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martes, 31 de enero de 2012

Álvaro

Álvaro tiene en la actualidad casi cuarenta años. Su madre fue una conocida actriz en los setenta y ningún resorte se movió en su interior cuándo nació su hijo. Continuó viviendo como hasta ese momento. Viajaba, tenía multitud de compromisos profesionales y una agitada vida social.

Fue la abuela, la encargada de criar a Alvaro, mientras su madre, apenas le dirigía una mirada de vez en cuando. Le crispaba su comportamiento de niño, sus excentricidades de adolescente, su pasión por los aviones que ella odiaba y a los que tenía pánico. Se negó a pagar sus estudios de piloto, y Álvaró trabajo muy duro para conseguir el dinero suficiente y viajar a Miami a realizar su sueño.

Y... ¿su padre? Alvaro, ¿tenía padre?

Si, naturalmente, pero era el típico mantenido por una mujer rica, sin criterio y sin ninguna pasión por la vida, sin querer comprometerse con nada, y sin sentimientos por ese niño que le reclamaba.

Han pasado muchos años y ahora, estamos frente a la puerta de una UCI. La madre de Álvaro ha sufrido un infarto. Su padre murió hace tres años y él se enteró casi un mes más tarde por casualidad, leyendo una revista en la peluquería donde aparecia un breve reportaje comentando el fallecimiento del marido de la famosa actriz....

Estoy nerviosa. Las UCI´s por motivos personales me ponen ´´atacada´´y me traen penosos y estresantes recuerdos, sin embargo Álvaro, está tranquilo. Mira el reloj, se retrasan en salir a dar el parte médico, siempre ocurre igual. Los minutos delante de esa puerta parecen horas, pero horas de cien minutos. Álvaro saca su movil, consulta sus e-mails, juega, mata el tiempo. Insisto en preguntarle si está bien, si está seguro de que no quiere que llamemos a sus tías, las hermanas de su madre para que comparta con ellas estos momentos complicados. No quiere, me dice, que ya me explicará cuando salgamos del hospital.

Por fin sale el equipo médico y nos conduce a una pequeña sala, nos piden que tomemos asiento y nos explican que la situación no tiene pinta de mejorar, y que probablemente el desenlace es inminente. Nos dicen si queremos verla. Está inconsciente. Álvaro declina entrar a la UCI y les da a los doctores su teléfono movil para que le informen cuando fallezca. Se quedan extrañados, se miran entre ellos, me miran a mi, yo... miro al suelo...

Bajamos en silencio, llegamos al parking del hospital y Álvaro me invita a cenar.

-Gracias por acompañarme. Se que no entiendes mi comportamiento, pero es lo que hay. Me da igual lo que le pase aunque , espero, que ésto acabe cuanto antes. No voy a avisar a mis tías, son tan crueles y despiadadas como ella, solo querran saber que les ha tocado en la herencia cuándo se lea el testamento, ellas solo me traerían mas problemas en el hospital y mal rollo. Gracias por no pedirme explicaciones aunque es normal que no entiendas mi reacción. No siento nada, no la quiero, ella tampoco me ha querido nunca a mi. He sido un accidente en su vida que ha intentado olvidar. Suena muy antinatural pero hay madres que no quieren a sus hijos y esto es casi imposible de superar para mi, espero que cuando muera, cuando ya no tenga madre de verdad, pueda ser como cualquier otro hijo que ha perdido a su madre, esta vez por ley de vida y de manera natural.


Hablaba con una entereza, con una frialdad que me ponía piel de gallina. Álvaro ya era un adulto pero no había conseguido curar su herida del dolor, del abandono y del nulo afecto recibido a lo largo de su vida por parte de su madre.

Cenamos hablando de sus viajes, de su nueva casa, de la ruptura con su última novia; Álvaro, era incapaz de mantener una relación que durara apenas unos meses con cualquier mujer. Era un buen hombre pero tenía demasiadas carencias afectivas que no le dejaban desarrollar sus relaciones de manera equilibrada.

A la semana siguiente, recibí un correo:

Querida amiga: Ya ha terminado todo. La famosa actriz que me dió a luz, ya está en el infierno. 

Imagino tu cara en este momento, pero si de verdad te consideras mi amiga y me quieres tanto o más de lo que te quiero yo a ti, cámbiala por una sonrisa, porque yo por fin, estoy en paz. 

Ordené todo para su incineración. Mi abogado se encarga de la gestión de todos sus bienes, y serán liquidados y donados a una ONG que ayuda a niños sin hogar. Creo que al menos ´´otros´´ se van a beneficiar de sus benditos bienes para aliviar sus males. 

Empieza el resto de mi vida y me he propuesto ser feliz. Ya no hay nada que me lo impida.

P.d; por favor, escribe un post, de esos- tan inspirados- que publicas en tu blog, contando esta historia, pero no des demasiados detalles, soy tímido. Ayúdame a poner por escrito el punto y aparte del resto de mi vida.

Un abrazo.


Álvaro.





lunes, 30 de enero de 2012

"Los derechos imprescriptibles del lector"

 Me ha parecido interesante, a ver si a vosotros también.... aunque claro, no estoy de acuerdo en todo...

Agrupados bajo el nombre "Los derechos imprescriptibles del lector" El escritor francés, Pennac. cree que el lector debe gozar de estos diez derechos...
 
1. El derecho a no leer.

Aceptemos de una vez que hay gente a la que leer puede no gustarle... -allá ellos-; dice Pennac: "La idea de que la lectura humaniza al hombre es justa en su conjunto, a pesar de que existen algunas excepciones deprimentes. Se es sin duda un poco más humano, si entendemos por eso un poco más solidario con la especie (un poco menos fiera), después de haber leído a Chejov que antes. Pero cuidémonos de flanquear este teorema con el corolario según el cual todo individuo que no lee debería ser considerado a priori como un bruto potencial o un cretino redhibitorio. Si lo hacemos convertiremos la lectura en una obligación moral, y este es el comienzo de una escalada que nos llevará rápidamente a juzgar, por ejemplo la moralidad de los libros mismos".

2. El derecho a saltarse páginas.

Si una historia (sobre todo las prosas morosas y detallistas del siglo XIX, podemos agregar) abunda en fragmentos que nos desesperan o aburren, es mejor dejarlos pasar que renunciar del todo a la obra. Así dice Pennac que hizo en su infancia con La guerra y la paz: devoró la historia de amor y descartó las páginas sobre política y estrategias bélicas.

3. El derecho a no terminar un libro.

Y así como se puede esquivar algunas partes centrales en un libro, se puede obviar su final. Para Pennac, nada (¡y menos el temor a ser juzgados como perezosos o ignorantes por otros!) justifica que leer se convierta en una obligación. Si un libro comienza a aburrirnos, dejémoslo para otro momento... o para otro lector.

4. El derecho a releer.

Dice Pennac: "Releer lo que me había rechazado antes, releer sin saltarse una línea, releer desde otro ángulo, releer para verificar, sí… nos concedemos todos estos derechos. Pero releemos sobre todo gratuitamente, por el placer de la repetición, la alegría de los reencuentros, la puesta a prueba de la intimidad. Otra vez, otra vez, decía el niño que fuimos…".

5. El derecho a leer cualquier cosa.

Sí. A leer literatura estereotipada, comercial, que repite una fórmula... si la disfrutamos. Que nadie se rasgue las vestiduras. Según Pennac, tarde o temprano, hechizados por la lectura en sí misma, daremos con textos mejores (más verdaderos, que no ocultan la complejidad de las cosas) y nos haremos adictos a ellos. Tenderemos (pero naturalmente, sin imposiciones ni vergüenzas) a buscar escrituras más auténticas y profundas.

6. El derecho al bovarismo (enfermedad textualmente transmisible).

Leer febrilmente, vibrar de emoción, obsesionarnos por un texto o personaje es válido (y no una etapa inmadura que debemos superar).

7. El derecho a leer en cualquier parte.

En cualquier parte y haciendo diferentes cosas. Tomando sol. Viajando. Caminando. Adormeciéndonos. Comiendo. Agreguen sus variantes.

8. El derecho a picotear.

Leer de aquí y de allá, varios libros a la vez. O abrir un volumen en cualquier lugar y leer con toda intensidad la página casual... para cerrar el libro hasta otra temporada. "Cuando no se tiene el tiempo ni los medios para tomarse una semana en Venecia -argumenta Pennac-, ¿por qué rehusarse el derecho de pasar allí cinco minutos?".

9. El derecho a leer en voz alta.

De poner nuestro cuerpo, nuestra voz, nuestra saliva, nuestra interpretación en la lectura. Pero también, por supuesto, derecho a leer en voz baja.

10. El derecho a callarnos.

O derecho a mantener con el texto una relación compleja, extraña, personal e intransferible. "La lectura es una compañía que no ocupa el lugar de ninguna otra y a la que ninguna compañía distinta podría reemplazar. No le ofrece [al lector] ninguna explicación definitiva sobre su destino, pero teje una retícula apretada de complicidades entre la vida y él. Ínfimas y secretas complicidades que hablan de la felicidad paradójica de vivir, al tiempo que iluminan el absurdo trágico de la vida".

viernes, 27 de enero de 2012

Ejercicios literarios.

Me dolió, si me dolió, para que voy a negarlo...

Hace una eternidad que escribo. He tocado casi todos los ¨palos literarios¨, desde el relato romanticón, pasando  por  la ciencia ficción, y hasta me he atrevido a tocar el erotismo, el terror, la parodia... y eso si, aunque de puntillas y con más miedo que vergüenza, hasta la poesía. Asi que no me digais que no es para que duela, que tu  ¿mejor amiga?  tenga el valor de regalarte un curso/taller de escritura creativa...


Me ha sentado mal. Si, ¡qué quieres que te diga! No es que yo me las de de nada, escribir es solo un hobby, pero... no se, yo hubiera preferido un perfume, un pantalón, o incluso unas entradas para el teatro, un Spa... en fin, los típicos regalos de las amigas que se supone que te quieren...y yo, este regalo me lo tomé como:

-Toma, anda, ve a este curso, a ver si consigues hilar tres frases sin decir tonterias...

Ufff.
El horario no estaba mal, y me pillaba, justo enfrente del trabajo, asi que a la salida, decidí pasarme, pensé; bueno, echo un vistazo y si no me va, con no volver, ¡listo! Pero antes de escuchar ni una palabra, y nada más entrar en la clase, decidí que iba a apurar hasta el último minuto del curso...

¿Por ?, y... ¿Ese cambio tan repentino?

Cuándo entré el primer día y vi al mismísimo ´Adonis¨ al frente del taller de escritura, entendí que el regalo, tenía una doble lectura....

-Por favor, id tomando asiento. Vamos a empezar. Me llamo Santiago y durante cinco días vamos a llevar a cabo una taller literario. Hablaremos de las distintas técnicas que podemos usar a la hora de redactar textos, cómo ser creativos en la elección de temas, y distintos recursos literarios que nos van a ayudar a hacer...-  y yo la verdad es que no recuerdo nada más...porque yo no escuchaba lo que Santiago estaba diciendo, yo me lo estaba imaginando en la barra de un bar, haciendo un streptease...

Me arrepentí de lo mal que había juzgado a Sonia por hacerme ese ¨original regalo¨ ¡Qué tía! yo que creí que era un regalo-envenenado y resulta que es un regalo-bombón... Le mandé un SMS de inmediato:

-¡Jo tía, ya te vale! ¡Vaya pedazo de semental! ¡Recuerdame que te compre un piso! ¡Está para mojar pan!
A los treinta segundos me contestó:
-Tía, ¡estás fatal! ¡no entiendo ni media palabra! ¿de qué vas?

No iba a perder ni un segundo de esa visión celestial que tenía enfrente, asi que ya contestaría a Sonia al terminar la clase.

-Disculpa ¿tu nombre?
-Ahhh! ¿Es a mi?
-Si, nos estamos presentando y contando nuestra experiencia como escritores.
Santiago hablaba pero yo estaba tan extasiada mirándole que no escuchaba ni una palabra...
-Bueno, si, perdona, es que estaba atendiendo un asunto muy urgente de trabajo... pero ya he apagado mi movil y soy toda tuya... bueno... quiero decir que... ¿cuánto dura la clase?
-Aproximadamente un par de horas, primero será teoría y terminaremos con un ejercicio práctico, pero luego llegaremos a ese tema, ahora dinos tu nombre y qué experiencia tienes.
-Me llamo Marian y bueno, experiencia... no mucha...bueno, depende... con los hombres no he tenido demasiadas experiencias gratas.
-¿Disculpa? Me refiero a experiencia en la escritura.
Mi cara se puso de color granate... cuándo escuché a Santiago y alguna risita de fondo de mis compañeros...quería que me tragase la tierra...
-Tengo un blog, y gané un concurso de cuentos en el colegio...
Bueno, pues, ya esta! Ya me he ganado el título de:  -la tonta de la clase-

Cuándo terminó el taller, me acerqué a Santiago.

-Te debo una disculpa, he estado muy distraida al principio de la clase, pero es que tengo mucho lio en el trabajo y es dificil desconectar...
-No te preocupes. ¿Te ha gustado la clase?
-Si ha sido muy amena y se me han pasado las dos horas en un santiamen!
-Bueno, me alegro,  Ahora tengo otro curso, si me disculpas...
-Pues hasta mañana!

¡Qué voz! ¡Qué ojazos! ¡Vaya manos! ains...

Al día siguiente, mis compañeros se volvieron a mi paso... a lo mejor... me había excedido un poco arreglandome y dejaba detras de mi, el aroma de mi perfume más sofisticado.
Si, tal vez me había pasado un poco... ¡total! para ir a una clase de escritura creativa, no era preciso enfundarse en un Dolce Gabanna...

-Buenas trades ¿Qué tal el ejercicio de ayer? ¿Algún voluntario para compartirlo con los demás?

Levanté la mano
-Marian, ¿verdad?, adelante!
-Si,  Marian, -Recordaba mi nombre...Ummm, buena señal...- y empecé a leer el primer ejercicio: ¨La vida te da sorpresas¨ utilizando las 17 palabras que nos propuso.Hubo, risitas de mis compañeros, pero a mi solo me importaba la opinión de Santiago.

-Bien, divertido y creativo. ¿Basado quizás en un hecho real? Os advierto que casi siempre la vida real supera la ficción, y  lo que vivimos cada día puede ser una excelente fuente de inspiración que nos permite dar rienda suelta a la imaginación y  de ahí pueden salir textos tan interesantes como el que Marian, acaba de compartir.

El segundo día pasó tan rápido o más que el primero ¡Bendita Sonia! ¡qué buena idea regalarme el curso! además de regalarme la vista, estaba aprendiendo muchísimo. Cuando estaba casi en la puerta, Santiago me llamó.

-Marian; ¿tienes un momento?
-Pense: - Dispones del resto de mi vida para ti, cariño, pero solo dije: ¡Claro!
-Tienes mucha facilidad para escribir, eres creativa, ¿Trabajas en algo relacionado con esto?
-Pues no, no tiene nada que ver, soy economista.
-Bueno, entonces es un don natural, te animo a que sigas trabajando y aprendiendo. Talento hay mucho en el mundo, pero hay que acompañarlo de trabajo si quieres conseguir algo en la vida. Tu nivel liteario comparado con el resto de tus compañeros es alto. De vez en cuando, el trabajo te trae gratas sorpresas, como tu presencia. ¡Así da gusto dar clase!

¿Qué estaba diciendo? ¿Qué le gustaba?, ¿Qué quería ser mio para siempre? ¿Qué utilizara su cuerpo para mi deléite?

-Si, la verdad es que imaginación no me falta... ¡¡¡Si  tú supieras lo que se me pasa por la cabeza!!!
-Pués te animo a que lo utilices.
-¡De acuerdo! ¿Nos comemos?, quiero decir... ¿Nos tomamos algo?
-Jajajaja, lo siento, pero tengo clase en cinco minutos, tendremos que dejarlo para el viernes que es el último día del taller y acabo mi jornada con vuestra clase.
-Perfecto!, pues no hagas planes, que salimos de copas el viernes.

Cada día me gustaba más, la clase y... Santiago. Por una parte estaba deseando que llegase el viernes y por otra... sentía que el taller terminase... a lo mejor podría re-engancharme o probar otro taller que él impartiera en la escuela.

Llegó el viernes.
Al entrar en el aula, ¡casi me caigo! En lugar de Santiago, estaba al frente de la clase, una señora. Tenía el rostro muy agradable, rozaría los sesenta. Llevaba un traje sastre que le quedaba de maravilla. Tenía el pelo canoso y aunque era bajita su cuerpo era esbelto.Me recibió con una sonrisa cuándo entré.

-Ah! Perdón, creo que me he confundido de aula...
-¿Marian? No, no te has confundido, ésta es nuestra clase.
-¿Cómo? y ¿Santiago?
-¿Santiago? ¿a quién te refieres? ¿Algún alumno?
-No, no, el profesor del taller.
-Debes estar confundida, es nuestro último día de clase. Llevamos desde el lunes aquí, y he sido yo quién ha impartido las clases a este grupo. 

Me senté, confundida y desubicada... Vamor a ver... Está claro, que esa era mi clase, el mobiliario, e incluso mis compañeros pero... ¿Dónde estába Santiago?

No pude concentrarme en toda la clase, no paraba de preguntarme qué estaba pasando...

-Ha sido un placer contar con vosotros en este taller de escritura creativa. Tenéis talento, ahora, solo queda que la inspiración, os encuentre trabajando. La imaginación es vuestra mejor arma, ¡UTILIZADLA! ¡dadle rienda suelta! ¡Esa será la clave de vuestros éxitos! ¡Soñad y atreveos a escribir esos sueños! 
Decía Graham Greene, que; -´´Las personas reales están llenas de seres imaginarios..´´. Os animo a LIBERAR a los vuestros! La imaginación, os llevará al paraiso...

Así que... ¿Santiago era uno de esos ´´seres imaginarios´´? ¿Una especie de ´´necesidad´´ que había creado mi imaginación?

¡COMPLICADO! COMPLICADO llevar a cabo el último Ejercicio de taller literario´: Escribir una historia surrealista que tenga que ver con el desarrollo de nuestro taller literario.













jueves, 26 de enero de 2012

Fin de fiesta...

Ejercicio de taller literario -5-:

Relato que comience de forma violenta y acabe con erotismo, o...viceversa; puede empezar con erotismo y terminar en tragedia...

Había llegado hacía apenas un par de meses y era la actuación estrella.

Encaramada en la barra, dejaba sin aliento a todos los que la obsevaban.

Sus movimientos eran como si de un felino se tratase...

provocativos, 
                    sensuales, 
                                   seguros, 
                                               precisos...
Su mirada azúl turquesa conseguía:

                                      seducir,
                                                            provocar,
                                                                              hechizar...

Se deslizaba en la barra americana como una gota de lluvia escurre por un cristal;

                             sin esfuerzo, 
                                                  dulcemente...

Cuándo ya tenía cautivado a "su publico" (como a ella le gustaba llamar a los espectadores que acudian al local de streptease), se desprendía de su maillot de licra, dejando a la vista un cuerpo perfecto que no dejaba nada a la imaginación. No se oía ni una mosca, los hombres babeaban ante semejante exhibición de sensualidad.

Elisabeth llevaba más de cinco años en el "Luna Nueva" y siempre había acaparado todas las miradas. Era la número uno en "lo suyo" hasta que llego Iovanna, quitándole el protagonismo cada noche y sobre todo... su lugar en la cama de Tom, el dueño del local.

Lo pensó muchas veces, aunque desechó la idea por ser descabellada, cruel, y temeraria, pero el día que Iovanna se jactaba enseñando la pulsera de oro que Tom la había regalado, decidió ponerse a elucubrar el plan que acabaría con su peor pesadilla...

Era sábado. El local estaba a reventar. La voz de que Iovanna llevaba a cabo un espectáculo sexy y explosivo, corrió como la pólvora y consiguió sacar de la ruina inminente a la que estaba abocado el "Luna Nueva" antes de su llegada.

Todo estaba listo. 

              Iovanna actuaría en primer lugar.

Elisabeth, aprovechando que el local estaba desierto por las mañanas,  entró sigilosamente por la puerta lateral del local que la noche anterior había dejado abierta y jugándose el tipo, aunque segura de su equilibrio y flexibilidad después de años subiendo y bajando por la barra americana, llegó hasta la parte más alta del escenario a través de un peligroso entramado metálico sembrado de cables y focos. Cuando alcanzó la estructura donde estaba anclada la barra americana y no con poco esfuerzo, consiguió aflojar los tornillos que la sujetaban a la base del armazón metálico.


A las diez de la noche, empezó el espectáculo.

Iovanna, apareció resplandeciente, enfundada en su maillot negro y comenzó a subir por la barra con la agilidad felina que le caracterizaba. Notó algo extraño, pero continuó subiendo hasta casi diez metros. Se inclinó hacia abajo, soltó sus manos quedando enganchada a la barra tan solo con el abrazo de sus piernas, en ese momento, la barra se soltó de su engranaje y se precipitó en el vacio. Iovanna salió despedida cayendo a los pies de un aterrado cliente que se quedo paralizado ante tan siniestro fin de fiesta...

Detrás del escenario y apurando su Gin tonic, Elisabeth, sonreía...


miércoles, 25 de enero de 2012

Microrelatos...

Ejercicio de taller literario -4-:

Escribir tres microrelatos de 125 palabras, dotando de personalidad y sentimientos a: un objeto, una prenda de vestir y una planta.

Hay que reconocer que he tenido mala suerte. 
Podía haber sido cualquier otra cosa, pero soy un diccionario de primaria. 
He pasado de hermano en hermano y luego me trasladaron a la casa del vecino y seguí pasando de mano en mano hasta el día de hoy. 

¿Cuándo va a terminar éste "vía crucis"? 

¿Por qué no habré sido un betseller de los que leen y lo ponen a descansar en una estantería por los siglos de los siglos? (AMEN)

Estoy cansado, tengo muchas hojas rotas, chupadas, múltiples bigotes y dientes negros pintados sobre  hombres y mujeres de rancio abolengo, y lo más doloroso... cientos de hojas dobladas por la punta...

¡¡¡Ay!!! quién fuera un E-book y poder verlo todo a través de un cristal...
*(125 palabras)


Fuimos el regalo de Berta, la más tacaña de la familia.

A nuestro lado,  yacía mas solo que la una, un calcetín de esos tan "estirados" que llevan los ejecutivos. 

-¿Dónde esta tu compañero?- le preguntamos nosotros después de presentarnos como nuevos en la comunidad del tercer cajón.

-No lo sé. Oí decir a nuestro dueño que descubrió "una carrera" en él y no he vuelto a verle...Tengo la esperanza de que a uno de estos de al lado le pase lo mismo y yo me pueda unir de nuevo para volver a ser "útil"

Mi sorpresa fué mayúscula cuando un día yo también me quedé solo. A mi compañero, también le salió "una carrera" (y eso que somos de lana) 
La carrera de MARIONETA... 
*(125 palabras)


¡Qué manía tiene la gente de querer imposibles! 
Mi dueña, que es de Valencia, se empeño este verano en que su prima "la Vicenta" le diera una "rama de buganvilla" -porque la tenía "mu bonica"-
¡No quiero ni acordarme de lo bien que estaba yo allí!, ¡lo feliz que era! : todo el año con calorcito, protegidita del frío y del aire y dándome el sol continuamente. Plantadita en el suelo con la mezcla perfecta de arena de río, mantillo y sustrato (pero sustrato del bueno, bueno, nada de ese "universal") y fué todo uno al arrancarme y llegar a Madrid: empecé a perder hojas y me quedé sin flores. Raquítica y escuchimizada estoy, y más desnuda que la chica de la portada del Interviú...
*(125 palabras)

martes, 24 de enero de 2012

Cualquier parecido con la realidad...

Ejercicio de taller literario -3-: 


Escribir un Texto políticamente incorrecto.



Marina está gorda, digas tú lo que quieras, pero ella se lo ha buscao, es una mantenida. Es muy cómodo quedarte en casa mientras el marido se parte los cuernos en el trabajo y ella se dedica a mirarse el ombligo  y según su madre: es una santa. ¡Con lo bien que educa a los hijos! y lo bien enseñao que tiene al perro que no se hace "nada" en la casa... ¡Ya le vale! ¿Te has fijado en ese ridículo impermeable que le ha puesto para sacarle cuando llueve? Ella dice que los nervios le dan por comer, pero ¿nervios? ¿nervios de qué? ¿Le stresa llevar a los niños al parque,  ir al Mercadona y estar pendiente de cuando le toca la pastilla desparasitadora al chucho? Está gorda y tiene la cara de cemento armao diga la madre lo que quiera.


No lo entiendo, en nuestra sociedad de hoy queda muy bien eso de tener perro y más si lo sacas de una perrera, entonces eres una especie de "héroe". Toda la vida ha habido perros callejeros y no ha pasao nada. Los perros son perros y no hay que elevarlos a la categoría de semidioses de la casa. Me desespero cada vez que me toca en el supermercado alguién que compra ese "pienso moderno" para perros que vale una fortuna, pero...¿los perros no han comido toda la vida de Dios las sobras de la casa? Pues ahora no. ¡es el colmo! por lo visto, no se les da ni los huesos por si se atragantan... Ya es hora de poner cada cosa en su lugar que nos estamos volviendo locos.


Eso si, lo que me parece muy requetebién es ver a la gente que fuma, pelándose de frío en la calle. Esa ley de no fumar en los sitios públicos es la mejor  que se ha aprobado en España (supongo que es para compensar, ya que los sinvergüenzas de los sociatas aprobaron la ley de matrimonio homosexual. ¡Qué barbaridad! hasta está permitido por la ley en España tanta mariconería...) Pero los que fuman, ¡qué se mueran de pulmonía y dejen de meternos el humo a los demás por las narices. Ellos son los que ocupan ahora el sitio de los perros callejeros mientras los chuchos viven como marqueses en casa de la gente.


Mi cuñada dice que soy una bocazas porque digo a la cara lo que todo el mundo piensa. Dice que así me voy a quedar sin amigos en dos días, y la verdad, no me pesa, porque la gente es una desagradecida. Bien que te piden favores cuando les hace falta. Todavía me acuerdo cuando trabajaba limpiando en el ambulatorio del barrio, yo era el ultimo mono de allí, pero los "supuestos amigos" no se cortaban en pedirme que aunque tuviera que acostarme con los médicos, les adelantara todo lo posible las pruebas y las citas con los especialistas. Mas de una vez se me ha puesto la cara roja, pidiendo favores, y luego la gente, si te he visto, no me acuerdo.


Lo que desde luego, hace mucha falta ahora es educación, pero educación a los padres que en vez de hijos, parece que tienen bestias a las que sacan a pasear por los restaurantes y hasta les suben a los aviones pero no tienen la autoridad de mandarles que se callen para que el resto de los mortales comamos o viajemos en paz, que nuestro buen dinero nos cuesta y tenemos que aguantar los berridos y las peleas de sus hijos como si fueran de todos nosotros. Un buen jarabe de palo es lo que necesitan ahora las criaturas, con eso de que se traumatizan con los azotes, estamos haciendo una generación de terroristas de no te menees.


Y no te digo ná de la juventú, ¡esos si que tienen poca vergüenza ni la han conocío! Las mozas, todas unas zorrunas acostándose con unos y con otros además que no lo digo yo, ¡lo dicen ellas en los programas de televisión! Dicen que "tienen derecho" igual que los hombres! pero: ¿dónde se ha visto que los hombres y las mujeres sean lo mismo? Las mujeres y los hombres son lo mismo pa trabajar pero no para para irse con unos y con otros a la cama, eso siempre ha sido "cosa de hombres" La mujer toda la vida ha tenido que ser decente y ahora está de moda pingonear y llegar a casa de madrugada como las golfas. ¿Dónde vamos a ir a parar? Es que ni el príncipe ha encontrao a una que no estuviese estrená.


Cada vez estoy más hartita de este gobierno, bueno, de éste y del anterior y ya casi estoy hasta las narices del que vendrá... ¡Panda de mangantes! ¡no hay en España pan, pa tanto chorizo! y es que da igual de un lado que del otro: 
-"¡Madre! Usté póngame ande haya que ya me encargo yo de rebañar lo que haiga" ¡A la cárcel les metía yo a todos!, ¡Ay Señor, Señor! tanta libertá, tanta libertá!  ¡La madre del cordero!, si Franco levantara la cabeza...


*MIL PERDONES...(Me ha costado mucho, ser tan tan incorrecta...aunque solo sea literatura...)

lunes, 23 de enero de 2012

Carta a una madre

Ejercicio de taller literario -2-:

 Escribir una carta a una madre que te abandonó al nacer.

Cuando me enteré que Amalia no era mi madre biológica, apenas tenía 7 años. Mi hermano Abel me lo dijo. Tenía un par de años más que yo y escuchó a sus padres una conversación con unos amigos una noche en la que se despertó y tras la puerta del salón no perdió detalle de lo que allí se estaba confesando...

Me dijo que tú eras solo una adolescente cuando nací y que vivias cerca de su casa. Tus padres se deshicieron de ti cuándo comprobaron que estabas embarazada y el padre no quiso asumir sus reponsabilidades contigo. Él era un chico del barrio, mayor que tú y te engatusó para divertirse con una pobre e ingenua muchachita.

Amalia y Agustín, se compadecieron de ti. Pedias limosna en la puerta del mercado y a medida que pasaba el tiempo y tu vientre se abultaba, ellos decidieron acogerte en su casa. Prometieron cuidarte y encargarse de bebé. Abel me contó que cuándo yo apenas tenía un mes, te marchaste sin decir adios y nunca más supimos de ti.. No se lo que te impulsó. No se cual fueron tus circunstancias, seguramente difíciles...

¿Has pensado en mi alguna vez?

No ha pasado ni un día, en el que yo no pensara en ti.

¿Nos pareceremos?

¿Estás viva?, ¿tienes otros hijos? 

Yo no dije nada cuando mi hermano me lo contó. Me hizo prometer que no me chivaría, porque si se enteraban que estaba espiando y a las tantas de la noche...se la iba a cargar... así que mantuve en silencio el secreto por algún tiempo.

Amalia me lo contó un día:

-Sara, tengo que contarte una cosa... 

Nunca voy a olvidar sus lágrimas... Me explicó con detalle las circunstancias, y te disculpó.

No se si alguién habrá tenido una "sustituta" de madre mejor que Amalia. Me ha querido como si fuera hija suya de verdad, nunca ha hecho diferenciaciones entre Abel y yo, por eso, me siento tan mal ahora que soy mayor y también madre, pienso en ti más que en ella y eso es muy injusto por mi parte.

Tengo tres hijos, dos mellizos y una niña que adoptamos de otro país. Los quiero a todos por igual, aunque los chicos se quejan que " bebo los vientos" por Yan, no lo hago a propósito, tal vez es pura solidaridad.

No se dónde enviarte esta carta, así que he pensado escribirte de vez en cuando y guardar las cartas en una pequeña cajita de jade que compré en Pekín cuando adoptamos a Yan. Sueño que tal vez un día puedas leerlas, de alguna manera van a ser nuestro "cordón umbilical" y si alguna vez te encuentro, en vez de cortarlo, harémos un "doble nudo" para no separarnos núnca más.

jueves, 19 de enero de 2012

La vida te da sorpresas...

Ejercicio de taller literario -1-: 

Crear un relato dónde aparezcan las siguientes palabras:  

Fontaneda,  corazón, entradita en carnes, garras, visita de rutina, feo, baja maternal, estudios, pericia, espéculo, ordenador, café, orden, volante, dos besitos, desagradable y bata.

                                               ***

¡Parece mentira! Media vida acudiendo al ginecólogo y ¡todavía me tiemblan las piernas! además, conozco de sobra a July, hace más de cinco años que paso las revisiones con ella. Me gusta porque no se anda con paños calientes, va al grano:

-Malena, súbete al potro de torturas y abre las piernas: Si quieres disfrutar, antes tendrás que pasar por el "ITV"... Ahora notarás el espéculo, relájate, y disfruta del frío y del pellizco que vas a sentir...

La verdad es que no engaña... y va sucediendo todo, según lo cuenta pero eso no quiere decir que esté exento de una sensación muy desagradable...

Lleva más de media hora de retraso, y eso no es normal, porque July, te ventila rápidamente . En la primera visita, se entretiene algo más preguntando tus antecedentes más "sórdidos" respecto a tu condición de mujer (primera regla, abortos, ciclos menstruales, anticonceptivos utilizados, vida sexual...etc), pero a partir de ese momento, pasas a la consulta, te estampa sus dos besitos de rigor, pregunta la fecha de tu última regla, posibles cambios desde el año pasado y con un ligero movimiento de cabeza te indica que te subas "al potro" y te atraca con el espéculo:  citología, ecografía transvaginal, y andando, que es gerundio, en diez minutos, ¡a la calle!

-Malena, Malena Fontaneda.
-Si, soy yo.
-Adelante.

Sigo a la enfermera entradita en carnes por el pasillo de la clínica y me hace pasar a la consulta, pero... en lugar de July, encuentro a un "chavalín" con la vista fija en la pantalla del ordenador. No parece que tenga ni veinte años. Es rubio, con el pelo muy corto, lleva gafas y es muy atractivo. Es justo el chico que te encantaría encontrarte en cualquier sitio menos en la consulta del ginecólogo...

Levanta la vista de la pantalla , y se pone en pie, extendiendo la mano:

-Malena: Buenos días, disculpa el retraso, pero estoy poniéndome al día con los pacientes de la doctora Mena.
- Y ¿July? quiero decir, la Dra Mena...
-Pues justamente el lunes pasado dió a luz y estoy sustituyéndola en su baja maternal.
-Vaya... cuando pedí hora la semana pasada , no me dijeron nada...
-Bueno, la semana pasada, todavía estaba pasando consulta, le quedaban aún unas semanas para tener su bebé, pero ya sabes, esto no es una ciencia exacta...
-Ya... bueno, pues si te parece bien, como solo es una visita de rutina, vengo en unos meses...
-No, no te preocupes, yo me voy a encargar de sus pacientes hasta que se incorpore de nuevo, veo que vienes a tu revisión anual.
-Si...pero, es que preferiria que me viera July...
-Ya... ésta reacción, suelen tenerla las señoras un poco mayores... pero... no esperaba eso de ti.
- Perdona, no es que no me fie... pero llevo muchos años con July, y estoy encantada con ella...
-Venga, Malena, dame una oportunidad, te aseguro que te voy a tratar muy bien, aunque solo sea, por deferencia a mi hermana Mónica...
-¿Mónica?
-Si, Mónica de la Riba, tu compañera del colegio...
-¿Mónica es tu hermana? entonces... tú eres...¿Carlitos?
-Bueno... era Carlitos, ahora soy el Dr. de la Riba.
-¡Vaya vaya! el mundo es un pañuelo... ¿Cómo me has reconocido? Ha pasado mucho tiempo.
-Pues si te digo la verdad... ha sido por tu apellido, lo de "Fontaneda" es difícil de olvidar y todavía recuerdo tus mosqueos cuando de pequeños te llamábamos "galleta" Fontaneda...
-Si! Ha sido un suplicio toda mi vida... y ¿Hace mucho que trabajas aquí? 
-Empecé ésta semana, sustituyendo a la Dra Mena. He trabajado siempre en la privada desde que acabé mis estudios y he estado en diferentes hospitales. Bueno ¿Te animas?
-Pues la verdad... es que ahora me apetece menos que antes...
-¿Por? ¿Por ser el hermano pequeño de tu amiga Mónica?
-Pues...algo tiene que ver... además nunca me desnudo en la primera cita con un hombre...
-Tranquila, que cuando entro en la consulta, dejo de ser hombre e incluso "hermano pequeño" y me convierto en Dr.
-Hombre... que fueras un poco más feo y una tía... ayudaría.
-Jajaja. Lo siento, pero en eso no puedo complacerte.


¿Qué hago? Quedo como una auténtica imbécil negandome a que me haga la revisión "Carlitos", perdón, el Dr. de la Riba o...  paso las de "Caín" subiendo al "potro" desnuda en la postura menos sexy que se me ocurre? Bueno, total, solo serán unos minutos (eso si...largos, largos...) y probablemente pasaran otros diez años o hasta veinte hasta que le vuelva a ver...

Me levanto y me arrastro hasta la camilla. La enfermera me da una bata y me pide que me quite la ropa. Imagino que para que esté un poco más relajada, "Carlitos" me hace algunas preguntas:

-¿Cuándo ha sido tu última regla? ¿Alguna molestia? ¿Picores, flujo...? ¿Mantienes relaciones sexuales asiduamente o de forma esporádica? ¿Qué medios anticonceptivos utilizas? ¿Exploras mensualmente tus mamas? ¿Has notado algún cambio; hinchazón, secreciones ?

¡Madre mia! ¡Ni en mis peores pesadillas, podía imaginar que "Carlitos" me iba a preguntar esas cosas...!

Se acerca, oigo sus pasos pero afortunadamente no le puedo ver porque la sábana que la enfermera ha puesto sobre mis piernas abiertas y en alto, me dificulta la visión.

-Malena, tranquila, vamos a empezar tomando una muestra para la citología, el espéculo está lubrificado, así que no creo que notes ninguna molestia.

¿Por qué esas palabras, (por otro lado, tan desagradables...) núnca me habían excitado hasta ese día? Tal vez, porque casi siempre había tenido a una mujer como ginecólogo y en algunas excepciones, había sido un Doctor de más de sesenta años el que me había hecho las revisiones. ¿Se daría cuenta de mi excitación? Espero de todo corazón que no...

-Bueno, ya está. Vamos con la ecografía: Bien, el útero, está perfectamente, el endometrio en posición, veo un pequeño quiste en los ovarios;  ya lo vió July en la revisión del año pasado, pero no ha crecido nada... parece que todo está en orden.  Descubrete el pecho por favor, vamos a explorar las mamas.

Ahora si lo veía. Estaba sentado a mi lado y palpaba mis pechos con autentica pericia. Veía que movía los labios y algún sonido, digo yo, que estaría emitiendo, pero a mi no me llegaba...

-¿Malena? Malena ¿tienes frío?
-No, no, estoy bien, muy bien.
-No veo ninguna novedad en la palpación, no obstante, te voy a dar un volante para una mamografía y una ecografia bilateral. Puedes vestirte.

¡Madre mia! ¡Qué manos tiene este chico! Soy una auténtica psicópata ¿Cómo es posible excitarse en una revisión ginecológica?

Cuándo terminé de vestirme "Carlitos" rellenaba el volante para las pruebas.

-Bueno, pues vuelves con los resultados en un par de semanas, y si no hay novedades, te ponemos el sello de "aprobada" hasta el año que viene.
-Bueno... así que nos vemos en un par de semanas ¿no?
-Si, a no ser que me esperes diez minutos y vamos a tomar un café, me queda la última paciente y soy todo tuyo...
-Bueno... eso de todo mío... imagino que te habrás casado...
-Pues no... Cuándo se enteran que soy ginecólogo... las mujeres huyen de mi...
-¡Pues ellas se lo pierden! quiero decir... que así las revisiones... podrían salirles gratis.
-Entonces... ¿Un café?
-Muy bien, pues te espero fuera.

¡Surrealista! ¡Totalmente alucinante!

-¿Si?
- Hola Mónica. ¡Tu hermano "Carlitos" me acaba de ver "la pechuga" y "los muslos"...
-Jajajaja. ¿Te has liado con él o es tu ginecólogo?
-Pues me acabo de enterar que es mi ginecólogo! Oye ¡Cómo ha crecido desde que no le veía! ¡Está hecho un pincel!
-Pues si, se ha hecho un hombrecito de provecho...
-Tía ¡qué corte al principio! pero la verdad es que tiene unas manos... ni me he enterado de la revisión, bueno... si me he enterado... ¡me ha gustado!
-¡Estás loquisima! Ni se te ocurra ponerle las garras a mi hermano encima, cometerías "infanticio"
-¿Cuántos años es menor que tú, cinco, seis?
-Nos llevamos tres años, pero siempre será mi hermano pequeño, y los hermanos pequeños de las amigas no se tocan...
-Bueno, bueno... vamos a tomar un café, y luego te cuento...
-Malena!!! Mi hermano no se toca!!!
-Yo le he enseñado "todo" ahora le toca a él... jajaja. un beso.

En ese momento, el Dr. de la Riba, salía de la consulta.











viernes, 13 de enero de 2012

Impulso...

Yo nunca me he atrevido a actuar de manera impulsiva. Tal vez por mi carácter tímido o mi educación, aunque ahora que me acuerdo... si, si una vez me atreví, pero era muy jóven.

Me acuerdo exactamente el lugar y puede que hasta el año, (si hago un par de cuentas...) y también recuerdo que llovía... ¡llovía a cántaros!

Volvía de la universidad (estaba en tercero de periodismo) y coincidí en el vagón del metro con un tío -"mayor"- (para mi mayor en esa época, era tener de más de 30 años...).

No era especialmente atractivo, ni alto ni bajo, pero si muy delgado. Estaba leyendo el periódico y tal vez por "deformación-estudiantil-profesional" le etiqueté ideológicamente ... y me gustó... A partir de ese momento, empecé a dar rienda suelta a mi imaginación...

El caso es que se bajó en la misma estación que yo y cuándo llegamos a la calle, me acerqué a él y le besé. Imagino que se sorprendió, pero respondió a mi beso. Luego, nos miramos unos segundos y cada uno se marcho por su lado. No cruzamos ni una palabra y nunca más le volví a ver.



Es, creo, lo más impulsivo que he hecho. La verdad, es que no lo pensé, si lo hubiera hecho... no me hubiese atrevido.

Y...¿si él hubiera reaccionado de otra manera? por ejemplo, dándome un guantazo, o un empujón, o se hubiera puesto a gritarme en medio de la calle... Imagino que con poco más de veinte años, hubiera deseado que me tragara la tierra o hubiese salido corriendo o...qué se yo...

No recuerdo ningún otro "impulso" parecido, pero ahora me da por pensar si sería capaz ya no de hacer, sino al menos, DECIR a la cara lo que siento por alguna persona, sin pasarlo por ningún filtro y sin temor a las consecuencias que me pudiera traer... 

No, definitivamente...creo que no me atrevería... Para hacerlo, tendría que volver a tener veinte años... y eso... va a ser difícil...


lunes, 9 de enero de 2012

Propósitos de año nuevo...

Añoro el gimnasio vacío de los últimos meses del año. Ahora hombres y mujeres con unos kilos de más se matan por cumplir el propósito de año nuevo: hacer algo de ejercicio, alimentarse adecuadamente, beber dos litros e agua al día, aprender bien de una vez inglés y por supuesto, el propósito por excelencia de principios de año: DEJAR DE FUMAR.

No creo en los propósitos de año nuevo, mejor dicho: no creo en los propósitos ni en el año nuevo... ¿Por qué ahora? sale mi rebeldía juvenil (es de lo poco "juvenil" que me queda...) y me niego a que las 12 campanadas de la Puerta del Sol, sean el pistoletazo de salida para cambiarnos la vida, los hábitos (los malos, claro).

Entiendo que el ser humano NECESITE un punto de partida para hacer propósitos y para cambiar cosas de las que no nos sentimos orgullosos en nuestra vida y en nuestro día a día, pero creo que cada día empieza el resto de nuestra vida y todos los días son buenos para cambiar lo que no nos gusta, para dejar de perder el tiempo en tonterías, para dar prioridad a lo importante antes que a lo urgente.

Los propósitos deben alimentarse ademas de la declaración de intenciones por nuestra parte, de CONSTANCIA, fuerza de voluntad, persistencia, compromiso... todos estos términos que nos obligan a implicarnos y de los que huimos a la primera de cambio con velocidad de correcaminos...(mic, mic).

No, no me gusta hacer propósitos, me gusta retarme, ponerme metas al alcance de mis posibilidades. Nunca voy a ser más joven que hoy, pero tal vez pueda estar mejor, mejor conmigo misma y con los demás. Llegar a gustarme un poquito más de lo que me gusto.

No quiero prometer nada que no pueda cumplir ni siquiera a mi misma (odio defraudarme) y yo voy a seguir mi ritmo, mi paso, que aunque despacito, voy hacia adelante.

Sin grandes metas, no habrá grandes frustraciones. Los propósitos, mis propósitos, han de ser " a medida", como los trajes buenos y sobre todo ahora, a principios de año, se tiende a los propósitos: "Prêt-à-porter": ¡Todo el mundo a adelgazar! ¡Vidas sanas para todos! ¡Todo el mundo a progresar en el trabajo!¡Dediquemos más tiempo a la familia! ¡Qué sea cierto eso de : -"a ver cuando quedamos"!, ¡Leer más y ver menos la tele!
... en fin.

Cualquier momento es bueno para empezar ¿12 de enero? ¿15 de abril? ¿7 de septiembre? Lo importante es empezar y hacer propósitos a medida de nuestras posibilidades, porque lo que no puede ser, no puede ser y además... es imposible.

lunes, 2 de enero de 2012

Deseos para 2.012; para ti, y para mi...



No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. 

No te dejes vencer por el desaliento. 
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, 
que es casi un deber. 

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. 
No dejes de creer que las palabrasy las poesías sí pueden cambiar
 el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta. 

Somos seres llenos de pasión. 

La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, 
nos lastima, 
nos enseña, 
nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa:

Tú puedes aportar una estrofa. 

No dejes nunca de soñar,porque en sueños es libre el hombre

No caigas en el peor de los errores:el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes.

Huye.

"Emito mis alaridos por los techos de este mundo", dice el poeta. 

Valora la belleza de las cosas simples. 

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas, pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante. 
Vívela intensamente, sin mediocridad. 

Piensa que en ti está el futuro y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron 
de nuestros "poetas muertos",te ayudan a caminar por la vida.

La sociedad de hoy somos nosotrosLos "poetas vivos".

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas .... 

Walt Whitman







Locura Temporal Transitoria: RELATO LARGO

Capítulo I

-¿Cuánto es por favor?
-El jóven de la última mesa, ha pagado su café
-Ah! bien gracias.

-Hola, Oye, ¡gracias por la invitación! Creí que eso solo pasaba en las películas...
-De nada, Laura
-Perdona, ¿nos conocemos?
-Creo que si, soy Martín, Martín Barea.
-¿Martín? El hijo de Carlos Barea?
-¡Ese soy yo!
-Pero ¡Bueno! ¡Cómo has crecido! Si la última vez que te vi no levantabas dos cuartos del suelo... ¿Qué haces en Barcelona?
-He venido con mi grupo a la presentación de nuestro primer disco. Y ¿tú? ¿Qué haces por aquí?
-Vine el martes a una reunión, me marcho mañana por la tarde.
-Entonces tenemos que cenar juntos y si puedes, ven a las 18:00 a la Fnac de Diagonal, hacemos una promo del disco.
-Lo intentaré, pero no te prometo nada, esta tarde tengo lío.

Se despidieron intercambiando sus números de teléfono, pero a Laura no le pasó desapercibida la mirada intensa de Martín...

Carlos Barea y Laura fueron compañeros en la universidad y su amistad se prolongó a lo largo de los años. Asistieron a sus respectivas bodas e incluso coincidieron en su lugar de vacaciones durante años. Cuándo nació Martín, Laura empezaba a despegar en su trabajo y decidió aplazar el ser madre hasta que su carrera estuviera sólidamente consolidada, pero pasaban los años y núnca vió el momento de tener sus propios hijos. Le encantaba no tener responsabilidades, y se alegraba de no estar en la piel de sus amigos que se esforzaban y pasaban más de una noche en blanco, cuidándo de los niños...

"-¿Qué te parece si cenamos en mi hotel? 
Estoy en el 1898 
Desde la piscina hay unas vistas espectaculares de la ciudad..."




El "vibrante" WhatsApp, de Martín, irrumpió en la aburrida reunión y Laura no tuvo más remedio que sonreir. Este chico entraba pisando fuerte. Le contestó en cuanto tuvo ocasión.

"-No sabía que la música daba para el 1898... 
Lo siento, pero no traigo bañador a los viajes de trabajo..."

En cuanto el mensaje salió, Laura se arrepintió de haberlo enviado...¿Estaba tonteando con un niñato? No habían pasado ni 10 segundos cuando el móvil, volvió a vibrar...

"-Warner Music, apuesta fuerte por nosotros. 
¡Ya verás!, seremos los Beatles del siglo XXI.
Y por el bañador, ¡no te preocupes!, 
no vas a necesitarlo, es una piscina privada, 
SOLO para nosotros..."

Laura se quedó lívida... pero...¿qué se había creído este chaval? Se disculpó y abandonó la reunión dirigiéndose hacia el baño. Se sentía sofocada y por qué no...también un poquito halagada. Martín, podía perfectamente ser su hijo, por edad y también porque Carlos, su padre, en más de una ocasión, le había propuesto ser "la madre de sus hijos..." Vaya, vaya...de tal palo...

Se miró al espejo. Pasaba de largo los cuarenta aunque no los aparentaba. Le vino a la cabeza, la frase que su tía le decía a menudo:

"-¡Hija mía! si pareces una cría. ¡Tienes la misma cara que a los doce años!

Claro, que su tía, vestía de luto desde que se quedó viuda, y lo veía todo con los ojos del cariño, sin adaptarse para nada a los tiempos y la moda de Zara...

Pero...¿qué estaba pasando? ¡qué locura! ¡Un veinteañero tirándole los trastos! El móvil, volvió a vibrar en el interior del bolsillo de su americana . Laura intentó sacarlo, pero inmediatamente, se arrepintió, tenía que sosegarse y pensar con claridad. Tenía que volver a leer los mensajes, sin duda se trataba de un mal entendido, una mala interpretación del texto. Respiró profundamente y sacó el móvil.

"-¿Estás ahí? 
No te habré molestado... 
Laura: ME PONES.
Me pones desde que era un crío."

Ahora si que le temblaban las piernas...y no, no habían sido imaginaciones suyas, la mirada en el café era lo que le había parecido... El móvil, se cayó en el lavabo...
Tenía que pensar una respuesta rápidamente o llegaría otro mensaje que conseguiría que le diera un infarto, porque taquicardia ya tenía...

"-Vamos, di que sí...te espero a las 20.30 será nuestro secreto..."

                                          Muda.
Laura se quedo muda...
Cogió el móvil y de forma automática contestó:

-"A las 20:30 estaré en recepción."

                                         Pero...
¿Qué acababa de hacer? 

Sin duda estaba pasando por eso que llaman:

"Locura temporal transitoria..." 

Se asomó a la ventana del baño y cerro los ojos. Se sentía un poco mareada pero en su cara se dibujaba una sonrisa...

Capítulo II

Martín sonreía leyendo en su móvil por sexta vez la confirmación de la cita con Laura alas 20:30 en la recepción de su hotel.
¡¡¡ No se lo podía creer!!! Había fantaseado con la idea de un encuentro con ella un millón de veces.

Martín se dio cuenta de que Laura existía cuando apenas contaba con 11 años. Fue un verano en la playa. Laura leía en una tumbona y Martín no podía dejar de mirarla. No se parecía en nada a su madre aunque tuvieran la misma edad. Ella era divertida y joven... Cuando pasaba a su apartamento que estaba en el mismo edificio que la casa de la playa de sus padres, ¡flipaba! Su colección de cómics, era increíble, se pasaban horas juntos jugando con la Play Station y desde luego y lo mejor de todo, es que Laura le permitía pasear  con Kiss, su perro. A  él, nunca le habían permitido tener una mascota.

Laura no tenía hijos y eso la hacía joven. Siempre estaba de buen humor y era bastante más permisiva que sus padres, aunque siempre les disculpaba guiñándole un ojo y diciéndole que ella se lo podía permitir, pero que sus padres debian educarle y velar para que fuera un "hombre de provecho" el día de mañana...

La respuesta afirmativa a su proposición, le sorprendió y desde luego le alegró. Se había imaginado ese encuentro muchas veces y que se diera en una ciudad lejos de la suya, haría que pasaran totalmente desapercibidos, y eso... le gustaba más aún, ya que dotaría la cita de cierto "encanto" y sobre todo le daba un tono de "clandestinidad..."

El día pasó despacio. Martín miró su reloj un millón de veces y solo perdió la noción del tiempo, cuando estuvo delante de un nutrido público, ávido de escuchar sus canciones y su guitarra eléctrica. A las 20:00 terminó el concierto promocional del nuevo disco y tras declinar algunas invitaciones a cenar y dejar sin aliento a muchas de sus fans, se dirigió al 1898.

Laura estaba en un cómodo sofá en la recepción del hotel. Cuándo terminó el concierto que escuchó  desde la parte más alejada del escenario para pasar lo más desapercibida posible, se dirigió con paso firme a su cita con Martín. Muchas ideas se cruzaron en su cabeza a lo largo del día. ¡No lo podía creer! ¿Qué iba a pasar? Cambió de opinión varias  veces. En un principio, pensó en no acudir a la cita, pero rápidamente desechó la idea; resultaba cobarde y pueril. También pensó en seguir la corriente y en el último momento, reírse de la situación, y marcharse después de tirar a Martín de las orejas... pero más tarde y después de un relajante baño y un par de copas, decidió acudir a la cita y ver que podía pasar...

Martín se había convertido en un hombre muy interesante. Encajaba perfectamente con la imagen de un joven actual; inquieto, atractivo, ambicioso y muy preparado. Había estudiado arquitectura como su padre había previsto antes de que naciera, y lo había compaginado con sus estudios en el conservatorio. La música era para él una pasión, y finalmente, había conseguido grabar un disco a pesar de lo complicado que estaba el panorama musical. Su madre, odiaba "la farándula" o el "artisteo" como ella decía, quería estabilidad para su hijo y una posición económica acomodada y pensaba que la música, no le iba a llevar por ese camino. Esa fue la última conversación que Laura y Mónica mantuvieron hacía a penas un par de meses tras coincidir en una cena aniversario de unos amigos en común, pero ahora el marco era muy diferente. En apenas unos minutos, Martín aparecería y...

Capítulo III


Faltaban dos o tres minutos para las 20:30 y Martín apareció por la puerta del 1898.
Llevaba su guitarra colgada del hombro y un aspecto fresco y tremendamente sugerente. 


Para nada recordaba al niño rubio y gordito en la playa de hace unos años. Era imposible que pasara desapercibido con su casi 1,90 de altura y su pelo  hasta los hombros.


Lanzo una mirada por toda la recepción como lo haría un lobo en busca de su presa. Localizo a Laura enseguida y ella quiso que ¡se la tragara la tierra! Se sintió muy pequeña y un tanto ridícula ... Probablemente todo sería una broma y tal vez se habría creado unas expectativa ridículas y sobre todo, descabelladas .-Buenas noches Laura, estas preciosa- mientras, la besaba en ambos lados de la comisura de los labios- gracias por venir, lo vamos a pasar muy bien. ¿Subimos?

-¿Ya? ¿No vamos a cenar?
-¡Claro! Yo invito! Pero ¿Puedo dejar la guitarra en la habitación?-Ah! vale- y como si tuviera 15 años la cara de Laura se llenó de un ingenuo rubor...-¿Mucho jaleo? Esperaba verte en la Fnac .- Llegué un poco tarde, pero os vi.-¿Si? Yo no te he visto, la verdad es que había mas gente de la que esperábamos y ¿qué te ha parecido ?-No está mal... Pero ¿siempre cantáis en Inglés?- En éste primer trabajo, si, la Compañía quiere dar un tono internacional al grupo, y la verdad es que yo siempre he compuesto en inglés, así que, sin problema.


La suite colonial, estaba en la quinta planta del hotel. Las vistas, efectivamente, eran espectaculares. El sol empezaba a ocultarse y los tonos rosados daban a Barcelona un aspecto absolutamente fascinante.


-¿Qué te parece si cenamos en la terraza? Puedo pedir que nos la suban aquí.- Tú invitas, tú eliges....- ¡Pues nos quedamos!-A ver Martín ¿Qué quieres de mi? -Quiero acostarme contigo- Lo dijo con naturalidad y marcando cada palabra; despacio, seguro de si mismo y con mucha calma.-¿Cómo?-Si, me apetece meterme dentro de ti, besarte, acariciarte, lamer tu cuerpo despacio...
-¿Perdona? y ¿me lo dices, así, tan tranquilo?
-Y ¿cómo quieres que te lo diga? ¿nervioso? He imaginado esta escena cientos de veces en mi cabeza y ahora me parece mentira estar aquí contigo. Creo que nos complicamos demasiado la vida dando rodeos y ya he dejado pasar demasiado tiempo sin decirtelo, ahora que te tengo a tiro, he de aprovechar la ocasion ¿no?
-¡Estoy alucinando!
- Naturalmente, no quiero que hagas nada que no quieras hacer. ¿te apetece acostarte conmigo?
-No se trata de si me apetece o no hacerlo, se trata de si debo o no acostarme contigo
-Eso de "debo" me suena a obligación, o a castigo... y te aseguro que no es nada de eso. Estoy seguro, que te encantaría...
-Vamos a ver Martín; llevo más de 20 años casada y nunca me ha pasado nada ni remotamente parecido.
-Pues ya iba siendo hora ¿no crees? ¿no te aburre acostarte siempre con el mismo hombre?
-Es que no depende de si es aburrido o no, tengo un compromiso de fidelidad y me limito a cumplir con eso.
-¿Quieres decir que en 20 años, solo te has acostado con tu marido?
-Si.
-¡¡¡Increible!!!
-¿Increible? 
-Si, me parece que estás desaprovechando tu vida.
-Vamos a ver Martín ¿Tú en que "comuna" te has educado?
-Jajaja ¿comuna? tú conoces a mis padres; son mas "estrechos que los vaqueros de Lucky Luke". pero te haces mayor y tomas tus propias decisiones de como quieres llevar tu vida, y más aún, tu vida sexual.
-No voy a acostarme contigo.
-¿Estás segura de eso? Por favor, dejame un tiempo "prudencial" para que te seduzca... puedo llegar a ser irresistible.
-Jajaja: ¡Eres increible! y la verdad es que estoy muy sorprendida con tu propuesta...
-Pues no deberías, eres la mujer más interesante que he conocido en mi vida. ¿No te habías dado cuenta de mi devoción por ti?
-Pues sinceramente no, a decir verdad siempre te vi como el hijo de Carlos, te he tenido en mis brazos cuando naciste y te he visto crecer, así que no podía imaginarme que tu pensaras en mi de esta forma y no como en una de las "carcas" amigas de tu padre.
-Por cierto ¿sabes que mi madre tiene unos celos tremendos de ti?
-¿Mónica? ¡¡¡ No me lo puedo creer!!! ¡Si tu padre solo tiene ojos para ella!
-Mi madre es una persona muy insegura. Ella te admira. Admira que te hayas hecho un nombre, profesionalmente hablando. Ella se ha limitado a criar a sus hijos y se ha pasado la vida sometida a su marido.
-Todas las opciones son respetables, ella ha elegido un camino y yo otro, pero no creo que el mío sea más válido, ella ha sido mucho más generosa.
-Además, ella sabe que mi padre ha estado enamorado de ti desde la universidad...
-¡Martín! 
-Sabes que es verdad. Siempre has pasado de su cara pero él lleva fascinado contigo desde que te conoció.
-No, no es cierto, solo es complicidad profesional, hablamos el mismo idioma, nos entendemos en eso, pero somos muy diferentes, jamás hubiéramos podido tener algo.
-Mejor, mejor así. Me da mal rollo quitarle "la chica" a mi padre...

Entonces su cara se volvió pícara y volví a encontrarme con el "Martin adolescente que recordaba..."

Capítulo IV

La velada fue encantadora. Martín era un chico muy interesante. No parecía que tuviera poco más de 20 años. Tal vez compaginar sus estudios con trabajo, vivir solo en el extranjero durante varios años, y su desenvoltura a la hora de abordar "ciertos temas" que habitualmente son espinosos de tratar, hacía que la conversación fuera fluida, interesante y divertida.

Después de un par de botellas de Moët & Chandon  y del calor húmedo de finales de septiembre en Barcelona, Laura empezó a sentir un calor casi sofocante.

-Uff, ¡Qué noche tan calurosa!
-¿Un baño?
-Te dije que no traigo bañador a mis viajes de trabajo.
-Y yo te dije que no era necesario...
-Ah! ¿Tienes uno de mi talla? Estás en todo, ¡eres el perfecto anfitrión!
-Siento defraudarte. No, no tengo bañador de tu talla...pero tengo una idea...
-Uyyy, ¡qué miedo me dan tus ideas...!
-Mira, tu te metes en la piscina y yo me doy la vuelta, haces un par de largos, te refrescas y luego me toca a mi.
-¡Vaya! pues resulta que si que te has convertido en un "chico formal", no te había juzgado bien...
-Las apariencias...engañan. ¿No te han enseñado eso en "el convento"?
-Jajaja... a lo mejor, no soy tan inocente como crees...

Laura se sentía tremendamente atraída por Martín, y los efectos del champagne empezaban a hacer efecto...

-Si nos bañamos juntos, ¿vas a ser bueno...?
-Te aseguro que soy bueno, al menos...ninguna mujer se ha quejado...
-¡Eres imposible! ¿No voy a poder fiarme de ti?
-¡Hazlo! no te vas a arrepentir, no quiero que te "mueras de vieja" sin experimentar un orgasmo...

Laura se puso en pié y empezó a desabrocharse la camisa. No dejaba de mirar a Martín, que recostado sobre su silla, la miraba absolutamente embelesado... No sintió ninguna vergüenza, estaba cómoda, segura de si misma y se sentía lujuriosamente deseada. Los ojos de Martín, recorrían su cuerpo, y se detenían en sus manos, esperando ansioso el siguiente movimiento a la hora de desabrochar sus botones.

-Te ayudaría pero no quiero dejar de mirarte y de saborear este momento...
-No te preocupes, creo que podré yo sola, estoy acostumbrada, porque en "el convento", no me ayuda nadie...

Laura se tomo tiempo. Se quitó despacio la camisa y dejó caer su falda tras desabrochar la cremallera lentamente. Llevaba un conjunto de ropa interior granate, que contrastaba con su piel bronceada. Martín estaba encantado con la visión de Laura en ropa interior.

-Ahora, tienes que darte la vuelta...en eso habíamos quedado ¿no?
-Ummh, no lo recuerdo... estoy un poco borracho y no me acuerdo de nada...

Martín se puso de pie y se acercó a Laura, la tomó en brazos y la dejó, lentamente en una tumbona cercana.

-¿Sabes? Yo me enamoré de ti, leyendo en una tumbona de la playa. Llevabas un bikini amarillo y leías un libro de Millás: "El desorden de tu nombre" y diez años más tarde, voy a hacerte el amor en una tumbona...

El móvil de Martín empezó a sonar en ese momento.

-¡No lo vas a coger?
-No, ya la llamaré más tarde o mañana, debe ser Sara.
-¿Sara?
-Si, es mi novia.
Laura dio un respingo
-Martín ¿tienes novia?
-Si, ¡te lo acabo de decir!
-Tienes novia y ¿vas a montártelo conmigo?
-Si, tenemos una relación abierta.
-Ya... perdona Martín, pero no estoy preparada para esto...
-¡Vaya! ¡lo siento! esta tía es de lo más inoportuna!
-¡Qué cara más dura tienes! ¡Te incordia que te haya cortado el rollo!
-¡Eh, eh! no me mires así, tú también tienes "compromiso" y aquí estás! la única diferencia es que a tí no te ha interrumpido Enrique.

Laura se incorporó y cogió su camisa, empezó a abrocharsela.

-Vamos Lauri, no te enfades, disculpa, soy un bocazas...
-Si, lo eres.
-Venga perdona- y la tomó por detrás abrazándola por la cintura mientras besaba suavemente su cuello. -Por favor, no te vayas, lo siento, lo siento mucho- y giró a Laura para mirarla fijamente.
-Sara ha puesto "orden" en este momento. Martin: era un error.
-Sara es una inoportuna, una celosa compulsiva que quiere controlarme.
-¿Celosa? y ¿no te parece que tiene razones para estar celosa?
-No, no tiene razones para estarlo. Es la primera vez que estoy con alguién desde que salgo con ella, sin embargo ella, se dedica a tontear con todo bicho viviente y yo tengo que tragar y hacer la vista gorda, estoy hasta las narices de sus neuras. Por favor, Laura, no te vayas.
No quería irse, se sentía tremendamente cómoda con Martín hasta que sonó el teléfono. Él estaba apunto de besarla y esa maldita melodía había roto la mágia de ese momento. Termino de vestirse y accedió a quedarse un rato más, pero en parte se alegró de la interrupción, seguro que más tarde iba a arrepentirse de haber llegado tan lejos...

-¿Te apetece una copa?
-Me tomo la última y me marcho, ponme un Ginger Ale con Escocés, por favor.
-¡Marchando!

Martín entregó el Whisky a Laura y antes de dárselo, movió su contenido con su dedo índice y lo dirigió a los labios de Laura, ella. cerró los ojos y se dejó hacer...Eran más de las 12 y al día siguiente Laura tenía una reunión temprano porque a las 16:00 horas, debía estar en el aeropuerto para volver a Madrid.

-Debo irme.

Martín no dijo nada. Siguió mirando a Laura y ella mantuvo la mirada gritando con su pensamiento, que deseaba con toda su alma quedarse toda la noche con él. Como si hubiera escuchado esos pensamientos, Martín se arrodillo ante ella y se aproximó a su boca. La beso despacio, buscó su lengua y se detuvo en ella. A Laura el corazón se le salía del pecho. Estaba tremendamente excitada y correspondió al beso de Martín con deseo. Él se acercó a su cuello y continuo besándola y susurrando en su oído, palabras encendidas de pasión y describiéndole con todo detalle lo que iba a hacer con ella...

Capítulo V

Martín comenzó a desabrochar la camisa de Laura despacio. Se detenía en cada botón regalándole caricias y besos, pero era su mirada lo que encendía a Laura. Era una mirada cargada de deseo, morbosa, impaciente que se contradecía con la lentitud de sus movimientos al desnudarla sin prisa. Laura le quitó su camiseta negra y observó fascinada su pecho que parecía cincelado; era perfecto. Le mandó detenerse un momento y le observó inclinado sobre ella. El pelo de Martín le acariciaba sus hombros, olía a mar, a viento, a libertad, le beso apasionadamente y le retuvo contra su pecho.

Martín continuaba investigando en el cuerpo de Laura. A pesar de los años de diferencia, la encontró fantástica. No tenía la elasticidad en la piel de las chicas que había conocido hasta ese momento pero aportaba una calidez y una tersura muy especial. Encontraba un cuerpo experimentado pero a la vez "sin estrenar", le susurro:

-Va a ser tu primera vez, ya veras...

A Laura se le erizo el vello de todo el cuerpo. Estaba claro que tenía olvidada esta sensación de deseo y expectativas por lo que iba a ocurrir. El sexo en su vida diaria no era a lo que le prestara más atención. Acostarse con Enrique se había convertido en un acto prácticamente rutinario, puro trámite, dónde la ternura había tomado el lugar que le correspondía a la pasión.

Martín le pidió a Laura que se diera la vuelta y empezó un camino de besos y caricias por su espalda y sus costados que casi la volvió loca. Se quitó el pantalón y se tumbó sobre ella. Era mucho más alto y la cubría con todo su cuerpo pero su peso era liviano y no le causaba incomododad. La abrazó y no cabía el aire entre sus cuerpos. Con suavidad le separó las piernas con las suyas y entró en ella, muy despacio, sin prisa, ella estaba casi en éxtasis y eso terminó por disparar su corazón a más de cien pulsaciones.

Después de un tiempo eterno pero breve a la vez Martín giró a Laura y la beso durante varios minutos, después bajo lentamente por su pecho recreándose en el, chupando y mordiendo cada centímetro y haciendo que ella se retorciera de placer. Siguió bajando hasta su ombligo y entró con su lengua hasta las entrañas. Eran sensaciones muy nuevas o tal vez olvidadas para ella, mientras acariciaba la cabeza de Martín y su pelo jugaba con la piel de su vientre produciendo mil sensaciones.

Se arrodillo ante ella y abrió sus piernas:

-Espero que no tengas prisa porque me voy a quedar aquí un buen rato...

Laura se dejó llevar y entonces si que experimentó el placer más grande de su vida. La lengua de Martín era muy hábil, llegaba justo al lugar donde más placer producía en ella, una y otra vez, no podía dejar de gemir , intentaba controlarse pero era imposible, incluso reprimía sus gritos con la mano pero el placer era tanto que pensó que iba a morirse.


-Por favor para, para, no puedo, ¡no puedo más...!
-Si, si puedes, ¡claro que puedes! te dije que íbamos a pasarlo bien , ¿no?
-Voy a morirme de gusto si no paras...
-Bueno, no es una mala forma de morir ¿no te parece?

Y continuo durante mucho tiempo besando, acariciando y entrando por el cuerpo de Laura. Era como si conociera de memoria todos los caminos, todos los puntos dónde existían los resortes capaces de llevar a Laura a lo más alto del éxtasis. Martín gemía, cerraba los ojos, disfrutaba con cada movimiento, en cada caricia. Sin duda dirigió el encuentro de manera magistral y los dos disfrutaron como nunca del acto sexual.

-¿Estas seguro que tienes 21 años? Porque o no has hecho otra cosa en tu vida o has nacido para esto...
-Supongo que es un"don natural" o es herencia de mi padre...no se dímelo tú...¿mi padre era tan ardiente en la universidad?
-¡Martín! Yo no me he acostado con tu padre núnca!
-¿En serio?, entonces es más tonto de lo que pensaba...

Siguieron riendo y bromeando durante un rato más, pero Martín no podía parar de tocar y acariciar a Laura y volvieron a retomar su pasión justo dónde lo habían dejado. Después de varias horas, Laura estaba exhausta y Martín se quedó dormido. Ella no paraba de mirarle y todavía no podía creer lo que había ocurrido. A las 7, Laura tomó una ducha y se marchó. Su última reunión en Barcelona era a las 9 y tenía que pasar por el hotel y recoger sus cosas ya que volvía a Madrid por la tarde.


Capítulo VI

El cuerpo de Laura estaba en la reunión pero su mente se había trasladado en el tiempo hasta la noche anterior.

-¿Laura?...¿Laura?... Dra. Bellver, ¿Se encuentra bien? 
-¿Eh? Ah, si, disculpen, estoy bien. 
-Esta muy pálida, ¿Descansamos un momento? 
-No, disculpen, no es necesario, podemos continuar. 

 En ese momento el teléfono de Laura vibró:

 -¿Comemos? Y me refiero a comida... 

En el "Coffe break" de las 11, Laura contestó el WhatsApp de Martín:

-Buenos días, no tengo mucho tiempo. Estoy reunida hasta las 13:00 y a las 16:00 tengo que estar en El Prat. -Martín contesto de inmediato:
 -Tranquila, tenemos tiempo. Dime dónde estás y te recojo en un par de horas. A las cuatro, te acompaño en un taxi al aeropuerto. Tengo ganas de verte...esta mañana cuando me desperté, te habías ido, y me desperté con hambre... 

A la una en punto, Martín estaba esperando en la puerta a Laura, que se despidió de sus colegas, adelantandose, para evitar salir con todos ellos del edificio.

 -Hola preciosa! Hoy estás irresistible vestida de ejecutiva... Seguro que les has dejado impresionados a todos... 
-Pues si, así ha sido. Se han dado perfectamente cuenta de mi cara paliducha y mis ojeras... 
-Jajaja, pues creo que soy el culpable... Te prometo, que volveré a dejarte pálida y ojerosa cuando tú quieras... 

Comieron en Magnolia, un restaurante encantador a solo unos metros de la plaza de San Jaume.

-Martín, no se que me pasó anoche, yo nunca... -Él tapó su boca con un dedo y se acercó a besarla. -
-Por favor Laura, no digas nada. Lo que pasó anoche, ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, así que no digas nada que pueda estropearlo o quitarle la mágia que tuvo. Yo no me arrepiento y lo repetiría un millón de veces! 
-Cariño, fué muy muy especial, pero sabes que no podrémos repetirlo...yo, yo... Martín, yo estoy...casada. 
-Lo se, pero la vida es larga, dame una oportunidad, ahora me toca a mi hacerte feliz...

Martín la miraba con unos ojos cargados de ternura, de inocencia... como un niño que se niega a que le quiten su juguete favorito...

 -Es complicado, lo sabes. Hay demasiadas cosas que nos separan, que hacen imposible que volvamos a repetir lo que ocurrió anoche. 
-Laura, que te parece si hablamos de esto, cuándo volvamos a Madrid, ahora propongo que disfrutemos de la comida y que saboreemos lo que ha pasado entre nosotros. 
- Tienes razón, me quedan solo un par de horas en Barcelona y quiero aprovecharlas a tu lado. Cuando volvamos a Madrid, a nuestra vida real, a la rutina, nos olvidaremos de esta locura... 
-No, Laura. Yo no voy a olvidarme de ti, y te aviso, que no voy a renunciar a verte... 

La comida fué una delicia y Martín , la mejor compañía. A las cuatro, Laura estaba facturando su maleta en el aeropuerto, después de un apasionado beso en el taxi (bajo la mirada perpleja del taxista...), y un:- hasta muy pronto...-

Enrique hablaba por teléfono, cuando Laura salió de la terminal. Le saludó con la mano y fué a su encuentro.

-¡Hola Laura!¿Qué tal el vuelo? ¿Todo bien en Barcelona? 
-Si, estoy un poco cansada...tengo ganas de llegar a casa, darme un baño caliente y acostarme. 
-Acabo de hablar con Carlos, Carlos Barea. Me ha llamado porque tu teléfono estaba apagado y le expliqué que estabas volando. Mañana es el cumpleaños de Mónica y le ha preparado una cena sorpresa, quiere que vayamos. 
-Vaya...¿Mañana? Es un poco precipitado... 
-Le he dicho, que creía que no tendríamos problema, pero si no te apetece, le llamo y... 
-No, no hay problema. Por cierto, me encontré en Barcelona con su hijo Martín. Ha grabado un disco y lo presentaban en la Fnac de Diagonal. 
-¿Su hijo? Hace tiempo que no lo veo, pero recuerdo que era un niño... 
-Pues eso quedó atrás... Tiene ya 21 años. No le reconocí, nos saludamos y me invitó a tomar un café. 
Llegaron al coche y se dirigieron a casa, hablando de algunas novedades surgidas esa semana en el trabajo de Enrique.

Al día siguiente, Laura, se arregló con esmero. Se propuso estar muy guapa en la fiesta de cumpleaños de Mónica y no quería parecer insegura o nerviosa cuando saludara a los padres de Martín ¡Si ellos supieran...! De camino a su casa, pararon a comprar un centro de flores para Mónica y un par de botellas de Cava.

Cuándo Carlos abrió la puerta, Laura vió en sus ojos la admiración que sentía por ella y entendió el comentario que un par de noches antes, le había hecho su hijo. Saludaron a Mónica, que miró de arriba a abajo a Laura, con gesto de desaprobación mientras le decía lo estupenda que estaba y lo bien que llevaba los años.

Pasaron al comedor después de tomar un cóctel en el jardín, donde saludaron a viejos amigos y fueron presentados a otros. Al sentarse, observaron, dos sillas vacías y Mónica, explicó a sus invitados, que pertenecían a su hijo y su novia, pero que él, estaba volviendo de Barcelona, y que probablemente su vuelo se habría retrasado. En ese momento, se abrió la puerta y aparecó Martín y Sara. Formaban una pareja ESPECTACULAR. Martín se disculpo por el retraso, y se acercó a su madre:

-¡Felicidades mamá! Estás guapísima y mas joven que el año pasado... 
-¡Qué zalamero es este chico! Gracias hijo. Sentaos, luego habrá tiempo de saludar a nuestros invitados. 

Sara ocupó la silla, frente a Enrique y Martín, tenía enfrente a Laura. La miró a los ojos y sonrió. Ella le devolvió la sonrisa y empezaron a cenar. La conversación fue ligera y divertida. Los postres, se servirían en el jardín, frente a la tarta de cumpleaños de Mónica.

Capítulo VII


Martín iba de un lado a otro del jardín saludando a los invitados y presentando a Sara, su novia. Cuando llegaron al grupo en el que estaba Laura, Martín dijo:

-Sara, esta es Laura, cómo te conté, coincidimos en Barcelona. Es amiga de mi padre desde la universidad, así que olvida tus ridículos celos, porque Laura...podría ser mi madre y tu futura suegra... 

Lo dijo, de forma tan espontánea que logró arrancar una carcajada a todo el grupo, con la  excepción, de Mónica y de la propia Laura, que sintió una estocada en su corazón; se sintió ofendida y humillada. Tras mantener el tipo como pudo, se alejó del grupo y se dirigió al cuarto de baño, necesitaba frescarse y unos momentos a solas... Carlos, el padre de Martín,  se interpuso en su camino

-Laura, disculpa a Martín, a veces es un bocazas. 
-No, no te preocupes, no pasa nada.
 -Así que ¿Coincidisteis en Barcelona? 
- Si, casualmente, tomando un café. 
-Espero que como mínimo, te invitara... 
-Si, lo hizo, se comportó como un verdadero caballero. Voy a buscar a Enrique; nos marchamos. 
-¿Tan pronto? Ni siquiera hemos brindado aún... 
-Disculpame, Carlos, pero ha sido una semana complicada en Barcelona. Estoy cansada y el lunes, salgo de nuevo de viaje. 
-Tranquila, estás disculpada y muchas gracias por venir, a pesar de avisaros con tan poco tiempo, pero la idea surgió de repente. Mónica no lleva bien eso de cumplir años "en público" pero desde hace algún tiempo, la noto un poco deprimida y quería ver si una fiesta le animaba un poco. 
-Eres un encanto, siempre pendiente de tu familia. Tienen mucha suerte. 

Martín, se acercó dónde Laura y su padre estaban hablando.

-¿Interrumpo? 
-Laura y Enrique ya se marchan. Hijo, has sido muy desafortunado tu comentario cuando has presentado a Laura. 
-¿Te ha molestado? Lo siento... No era mi intención...¿Nos perdonas papá? Quiero disculparme en privado con tu amiga... 
-Muy bien. Os dejo. Laura, de nuevo, muchas gracias por venir.- y se alejó con cierta perplejidad por la petición de Martín de quedarse a solas con Laura.

Se dirigieron al interior de la casa y cuando quedaron fuera del alcance de los invitados, Martín se acercó a Laura y la beso. Ella intentó resistirse, forcejearon un momento, pero él era más fuerte y no se dió por vencido hasta que consiguió que Laura correspondiera su beso.

-¡Te has pasado Martín! Te has pasado tres pueblos... 
-¿No te ha gustado? 
-Eres un estúpido ! Me he sentido tremendamente humillada delante de tu novia, eres un cínico. 
- Te pido humildemente perdón, solo lo hice para alejar cualquier sombra de sospecha sobre nosotros... pero veo que ha sido peor el remedio que la enfermedad... 
-Pues si, por tranquilizar a tu novia, has hecho que me sintiera imbécil y tu madre también se ha molestado, solo con el supuesto de que yo hubiera podido ser tu madre y... la mujer de tu padre... 
- Tienes razón, no he pensado en las consecuencias de lo que decía para vosotras dos. Lo siento, no volverá a pasar nada parecido. ¿Me perdonas?- mientras tomaba a Laura por la cintura y la miraba con ojos encendidos de deseo-
-Si me miras así... No tengo mas remedio... ahora, tengo que marcharme. 
-¿Podemos quedar a comer algún día la próxima semana? 
-El lunes me voy a Roma y no vuelvo hasta el viernes. Tengo que asistir a un congreso. 
-Y ¿Qué te parece si me voy contigo? 
- Pues me parece que te has vuelto loco de atar... 
- Laura, mañana te llamo y concretamos... -Dijo esto y después, besó su mano, mientras se despedía con una reverencia y un guiño.


El domingo Laura estaba inquieta y pendiente de su móvil. Sobre las cinco, Martín se puso en contacto con ella.
-Hola cariño. Llevo 17 horas sin verte y ¡no puedo más! ¿A qué hora sale nuestro avión mañana? 
-¿Te has vuelto loco? 
-Si...¡Por ti! 
-Vuelo con Alitalia y creo que el avión sale a las 10:45, pero ¿Estás seguro? 
 -¡Claro! 5 días contigo...¡Cómo me lo voy a perder! Ademas en la ciudad de AMOR al revés...Voy a reservar ahora mismo el billete, espero tener plaza...si no, tendrás que hacerme un hueco en tu maleta...Hasta mañana "Il mío amore..." 

 Laura estaba perpleja. No podía creer en lo que estaba metida. ¡Tenía una aventura con un chico 25 años más jóven que ella!¿Cómo se había metido en este lío ? Vinieron a su cabeza imágenes de la noche que pasó con Martín en Barcelona y su cara de preocupación, se tornó en una sonrisa. Se dirigió a su habitación a preparar el equipaje. -

Capítulo VIII


Laura no dejaba de mirar su móvil, no tenía ni llamadas ni mensajes... y ya estaba a punto de embarcar. Tal vez no quedaban plazas en el avión y Martín se encontraría con ella en Roma a lo largo del día, o volaría en otra compañía pero...¿ni un mensaje? Cuando entregaba a la azafata su tarjeta de embarque, Martín la agarró por la cintura y le susurró al oído:

-Buenos días, princesa...- Laura se sobresaltó.-
-¡No te he visto llegar! 
-Vengo corriendo, ni siquiera he facturado. Sara se ha empeñado en traerme y no quería coincidir contigo en facturación, para que no empezara a emparanoiarse, solo traigo mi guitarra y un par de cosas en la mochila, así que tendremos que salir de compras en Roma. 

Martín habló con la chica que ocupaba el asiento contiguo al de Laura, para que le cambiara el sitio y poder viajar a su lado. No fué difícil, dado su encanto personal y que... a cambio, le ofrecía un asiento en preferente (era la única opción que encontró al sacar su billete tan precipitadamente)

Llegaron a Roma y se instalaron en el Gran Hotel Palazzo Carpegna, allí tenía lugar el congreso de Laura. Declinó por e-mail, varias invitaciones a cenas y diferentes compromisos que había adquirido previamente, para disponer de más tiempo y poder estar con Martín. El congreso empezaba por la tarde con una conferencia inaugural y la cena, así que aprovecharon hasta ese momento, para dar un paseo por la ciudad, comer algo y por supuesto, degustar un helado frente a la Fontana de Trevi.

A las 18:00 volvieron al hotel con el tiempo justo para el arranque del Congreso. En el ascensor, Laura coincidió con un colega:

-¿Laura? ¿Laura Bellver?
-Si, Hola. ¡Qué sorpresa! ¡Cuánto tiempo! ¿Vienes al congreso?
-Si. Acabo de llegar. Mi avión ha llegado con casi dos horas de retraso, así que llego con el tiempo justo de tomar una ducha y bajar a la conferencia y ¿tú? ¿cuándo has llegado?
-Llegamos a mediodía
-¿Llegamos?, ¿has venido con tu marido?
-Ah...bueno..no, no veras... te presento a Martín...mi, mi...HIJO.
-Vaya! No sabía que tenías un hijo! Hola, me llamo Miguel, Miguel Molina. ¿Te dedicas a la medicina como tu madre?
-No, no, lo mío es la música y la arquitectura.
-Bueno, he llegado a mi planta,  ya nos veremos por aquí. Hasta ahora Laura y Martín; encantado de conocerte.

Cuando las puertas del ascensor se cerraron, Martín soltó una enorme carcajada;

-Jajaja! ¿Tu hijo? Bueno, pues vamos empatados a trolas...
-Perdona, no sabía que responder, es lo primero que se me ha ocurrido... trabajé con Miguel hace un millón de años en el hospital y no creo que pueda atar cabos sobre tú y yo.
-Bueno, pues ahora llamamos a mi madre, y se lo contamos: ha perdido un hijo y ha ganado una usurpadora-asalta cunas... jajaja.

A las 18:30, empezaba la primera sesión del congreso y Martín, decidió quedarse en la habitación, tocando la guitarra y actualizando su curriculum. Aprovecharía el tiempo que Laura estuviera en las ponencias, para distribuir alguno por constructoras en Roma, tal vez, podría hacer su proyecto fin de carrera en esta fantástica ciudad , si conseguía algún trabajo para cubrir gastos.

A las 21:00 Laura volvió.

-¿Qué tal? ¿te aburriste?
-No! Para nada! y ¿tú? ¿interesante?
-Muy muy interesante. Tenía mucho interés en asistir a este congreso, donde se presentan las últimas novedades en cirugía. Prácticamente, estamos llegando a la "ciencia ficción" a la hora de operar.
-¿Estás libre para cenar?
-No, hoy no. Es la primera jornada y después de la cena hay una presentación, que no puedo perderme.
-Bueno, te espero despierto...-le dijo, mientras le guiñaba un ojo y ponía cara de pícaro...-
-¿Vas a salir a cenar?
-No, voy a pedir que me suban algo a la habitación. Anoche, casi no dormí y estoy cansado.
-Y... ¿Por qué no descansaste bien?
-Bueno... hacía 5 días que no veía a Sara y hoy volvía a salir de viaje, cuándo vuelva, ella se habrá ido dos semanas a una gira europea con el Ballet Español de Danza Clásica, con un espectáculo de nueva danza española, así que debíamos darnos algo más que "unos besos" de despedida...

Laura no dijo nada. Se dirigió al baño a tomar una ducha y prepararse para la cena. Sabía que no tenía derecho, pero sintió unos celos horribles al imaginar a Martín acostándose con Sara; su novia, una jóven preciosa, bailarina de danza clásica y con la que vivía desde hacía casi un año.

Una de las cosas que más seducía a Laura de Martín, era su manera espontánea de hablar. Decía las cosas como las pensaba, sin adornos ni excusas. No se había molestado en evadirse cuando le preguntó porque no había dormido el día anterior, él, con toda naturalidad y confianza, se lo había contado, sin rodeos ni mentiras, aunque claro... le había hecho daño y volvió de nuevo a valorar acabar cuanto antes con esta locura, que empezaba a prolongarse en el tiempo y que si no cortaba de raíz, ya no sería transitoria, si no que podría instalarse en su vida...

Capítulo IX


Cuándo Laura volvió a la habitación, eran casi las doce de la noche. La televisión estaba encendida y Martín, dormía.

Intentó hacer el menor ruido posible y se tumbó a su lado. Le observó durante unos minutos y su cabeza no paraba de dar vueltas preguntándose, que hacía en Roma y en la cama con el hijo de unos amigos al que había visto nacer. Laura siempre se había mantenido fiel a Enrique, su marido desde hacía más de 20 años. Su carrera había sido el centro de su vida y las relaciones personales, siempre habían ocupado un segundo plano. Había trabajado mucho para llegar dónde estaba profesionalmente y su vida familiar, no era para tirar cohetes pero le daba la estabilidad necesaria para vivir.

Nunca había tenido una aventura, y no había sido por falta de ocasiones. Siempre destacaba por su belleza y desde luego por su competencia en el trabajo. Muchos de sus compañeros se habían sentido atraidos por ella. Había pasado más horas trabajando en el hospital que en su propia casa, guardias, intervenciones quirurgicas, seminarios...y había compartido muchas horas con doctores que la admiraban y la miraban no solo en lo laboral sino también por la mujer que se escondía tras ese aspecto tan profesional, pero ella jamás se sintió atraida por otros hombres. Tenía muy claro a lo que iba al trabajo y nunca quiso confundir las cosas o que una "cana al aire" diera al traste con su prestigio como jefa de servicio de cirugia.

Con Martín fue diferente. No penso nada, No valoró nada. Él estaba fuera de su círculo en todos los ambitos; en el profesional y en el social. Estaba muy lejos del nivel de madurez en el que ella se movía. Martín estaba empezando su vida, abriéndose camino en lo profesional y todavía preparándose en sus estudios y con cientos de ilusiones y proyectos de futuro en la música.

¿Qué le estaba pasando? ¿Había llegado a la "crisis de los 40"? ¿Necesitaba a alguién como Martín para absorver su energía? ¿Quería recuperar su juventud a base de golpes de pasión? Le dolía la cabeza y decidió no pensar más por hoy. Apago el televisor e intentó dormir.

Las caricias de Martín la despertaron.

-¡Hola princesa! ¿Porque no me has despertado?
-Estabas muy guapo e inofensivo durmiendo, no quería despertar al "tigre"...
-Pues aquí me tienes dispuesto a...¡DEVORARTE! Aumggghh.

Y se abalanzó sobre Laura inmovilizándola y jugando a mordisquearla por todas partes...
Después de dos horas, estaban exhaustos.

-Deberíamos dormir un rato. Son casi las 5 de la mañana y  la primera ponencia es a las 8,30.
-¡Oye! Estos colegas tuyos son unos "negreros", pero si a esa hora, no se han levantado ni los de recepción...
-A las 10:30 hay un descanso y me puedo escapar hasta las 17:00, no me interesa demasiado lo que se ofrece hasta esa hora, asi que piensa que quieres que hagamos.
-Pues yo creo que podríamos quedarnos en la habitación, que seguro, que se me ocurre algo...
-¡Martín!¿Quieres matarme?


-No, claro que no, solo quiero ver tu cara cuando te hago estas propuestas. 
Te prometo que voy a ser bueno, y hasta voy a proponerte, que vayamos al Vaticano para confesarme... porque creo que estoy siendo malo... muy malo y voy a ir al infierno...
-Bueno, ese es tu punto de vista, yo creo que estás siendo bueno, muy muy bueno...al menos en la cama...

Y ahora fue Laura la que se abalanzó sobre Martín y empezó a besarle y a provocarle...Martín respondió encantado a la provocación.

Capítulo X

Laura volvió a su habitación pasadas las 10:30 de la mañana, después de la primera ponencia del día. Martín, seguía dormido, igual que cuando se fue a las ocho. Lo miró con ternura. Si despierto era un hombre increíble, dormido parecía un niño inofensivo que despertaba en ella incluso su instinto maternal. Esa sensación le desató de nuevo esa desazón que sentía por esta locura que estaba viviendo. Pero ¿Por qué había accedido a mantener esta relación con Martín? ¿Le veía como el hijo que nunca tuvo? Pero no, su relación no era materno filial, sino una relación de amantes en toda regla que en ese momento le pareció más insana e inapropiada todavía. Pero allí estaban, en la misma habitación, compartiendo cama y solo pensar en la noche de pasión que había vuelto a experimentar a su lado, consiguió que se le erizara todo el vello de su cuerpo. "A lo hecho; pecho", así que ya no quedaba otra que aprovechar esos cinco días en Roma, porque después, lo quisieran o no,  deberían enfrentarse con la realidad y lo IMPOSIBLE de su relación.

Laura se acercó a Martín y lo besó, en la frente, en sus ojos, su cara y finalmente en los labios. Él abrió los ojos, le sonrió y la atrajo hacia él.

-¡Ey, Ey, tigre, que nos tenemos que ir! ¿no te acuerdas que tenemos visita al Vaticano hoy? Tienes que redimir tus pecados antes de que sea más tarde...
-Buenos días princesa! ¿Ya has vuelto de la conferencia?
-Si, son casi las once.
-Dame 10 minutos, me doy una ducha y nos vamos.

Visitaron la Capilla Sixtina, San Angelo, y comieron en Tre Scalini en la Piazza Navona (inolvidable su Tartufo Negro...) 
A las cuatro, Laura dejó a Martín en la puerta del estudio de Arquitectura de Massimiliano Fuksas, un afamado arquitecto italiano responsable de infinidad de proyectos internacionales como el edificio de Armani de la Quinta Avenida de Nueva York , El centro comercial Myzeil en Frankfurt,o el Zenit Music Hall de Estrasburgo entre otros.

Martín conoció a Giovanni, sobrino de Fuksas cuándo cursó en Madrid su año de Erasmus, así que aceptó su ofrecimiento de hacerle una visita en Roma y ver en persona el estudio de arquitectura mas prestigioso de Italia. Tal vez incluso podrían ofrecerle algún trabajo si finalmente decidía llevar a cabo en Italia su proyecto fin de carrera.

Laura, regresó al hotel y a las cinco empezó la ponencia más importante del congreso. A las nueve, Martín aún no había vuelto y Laura decidió, no bajar a cenar con sus colegas del congreso para poder hacer planes con Martín, tal vez podrían ir al Trastevere, conocía un restaurante encantador en La Via del Genovesi: Spirito DiVino, estaba segura que a Martín le encantaría su Ratatouille con Albahaca.

A las once, Martín no había llegado todavía y Laura estaba muy preocupada. Le llamó infinitas veces pero su móvil estaba apagado. Su preocupación, se fue tornando en enfado. No podía entender su falta de delicadeza al no llamarla para avisar que tardaría en venir. A más de la una de la madrugada, a Laura le venció el sueño.

Cuando estaba maquillándose para asistir a la clausura del Congreso, llegó Martín. Eran más de las ocho de la mañana. Entró al cuarto de baño, abrazó por detrás a Laura y le dijo:

-¡Buenos días! ¡Qué guapa estás hoy! y qué bien hueles...-mientras besaba su cuello-
Laura se apartó de él, con brusquedad;
-¡No puedes imaginarte lo preocupada que he estado toda la noche! ¿Dónde has estado? ¡Te he llamado al móvil cientos de veces!
-¡Bueno, bueno, ya ves que estoy perfectamente! Me quedé sin batería eso es todo. Estuve con Giovanni y unos amigos tomando algo por ahí.
-¿Y no se te ocurrió que podría estar preocupada por ti? ¿No podrías haber llamado al hotel y dejado algún mensaje para mi en recepción avisándome que no vendrías a dormir?
-No estoy acostumbrado a dar explicaciones, hace años que mis padres no me piden cuentas.
-Me pareces un irresponsable y sobre todo un egoísta.

Y Laura, tomando su maletín, salió de la habitación.


Capítulo XI

Durante el tiempo del descanso de las conferencias, un empleado del hotel se acercó a Laura:

-¿Dra Bellver?
-Si, soy yo.
-Un joven me ha pedido que le entregue esto.
-Muchas gracias.

Laura se alejó del grupo con el que estaba, para abrir el paquete y leer la nota que le acompañaba .

"He sido un auténtico cretino, espero que aceptes mis mas sinceras disculpas y también, este pequeño detalle. 
Te ruego que me permitas comer contigo y poder compensarte por hacerte pasar tanta preocupación por mi, (he encontrado más de 30 llamadas perdidas tuyas en mi móvil...)" Un beso. 
Martín.
Abrió el paquete y encontró un precioso colgante.
Laura miró a su alrededor y vio a Martín en la barra del bar. Se acercó hasta él.

-Disculpas aceptadas y muchas gracias, es un colgante precioso. Pero te ruego que no vuelvas a asustarme tanto.
-Lo siento Laura, lo siento de verdad. El tiempo pasó volando y cuándo me dí cuenta era muy tarde para llamar. Fué una visita muy interesante. Dejé en el estudio de arquitectura de Fuksas mi curriculum, y tal vez puedan ofrecerme un puesto de becario. 
-¡Vaya, Enhorabuena! y si finalmente te aceptan, ¿Qué pasará con tu grupo? y ¿qué pasará con Sara?
-Bueno, si me aceptan, ya pensaré como resolver los problemas que puedan surgir, pero hasta entonces ¿por qué preocuparme? Laura,¿Podrás escaparte para comer conmigo?
-El congreso se clausura a la una, así que no hay problema. Tenemos un día completo para nosotros hasta que tengamos que volver a casa.
-Muy bien, pues nos vemos en un rato.

Laura tuvo que declinar muchas invitaciones para la tarde y para el día siguiente pero debía aprovechar el tiempo que le quedaba en Roma al lado de Martín, no sabía cuando podría volver a verle ... tal vez ... nunca más podrían compartir una tarde y una noche de pasión. Laura acariciaba su nuevo colgante constantemente. Este chico, sabía como pedir disculpas a una mujer...

-Bueno, ¿Dónde vamos?
-Te propongo que me dejes mostrarte la obra de Bernini en Roma. Estoy pensando en la posibilidad de hacer mi tesis doctoral sobre él. Si te parece bien, podemos ir a la Galería Borghese, La Columnata de San Pedro del Vaticano,  La Basílica de Santa Maria del Popolo, el Palacio Farnesio, el de Propagande Fide,  Barberini, Montecitorio, y el Castillo de Sant Angelo. La Iglesia de Santa Bibiana, es una auténtica delicia, podemos incluso probar si pueden casarnos allí esta misma tarde...
-¡Me encanta la idea!
-Así que...¿nos casamos?
-Jajaja, no no, me encanta la idea de hacer "la ruta Bernini" con un guía tan fantástico como tú.

El día fué espectacular. Martín hablaba con auténtica pasión de cada edificio, de sus cúpulas, las bóvedas, arbotantes, basamentos, contrafuertes, espadañas, quimeras, tímpanos, arquitraves, pórticos...los elementos sustentados y sustentantes, la relación entre espacios y su compartimentación... Laura estaba segura, que ese chico... ¡ese HOMBRE!, conseguiría todo lo que se propusiera en la vida.

Cenaron en The Place, con música de Jazz en directo. Fue una velada fantástica y les esperaba una de las noches más inolvidables de su vida...

Llegaron a Madrid. Casi todo el viaje lo hicieron en silencio. A Laura no le apetecía nada volver. Pensar en re-encontrarse con Enrique iba a ser difícil... En tantos años juntos, nunca había llegado al grado de complicidad ni mucho menos, a experimentar la pasión, que había vivido junto a Martín en apenas unos días.

Martín por su parte, tenía por delante algunos compromisos con su grupo para promocionar el nuevo disco por diferentes televisiones y emisoras de radio. Sara estaría fuera todavía unos días y tendría tiempo para ver a Laura. Necesitaba tiempo para pensar que iba a pasar con respecto a su novia, a Laura y a su futuro. Era muy extraño pero nunca había sentido nada parecido por ninguna mujer. Laura era exactamente lo que siempre había soñado pero, claro, había demasiadas cosas que les separaban...

                                                     Capítulo XII

Cuándo llegaron a Madrid, tomaron un taxi y se dirigieron primero a casa de Martín. No vivía lejos del aeropuerto. La casa, aunque no muy grande era tremendamente acogedora. La alquiló cuándo Sara y él decidieron irse a vivir juntos.

Laura decidió que no iba a aceptar la invitación de Martín a pasar y tomar algo antes de ir a su casa.

Le avergonzaba en cierto modo mirar a los ojos a Enrique, tenía que enfrentarse a ello cuanto antes, porque hasta que no lo hiciera, sentiría ese malestar en el estómago, además, también necesitaba tomar distancia con Martín, habián sido días muy intensos con él, y lo había pasado muy bien y también... muy mal.

Al llegar a casa, Enrique estaba en el salón. Tenía mala cara. Laura se acercó a saludarle.

-¿Te encuentras bien? -le dijo mientras le tocaba la frente como un acto mecánico y profesional.
-No, Laura. No me encuentro bien. He pasado una semana fatal.
-¿Pero qué te ocurre?
-El martes, sufrí un desvanecimiento en el trabajo y mis compañeros me dijeron que estuve unos minutos inconsciente. Llamaron al Samur y encontraron que mi tensión estaba muy baja. Me recomendaron ir al hospital, pero me negué porque me sentía bien aunque sin mucha fuerza. Al día siguiente comencé a vomitar y tuve algo de fiebre y como ayer no estaba mejor, me acerqué a tu hospital y me vio Armando.
-¿Te han hecho pruebas?
-Si, me hicieron de todo y en cuanto tengan los resultados, nos llaman.
-Voy a llamar ahora al hospital, a ver si ya tienen algún resultado. ¿Cómo no me has dicho nada cuándo hemos hablado?
-Y ¿de que iba a servir? Estaba seguro de que te preocuparías y no podías hacer más de lo que ya estaban haciendo tus compañeros en el hospital por mi.

Laura marcó el teléfono de Armando, su adjunto en el hospital.

-Hola Armando. Acabo de llegar a Madrid. ¿Cómo van las cosas por el hospital? ¿alguna novedad?
-No, todo está en orden, pero tenemos que hablar de Enrique, tu marido.
-Si, por eso te llamaba. Me ha dicho que esta semana se ha encontrado mal y que le habéis hecho una batería de pruebas. ¿Tenéis ya algún resultado?
-Laura, no tengo buenas noticias. Creo que deberíais venir al hospital lo antes posible.
-Vamos para alla, inmediatamente. Muchas gracias.

Laura pensó que algo muy grave estaba pasando cuándo Armando fue tan contundente en  sus palabras...

-Enrique, han surgido unos contratiempos en el departamento y tengo que ir al hospital. No tardaré.
-Muy bien. ¿Saben algo de mis pruebas ya?
-Ahora cuándo vaya me acerco al laboratorio a ver si están los resultados de tus análisis.

Laura temía que Enrique pudiese oír los latidos de su corazón, que se le salía por la boca. Intentó disimular todo lo posible para que su marido no sospechara que algo malo estaba ocurriendo. Tomó su coche y en diez minutos llegó al hospital. Ni siquiera tomó el ascensor. Subió las escaleras de dos en dos hasta llegar al despacho de Armando.

-Hola Armando. ¿qué pasa?
-¿No ha venido Enrique contigo?
-No, he preferido que me informaras a mi primero de lo que le pasa.
-Los análisis indican que probablemente  Enrique tenga... un linfoma. Deberíamos realizar lo antes posible una biopsia de la médula ósea para asegurarnos si es o no leucemia

Laura sintió que se le venía el mundo encima. No pudo encajar palabra. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Armando la tomo por los hombros e intentó infundirle ánimos.

-¡Vamos Laura! no puedes venirte abajo, sabes que ante esto hay que sacar fuerzas de flaqueza y plantarle cara a la enfermedad. Tienes que ser fuerte por él y lanzarte a la batalla con toda la fe que puedas!
-¡Hacía algún tiempo que Enrique se quejaba de cansancio, había perdido peso, pero nunca sospeché que podría tratarse de esta barbaridad! ¿Puedo ver los análisis?
-Claro aquí los tienes.
-¡Madre mia! ¡Tiene que ponerse en tratamiento cuánto antes! ¿Cómo voy a decírselo?
-Traételo el lunes al hospital y se lo decimos entre los dos.
-¿Cómo voy a esperar hasta el lunes? No voy a poder disimular el fin de semana. ¡Pobre Enrique! No se lo merece.
-Nadie se lo merece, sabes mejor que nadié lo caprichosas que son este tipo de enfermedades, te tocan y hay que afrontarlas, no queda otra alternativa.
-Perdona Armando, ahora no me siento médico, me siento una de las víctimas a las que siempre he observado desde el otro lado de mi mesa.
-¡Vamos Laura! Hay que ser positivos. Necesitamos cuánto antes la biopsia para poder saber a lo que nos enfrentamos. ¿Quieres que te lleve a casa y hablamos con Enrique?
-No Armando, muchas gracias, pero creo que al verte se va a asustar más todavía. Tengo que armarme de valor y enfrentarme a esto yo sola.

Laura llegó a su coche y allí se derrumbó. Se sentía fatal y...

¡¡¡ Tan culpable!!!

Mientras Enrique estaba sufriendo los síntomas de su terrible enfermedad ella se estaba divirtiendo con Martín. Se recompuso, no podía castigarse de esa manera, ni mucho menos gastar lágrimas y energía en lo que ya era el pasado, ahora había que mirar de frente el futuro, que se perfilaba ante ellos amenazante...

Capítulo XIII

Mientras Laura se dirigía a casa, llamó a Carlos Barea.

-Hola Carlos
-Hola Laura, ¿Todo bien?
-Pues mira, te llamo porque necesito contarte algo y sobre todo, necesito tu ayuda.
-¿Qué ocurre Laura? Desde luego, puedes contar conmigo.
-Todavía tenemos que realizar pruebas, pero todo indica que Enrique podría tener un linfoma. Esta semana ha estado muy indispuesto y los análisis indican que podría tener leucemia. Él todavía no sabe nada. Estoy camino de casa y no se ni cómo decírselo...
-¡Laura, querida! cuánto lo siento. Estoy a tu disposición para lo que quieras.
-Estaba pensando que preferiría que la biopsia de la médula se la hicieras tú en el hospital, eres el mejor hematólogo que conozco y yo estaría más tranquila si tu te encargas personalmente del caso.
-Cuenta con ello. Ahora mismo, estoy de guardia en el hospital. Si quieres, podéis venir esta misma tarde y empezamos el protocolo con Enrique, incluso si se confirmara el diagnóstico, yo mismo podría preparar el transplante de médula si fuera necesario, pero no adelantemos nada, vamos paso a paso y no te preocupes antes de la cuenta.
-Gracias. Estoy llegando a casa, después de hablar con Enrique, te vuelvo a llamar. Muchas gracias, Carlos, de todo corazón.

Laura estaba entrando en el salón de su casa y todavía no sabía cómo iba a decirle a Enrique la terrible noticia... No hizo falta decir mucho, porque en cuanto vio su cara, a Enrique se le dispararon todas las alarmas...

-Laura, ¿Qué ha pasado? Tengo algo malo, ¿verdad?
-Enrique, no te precipites, las pruebas no son concluyentes, hay que hacer algunas más. Los análisis apuntan a una anémia aguda. He hablado con Carlos Barea. Está de guardia , y si tú quieres, podemos ir esta misma tarde y despejamos dudas sobre el diagnóstico.

Enrique se dejó llevar, y esa misma tarde fue ingresado en el hospital dónde trabajaba Carlos Barea, que se encargó personalmente de todos los trámites de ingreso y de las pruebas para precisar el diagnóstico.

Tras analíticas exhaustivas, una biopsia de la médula, y pruebas de imagen, el diagnóstico fue muy claro; Enrique padecía una leucemia linfoide aguda.

A partir de ese momento, empezó un calvario que duró mas de dos meses con tratamientos de quimioterápia, radioterápia e incluso se programó un transplante de médula ósea que desafortunadamente no funcionó.

Laura durante este tiempo fue el mejor apoyo para Enrique. No se separó de él en ningún momento e incluso, tramitó una excedencia laboral para poder cuidar a su marido el tiempo que fuera necesario. Estaba agotada y cada vez más deprimida viendo que nada funcionaba y que la enfermedad de Enrique avanzaba muy rápidamente sin dejar lugar a ninguna esperanza de restablecimiento.

Laura, se sentía mal, las ojeras afloraron a su cara, se sentía débil y mareada, apenas dormía aunque disponían de una habitación privada en exclusiva para ellos y un servicio de enfermería pendiente de las necesidades de Enrique veinticuatro horas al día. Carlos pasaba todo el tiempo que podía al lado de sus amigos e intentó probar todos los tratamientos posibles para sanar a Enrique, pero nada funcionaba.

Martín, también apoyó a Laura todo lo que pudó. Intentaba llevarla a que comiera algo, pero no le apetecía nada, incluso sentía asco de cualquier alimento, tenía como un nudo en el estómago y vivía en una continua nausea. Paseaban por los alrededores del hospital, hablaban de lo difícil que esto estaba resultando y en todo momento Martín estaba disponible para cualquier reclamo por parte de Laura.

A los dos meses de ingresar en el hospital, Enrique falleció. 

¡No podía creerlo! ¡No podía creer cómo su vida había dado un giro tan cruel! ¿Qué iba a pasar ahora? ¿Cómo podría acostumbrarse a vivir sin la presencia de Enrique? Había estado más de media vida a su lado y sentía que le habían arrancado la mitad de su corazón.

A pesar de ser una mujer independiente, una gran profesional, de viajar por su trabajo muchos días al año, Enrique le había aportado la serenidad y la estabilidad que ella necesitaba para llevar ese tipo de vida. Él siempre había querido tener hijos pero renunció a la paternidad para complacer a Laura en su deseo de progresar profesionalmente, ¡Qué tonta y que egoísta había sido! ojalá  tuviera unos hijos de Enrique en los que poder cobijarse ahora que él se había ido para siempre...

Capítulo XIV

Carlos Barea y Laura compartieron muchas horas juntos mientras Enrique estuvo ingresado. Hablaron de sus planes familiares de metas profesionales, y también de sus preocupaciones. Carlos confesó a Laura que siempre la había admirado y no solo en lo profesional. Le parecía una mujer increíble en la forma de llevar su vida y reconocía lo generoso de su decisión de aparcar lo profesional que tanta importancia tenía para ella, por estar al lado de su marido en este momento difícil de su vida.

Las cosas con Mónica no iban bien. Estaba apática, deprimida y nada le hacía salir de ese letargo en el que estaba desde hacía meses. Se excusaba diciendo que no veía mucho sentido a su vida ahora que sus hijos eran mayores. Martín ya se había independizado y vivía con su novia y Miryam, estudiaba en el extranjero y solo la veían un par de veces al año. Pasaba mucho tiempo sola. Carlos, cada vez estaba mas involucrado en su trabajo, hacía muchas guardias y daba clases en la universidad. Todo esto ocupaba la mayor parte de su tiempo y sobre todo, de su interés.

Que Carlos pasase en el hospital mucho más tiempo desde que ingresó Enrique, tampoco benefició la relación con su esposa ya que la prioridad de Carlos parecía ser estar todo lo posible al lado de Laura e investigando posibles tratamientos para Enrique.

Un día al volver Carlos a su casa, Mónica le informó de su deseo de marcharse.

-Carlos, he decidido marcharme un tiempo a la casa de la playa.
-¿Ahora? estamos en pleno otoño, aquello va a estar ahora muy solitario, te vas a aburrir.
-No más de lo que me aburro aquí. Necesito tiempo para pensar. Lo nuestro va de mal en peor...
-Pero: ¿me he perdido algo? Yo creo que "lo nuestro" está como siempre.
-A ver, dime; ¿Cuántas horas has pasado fuera de casa en la última semana?
-No se... he tenido clases y guardias y...
-Ya... te lo voy a decir yo; no te he visto más que un rato el miércoles por la tarde y ni siquiera dormiste en casa.
-Sabes que es un momento importante, acaban de empezar las clases en la universidad y hay que ajustar horarios, tutorías, seminarios, programaciones... y en mi departamento del hospital hay un par de bajas, lo que me implica doblar algunos días.
-Y también está Enrique y...¡LAURA!
-Pues sí, también quiero estar a su lado en este momento tan difícil por el que están pasando, no solo como médico sino también como amigo. Eres muy egoísta e insensible, querida.
-Ya... Núnca has olvidado a Laura y ahora estás aprovechando este momento para ganar puntos delante de ella. Lo he pensado muy bien y mañana me marcho.
- No voy a molestarme en replicar tus tonterías, Mónica, ¡estás paranoica! si quieres irte, ¡adelante! haz lo que gustes.

Mónica se quedó perpleja. Carlos no insistió lo más mínimo en que se quedara, es más, tenía la impresión de que se alegraba de que le dejara en paz. Preparó su equipaje y al día siguiente se marcho. A partir de ese momento, Carlos a penas pasaba por su casa y se quedaba en el hospital con Laura cuando no le reclamaban sus responsabilidades laborales.

Cuando Enrique falleció, Mónica volvió para el entierro. Odiaba a Laura, ¡la odiaba! Odiaba que por su culpa, la relación con su marido se hubiera enfriado por completo y aprovechó un momento a solas con ella, antes del funeral para hacerle más de un reproche:

-Mónica, muchas gracias por haber venido al entierro de Enrique, Carlos me comentó que has estado fuera.
-Si, así es. Me fui, porque no tenía sentido seguir en casa. Mis hijos están viviendo fuera y desde que Enrique ingresó, el único interés de mi marido era estar contigo y volcado en su trabajo. No aparecía apenas por casa.
-Siento mucho haber causado esa sensación en ti. Carlos ha hecho todo lo posible por evitar lo que finalmente le ha ocurrido a mi marido. Ha trabajado incansablemente probando diferentes tratamientos y yo nunca voy a olvidar su apoyo hasta el último instante.
-Pues gracias a vosotros, Carlos y yo estamos pasando por el peor momento de nuestra relación, incluso podemos acabar separándonos por tu culpa.

Laura empezó a llorar. Estaba muy cansada y muy triste por los acontecimientos y no le quedaban fuerzas para contestar las crueldades con las que Mónica la estaba bombardeando. Intentó disculparse con Mónica, pero sus reproches, le estaban llegando el peor momento de su vida...

-¿Qué ocurre mamá?
-Nada, no pasa nada Martín. Voy a tomar un taxi, vuelvo a casa.
-¿No te quedas al funeral?
-No, ya he visto a Laura y le he dicho cuánto siento esta situación que nos ha afectado mucho a todos...

Y se alejó con paso firme. ¡Por fin había puesto a "esa" en su sitio! No era tan fuerte como parecía, tal vez la había sobrevalorado todos estos años, al fin y al cabo era una mujer como otra cualquiera.

-Laura ¿Qué ha pasado? ¿Qué te ha dicho mi madre?
-Nada, no te preocupes, ya te contaré, el funeral está a punto de empezar.

Carlos tomó de un brazo a Laura y Martín le tomó del otro para entrar en la iglesia.

Capítulo XV

Después del entierro, Laura volvió a su casa a la que durante los dos meses que duró la enfermedad de su marido, solo acudía para tomar una ducha y cambiarse de ropa. Su hogar desde hacía más de veinte años, se le caía encima, y además para remate de fiesta, en pocas semanas, sería Navidad.

Declinó todas las invitaciones que recibió por parte de su familia para trasladarse a pasar algunos días con ellos. También rechazó la propuesta que Carlos le hizo de emprender un largo viaje en su compañía aprovechando las vacaciones navideñas en la universidad y los días libres en el hospital acumulados por las guardias, (si Mónica se enterara que se iba de viaje con Carlos, era capaz de asesinarla con sus propias manos...)

Martín había terminado su relación con Sara. Demasiados viajes por ambas partes, ella con sus giras y él con la promoción de su disco, consiguieron que los celos de Sara llegaran a extremos que Martín no pudo soportar, además ya era seguro que iba a trasladarse a Roma para realizar el proyecto de fin de carrera a primeros de año. Propuso a Laura que se fuera con él a buscar  piso para instalarse mientras durara la elaboración de su proyecto y así pasar lejos de casa las Navidades que este año, seguro, iban a ser especialmente duras para ella...

Pero Laura no tenía ganas de nada. Solo quería meterse en la cama y llorar. Quedarse dormida y despertarse dos meses más tarde y que ese dolor que le partía el corazón hubiera desaparecido, pero claro... eso era imposible. Decidió hacer un ligero equipaje y marcharse durante algún tiempo a un lugar que no le trajera ningún recuerdo, e intentar ordenar sus sentimientos y su vida.

Decidió alquilar una pequeña casa en una apartada aldea de Soria. Una casa de piedra y madera dónde poder llorar sin interrupciones, descansar y alejarse de compromisos y compasiones de sus familiares, compañeros y amigos.

La casa era pequeña pero muy confortable. Contaba con una gran chimenea que a pesar del frío exterior del mes de diciembre, le aportaba una calidez muy grata. Tenía gran previsión de leña para alimentarla y contaba con solo un dormitorio dominado por una antigua cama, una sencilla cocina y un rústico cuarto de baño. No había televisión ni cobertura en el móvil y el pueblo más cercano estaba a unos dos o tres kilómetros.

Laura fue a comprar lo más necesario; algo de verduras, pan, frutas, un poco de carne y pescado fresco, café y no mucho más. Saldría cada dos o tres días a buscar provisiones al pueblo y allí podría consultar su buzón de voz por si surgía alguna novedad.

A los pocos días se encontraba más tranquila, ubicada y conseguía dormir por la noche. Todo el día le acompañaba una sensación de ensimismamiento, de melancolía, y una debilidad que a pesar de empezar a comer con orden no conseguía que la dejara. Por las mañanas se sentía mal mareada, y con angustia en el estómago pero a lo largo del día mejoraba y por la tarde se encontraba de maravilla, con fuerza y ánimo para dar largos paseos por los alrededores, provista de ropa de abrigo.

Cuándo se cumplían diez días de su llegada a Soria, empezó a preocuparse seriamente por su malestar matutino y decidió acercarse a la farmacia, para que le tomasen la tensión y comprar algún remedio contra ese malestar que le acompañaba solo por las mañanas. Cuándo iba aproximándose al pueblo con su coche, una idea pasó por su cabeza cómo un relámpago y  frenó en seco... ¿Sería posible que estuviese embarazada?

Capítulo XVI

Laura dió la vuelta y volvió a casa. La cabeza le daba vueltas y empezó a calcular...

Efectivamente, hacía más de dos meses que no tenía el periodo. Reparó en ello un par de veces, pero no le dió ninguna importancia, ya que había estado sometida a una gran tensión durante la enfermedad de Enrique. Laura estaba en una edad dónde los desarreglos hormonales podían ser habituales, además no tenía ni tiempo ni ganas de pensar en nada mientras duró la enfermedad de su marido.

Cuándo entró en la casa, le temblaba todo el cuerpo, se sentó porque sentía que las piernas no le sujetaban, intentó tranquilizarse y volver a calcular la fecha de su última regla.

¡Cielo Santo! fué a últimos de septiembre! unos días antes de su viaje a Barcelona! 

¡No! ¡No podía ser posible! ¡Esto era una pesadilla! 

Volvió a pensarlo... Después del viaje a Barcelona, estuvo en Roma, y a la vuelta...se encontró con la noticia de la enfermedad de Enrique, ese mismo día ingresaron en el hospital y no había salido de allí hasta que Enrique falleció... así que, efectivamente, hacía casi tres meses que no...

Volvió a coger su coche y se dirigió a la farmacia y compró una prueba de embarazo. Tenía que descartar esa posibilidad cuanto antes.

¡Era imposible! o...¿no? 

Desde luego, si se confirmara su embarazo, tenía muy claro que el padre sería...

¡No!, ¡No podía estar pasándole esto a ella! 
¿Martín?
 ¡Madre mía !

Laura, esperaba que se tratase de un desarreglo hormonal propio de su edad, porque un embarazo ahora...

¡Sería, sería...! 
¿Qué sería? 
¿Una maldición o... 
una bendición en el peor momento de su vida? 

Su cabeza pensaba a una velocidad de vértigo, y los minutos para comprobar si estaba o no embarazada le parecieron ¡ETERNOS!

Pasado el tiempo estipulado, Laura se quedó lívida, al comprobar que la prueba de embarazo era positiva:

¡Estaba esperando un hijo!

Se derrumbó en un sillón y cuándo se levantó, hacía un rato que ya había anochecido...

Capítulo XVII

Laura se levantó muy despacio y empezó a hacer su equipaje. Tenía que volver a Madrid y hacerse pruebas cuanto antes. Si se confirmaba su embarazo, tenía que tomar muchas decisiones...

¿Seguiría adelante? si lo hiciera: ¿su hijo estaría bien? ¿sería una criatura sana? Después del calvario pasado en los últimos dos meses y completamente ajena a la posibilidad de estar embarazada.

Había pasado muchas tensiones, se había alimentado muy mal y no había tenido en cuenta el riesgo de recibir radiaciones y ella había estado siempre presente en todas las pruebas que le habían realizado a Enrique. A todo esto, había que sumarle su edad. Pasando de los cuarenta, el riesgo de tener un bebé con problemas aumentaba de manera alarmante y lo peor de todo... ¿cómo iba a reaccionar Martín cuando le hablara de su embarazo?

No quería ni imaginar la cara de Mónica... ni la de Carlos cuándo se enterasen que iban a "ser abuelos"... y ¿qué iba a pasar con su carrera profesional? ¿cómo iba a poder compaginar su trabajo y un bebé? ¿qué dirían en el hospital sus colegas? y ¿su familia? y ¿la familia de Enrique?

Mil y una dudas le asaltaban. Se sentía sola, tenía miedo y estaba muy confundida.

Cuándo llegó a su casa en Madrid, llamó a una clínica privada dónde nadie la conocía para que la citasen en consulta lo más pronto posible. Tenía que confirmar su embarazo y hacerse las pruebas oportunas para asegurarse que la criatura estaba bien y a partir de ese momento, iría tomando decisiones.

Al día siguiente a las 10,30 de la mañana, Laura entraba en la consulta de un ginecólogo. No le dio demasiados datos, solo le pidió que confirmara que estaba esperando un bebe y en el estado que se encontraba la criatura.

El Doctor le sometió a una ecografía, en la que confirmó que Laura estaba embarazada de unas 11 semanas y que el corazón del feto latía con fuerza.

No pudo reprimir las lágrimas que brotaron entre la emoción, y el pánico. Se despidió del doctor y le dijo, que acudiría unos días más tarde de nuevo a su consulta y se pondría en sus manos para seguir el protocolo médico adecuado.

Una vez en casa, seguía dando vueltas a la noticia de su futura maternidad, era algo ¡tan sorprendente! ¡tan inesperado! ¡tan inoportuno...! o tal vez ese embarazo llegaba en el ¡MOMENTO JUSTO! cuándo necesitaba desesperadamente tener de nuevo una ilusión para seguir viviendo, algo "tan especial" que le devolviera las ganas de vivir y superar el terrible desenlace de la muerte de Enrique.

Se tomó dos días para sopesar pros y contras y decidir que haría con su embarazo. Tenía claro que si su hijo se estaba formando correctamente, seguiría adelante con su embarazo y el resto de las "complicaciones personales" que le traería esta decisión, ya las iría resolviendo cuando fueran presentándose.

El lunes a primera hora tenía concertada una cita con el ginecólogo al que había acudido para que le confirmara su embarazo, y fue en ese momento cuándo le puso en antecedentes de su situación. Él le recomendó que cuanto antes se sometiera a una serie de pruebas prenatales que confirmarían el buen estado del feto y si su stress en las primeras semanas de gestación y quizás haber recibido radiación en alguna de las pruebas radiológicas de Enrique en las que estuvo presente, habrían afectado a la criatura.

Después de esto tendría criterio para tomar la decisión de seguir adelante con su embarazo, o... ponerle fin cuánto antes.

A los pocos días Laura tenía en sus manos el sobre con los resultados de sus análisis, ecografías y la prueba CVS  que le permitiría descartar o confirmar cualquier anormalidad genética que pudiera tener el bebé.

Ahora tendría que tomar una de las decisiones más importantes de su vida. Las manos le temblaban al desplegar el informe...

Capítulo XVIII

Los resultados de las pruebas, confirmaban que el bebé estaba en perfecto estado de salud, igual que la madre. Todo se desarrollaba como cabía esperar en un embarazo normal.

El año estaba a punto de concluir, un año, complicado y plagado de sorpresas para Laura.

Ya hacía casi un mes que Enrique había fallecido. Laura pasó el día de Navidad sola, porque así lo había decidido a pesar de la insistencia de sus padres y las constantes llamadas y mensajes de Martín para que fuera a Roma a pasar las Navidades. Él había encontrado un céntrico loft en la Via di Ripetta , muy cerca de la Piazza di Spagna y , en el que viviría el tiempo necesario hasta que concluyera su proyecto de fin de carrera.

Carlos, el padre de Martín también la llamó en repetidas ocasiones para comprobar cómo se encontraba y para informarle que su relación con Mónica había mejorado notablemente tras el funeral de Enrique. Se habían dado una nueva oportunidad y decidieron  pasar fuera de España las Navidades visitando a Miryam, su hija pequeña, ya que Martín estaba en plena mudanza en Roma durante las vacaciones navideñas.

-¿Dimmi? Martín , il dispositivo.
-¡Hola! ¡Veo que estás perfectamente integrado en tu nuevo hogar!
-¡Laura!
-Estaba pensando en hacerte una visita en fin de año, ¿Qué te parece?
-¡Vaya! Pues una agradable sorpresa. ¿Cuándo vienes?
-Pues si te parece bien, puedo llegar el día 30.
-Perfecto. Dime a que hora y voy al aeropuerto a recogerte.
-Muy bien, en cuanto tenga el pasaje te lo digo. ¿Estás bien?
-Si, terminando de instalarme, aunque todavía quedan muchas cosas para que ésta casa tenga calidez, pero si tu me ayudas y con un par de alfombras, podemos conseguirlo, y ¿tú? ¿mejor?
-Si estoy bien, tengo algo muy importante que contarte...

El día 30 de diciembre a las 11.30, Laura llegaba a Fiumicino y Martín la esperaba con una sonrisa y un gran ramo de rosas blancas. Laura había cogido un poco de peso y su cara estaba menos desencajada que la última vez que se vieron aunque las ojeras, se negaban a desaparecer de su rostro.

-¡Buenos días Princesa! ¡Estás preciosa!
-Hola Martín. Muchas gracias. Tenía ganas de verte.

Se dirigieron al aparcamiento y tras acomodar el equipaje de Laura, emprendieron el camino a casa de Martín. Durante el trayecto y sin poder esperar ni un minuto más Laura contó a Martín , lo que le había traído a Roma.

-Tengo algo importante que decirte, pero antes, quiero que te quede muy claro, que no espero NADA por tu parte. He tomado una decisión, que voy a llevar adelante y entenderé perfectamente que no la compartas conmigo, pero tienes derecho a saber lo que está pasando...
-Laura, no me asustes...
-No, no te preocupes, no es nada malo, pero entiendo que te sorprenda, a mi también me sorprendió, y me he estado moviendo en la incertidumbre y en un mar de dudas, hasta que finalmente tomé la decisión...
-¡Vamos Laura, me va a dar un infarto! ¿qué pasa? ¿qué has decidido?

Estaban parados en un semáforo cuándo Laura soltó su "noticia-bomba"

-Martín, estoy embarazada, y el bebé es tuyo.

Él se quedó mirándola y el tiempo se congeló...

-Martín, por favor, ¡avanza!, que el semáforo está en verde desde hace medio minuto y los coches no paran de pitarte.

Como un autómata Martín arrancó y estacionó el vehículo en el primer sitio libre que encontró.

-¿Cómo? ¿qué estás qué? ¿estás segura? ¿mío?
-Claro, he confirmado el embarazo y me he realizado un montón de pruebas para comprobar que el bebé está bien, cómo puedes imaginarte después de los últimos meses de stress, y mi edad, no podía arriesgarme a seguir adelante con el embarazo si todo no estaba en orden.

Martín estaba perplejo. Miraba a Laura, y luego cerraba los ojos. Recostaba la cabeza en el asiento, volvía a mirar a Laura. Se restregaba los ojos, se mordía los labios, miraba a Laura de nuevo...

-No se que decir... ¿tú estás bien? ¿estás segura de que quieres seguir adelante?
-Si. Lo he pensado mucho y tú también necesitas tiempo para digerir la noticia. Cómo te he dicho, yo voy a seguir adelante, decidas lo que decidas, no te sientas presionado. No hemos buscado para nada esto pero evidentemente son las consecuencias de nuestra "pasión desbordada" en esta ciudad hace tres meses.
-Pero Laura: ¿Tú no tomaste ninguna precaución para evitar el embarazo?
-No, yo no..y ¿tú?
-Pues no ¡claro que no! Yo me imaginaba que tú estarías prevenida para no quedarte embarazada, ¡por Dios Laura, estabas casada!
-Si, y mi marido se hizo una vasectomía cuando decidimos no tener hijos.
-y ¿Cómo se te ocurre acostarte conmigo sin precauciones?
-y...¿a ti? ¿cómo se te ocurre?
-Yo pensé que tú ya eras "mayorcita" para no quedarte embarazada como una adolescente de 15 años...
-No he venido a discutir contigo y menos aún a buscar culpables, he venido a informarte de la situación, porque creo que debes saber que voy a tener un hijo tuyo.

El silencio, fue el protagonista en los siguientes minutos, hasta que Martín se decidió a hablar:

-Perdona Laura, perdona. No he sabido reaccionar bien. Soy un cretino. Tan responsable eras tú como yo, pero nos dejamos llevar y no es el momento de echarnos nada en cara. Necesito un tiempo para asumir esto, ¿lo entiendes?
-¡Claro! He reservado una habitación en el Crossing Condotti. Queda cerca de tu casa, y será mejor que te tomes un tiempo a solas para pensar. Yo estoy segura de que quiero seguir adelante. Cuándo murió Enrique sentí mucho no haber tenido hijos con él, sobre todo por haber preferido consolidar mi carrera profesional, antes que formar una familia. Tras su muerte, solo me ha quedado vacío y desolación y nadie en quién refugiarme. Este embarazo es un "milagro" para mi, la posibilidad de  tener algo verdaderamente valioso, más que mi carrera, más que cualquier triunfo obtenido en la vida. Así que, decidas lo que decidas, gracias Martín, porque sino fuera por ti, ahora no tendría la posibilidad de ser madre.

Martín dejó a Laura en el hotel, no sin antes intentar convencerla para que desechara la idea, y se instalara en su casa. Ella insistió en quedarse porque entendía que Martín necesitaba tiempo a solas para asumir la noticia que acababa de darle y que desde luego, iba a cambiar su vida...

Capítulo XIX

Martín se sentía mareado. La cabeza le daba vueltas... ¿Padre?

¡Él iba a ser p-a-d-r-e !

Todavía no había cumplido 22 años y tenía delante uno de las mayores responsabilidades a las que tendría que enfrentarse en la vida. No, no estaba preparado para eso, además tenía muchas cosas que hacer todavía antes de asumir ciertas cosas. ¿Educar, mantener un niño? No no, eso le quedaba todavía muy lejos... pero... ¿y Laura? ¿la iba a dejar tirada ante semejante situación?

Se paso toda la tarde y parte de la noche valorando todas las opciones: Se veía a sí mismo actuando como padre de un bebé, incluso se vió casándose con Laura (de pequeño era su sueño...) pero a los cinco minutos cambiaba de opinión y pensaba en el proyecto fin de carrera en el que tanta ilusión había depositado.

También pensaba en su grupo y en la gira que estaba prevista para el próximo verano por toda España y Sudamérica... ¡Todo se iría a...!

Pensó en sus padres, en sus amigos, en su hermana pequeña... ¿qué dirían sus abuelos?

Acabó agotado y se quedó dormido de madrugada.

Mientras,  Laura, estaba mucho más tranquila. Ella ya había pasado su correspondiente "calvario" hacía algunas semanas y ahora una vez tomada la decisión de tener a su hijo, estaba serena e incluso...¡CONTENTA!

Era verdad todo lo que le había dicho a Martín; no esperaba -NADA- de él, solo quería informarle de su futura paternidad, y entendía que asumir con responsabilidad ésto, le quedaba muy grande a su edad.

Ella se veía más que suficiente para salir adelante sola, educar y mantener a su bebé compatibilizándolo con su trabajo, aunque indiscutiblemente, debería bajar el ritmo y dejar de viajar durante un tiempo.

Había solicitado una excedencia durante la enfermedad de Enrique y económicamente estaba bien situada, porque a parte de sus ahorros, el seguro de vida de Enrique, le permitiría vivir sin estrecheces hasta que decidiera volver a trabajar.

No negaba, que le gustaría que Martín estuviese a su lado, (sobre todo pensando en que su hijo tuviera el referente de un padre) pero entendía que iba a ser muy difícil que esto pasara, además Martín y ella eran prácticamente unos desconocidos; solo habían compartido algunos días en los que la mayoría de su tiempo y energía la habían gastado en practicar sexo y su embarazo... había sido la consecuencia.

El día 31 de diciembre, amaneció con un sol espléndido en Roma, que daba a la ciudad un encanto muy especial. Después de desayunar, Laura decidió pasar el último día del año paseando. ¡Quién le iba a decir que iba a pasar el día de fin de año en esta ciudad tan especial y que tanto le gustaba! sobre todo después de pasarlo tan mal últimamente.

Se encontraba bien, renovada, con ilusiones y en unos meses...¡Iba a ser madre!

Sobre las 12 de la mañana su móvil vibró por la llegada de un mensaje de Martín.

-¿Te parece si comemos juntos en Piazza Caprera? ¿Reservo? ¿Te recojo a la una? Luego tienes que ayudarme a preparar la cena de fin de año, acabo de comprar langosta en el mercado y un solomillo...

Laura contestó al instante:

-No es necesario que me recojas, quedamos allí a la una y media, estoy dando un paseo y no me queda lejos. ¿Has "digerido" ya -LA NOTICIA-?

Martín respondió:

-¡Estupendo!, reservo mesa para dos a la una y media. Casi no he pegado ojo en toda la noche, pero tengo las cosas más claras. Luego hablamos. Un beso.

Laura se dirigió despacio hacia el punto de encuentro. ¿Qué habría decidido Martín? 

Capítulo XX -Final-

La mesa estaba lista. Tomaron asiento y pidieron una comida liviana; algo de pescado y ensalada, la cena de fin de año les esperaba e iba a ser copiosa. Laura estaba impaciente por escuchar a Martín.

-Le he dado muchas vueltas al asunto pero creo que debo seguir lo que me dice el corazón y la conciencia, más que preocuparme por que va a pasar a efectos prácticos. 

Laura, yo siempre te he querido y se que hay muchas cosas que nos separan, más de las que nos unen. Veo las dificultades de la diferencia de edad, que tu carrera profesional está más que consolidada y la mía está empezando. Se que esto va a ser un "escándalo" a nivel familiar, que estoy muy lejos de merecerte, pero quiero vivir contigo la experiencia de formar una familia. 

¿Recuerdas cuando comimos en Magnolia en Barcelona? Te dije que me dieras la oportunidad de hacerte feliz, y me lo acabas de poner en bandeja , ¿cómo rechazarlo? llevo toda mi vida enamorado de ti... 

Tienes que tener paciencia conmigo, soy tremendamente impulsivo y se que me queda mucho para llegar a tu altura en todos los sentidos, pero te prometo que voy a esforzarme en hacerte, bueno, en haceros felices si tú me dejas...

Laura no pudo contener las lágrimas.

-Martín, ¿estás seguro?
-Si, lo estoy y ¿tú? 
-Podemos intentarlo...
-Pues entonces: ¡vamos a pedir una botella de la mejor AGUA CON GAS que tengan y brindemos!

El 1 de enero sorprendió a Laura y Martín abrazados, compartiendo cama  e ilusiones...