de cubrirnos con una coraza que apenas deja ver nuestra vulnerabilidad y las sorpresas a veces respecto a algunas personas... ¡son muy grandes!

      Un abrazo y gracias por venir.

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