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martes, 31 de enero de 2012

Álvaro

Álvaro tiene en la actualidad casi cuarenta años. Su madre fue una conocida actriz en los setenta y ningún resorte se movió en su interior cuándo nació su hijo. Continuó viviendo como hasta ese momento. Viajaba, tenía multitud de compromisos profesionales y una agitada vida social.

Fue la abuela, la encargada de criar a Alvaro, mientras su madre, apenas le dirigía una mirada de vez en cuando. Le crispaba su comportamiento de niño, sus excentricidades de adolescente, su pasión por los aviones que ella odiaba y a los que tenía pánico. Se negó a pagar sus estudios de piloto, y Álvaró trabajo muy duro para conseguir el dinero suficiente y viajar a Miami a realizar su sueño.

Y... ¿su padre? Alvaro, ¿tenía padre?

Si, naturalmente, pero era el típico mantenido por una mujer rica, sin criterio y sin ninguna pasión por la vida, sin querer comprometerse con nada, y sin sentimientos por ese niño que le reclamaba.

Han pasado muchos años y ahora, estamos frente a la puerta de una UCI. La madre de Álvaro ha sufrido un infarto. Su padre murió hace tres años y él se enteró casi un mes más tarde por casualidad, leyendo una revista en la peluquería donde aparecia un breve reportaje comentando el fallecimiento del marido de la famosa actriz....

Estoy nerviosa. Las UCI´s por motivos personales me ponen ´´atacada´´y me traen penosos y estresantes recuerdos, sin embargo Álvaro, está tranquilo. Mira el reloj, se retrasan en salir a dar el parte médico, siempre ocurre igual. Los minutos delante de esa puerta parecen horas, pero horas de cien minutos. Álvaro saca su movil, consulta sus e-mails, juega, mata el tiempo. Insisto en preguntarle si está bien, si está seguro de que no quiere que llamemos a sus tías, las hermanas de su madre para que comparta con ellas estos momentos complicados. No quiere, me dice, que ya me explicará cuando salgamos del hospital.

Por fin sale el equipo médico y nos conduce a una pequeña sala, nos piden que tomemos asiento y nos explican que la situación no tiene pinta de mejorar, y que probablemente el desenlace es inminente. Nos dicen si queremos verla. Está inconsciente. Álvaro declina entrar a la UCI y les da a los doctores su teléfono movil para que le informen cuando fallezca. Se quedan extrañados, se miran entre ellos, me miran a mi, yo... miro al suelo...

Bajamos en silencio, llegamos al parking del hospital y Álvaro me invita a cenar.

-Gracias por acompañarme. Se que no entiendes mi comportamiento, pero es lo que hay. Me da igual lo que le pase aunque , espero, que ésto acabe cuanto antes. No voy a avisar a mis tías, son tan crueles y despiadadas como ella, solo querran saber que les ha tocado en la herencia cuándo se lea el testamento, ellas solo me traerían mas problemas en el hospital y mal rollo. Gracias por no pedirme explicaciones aunque es normal que no entiendas mi reacción. No siento nada, no la quiero, ella tampoco me ha querido nunca a mi. He sido un accidente en su vida que ha intentado olvidar. Suena muy antinatural pero hay madres que no quieren a sus hijos y esto es casi imposible de superar para mi, espero que cuando muera, cuando ya no tenga madre de verdad, pueda ser como cualquier otro hijo que ha perdido a su madre, esta vez por ley de vida y de manera natural.


Hablaba con una entereza, con una frialdad que me ponía piel de gallina. Álvaro ya era un adulto pero no había conseguido curar su herida del dolor, del abandono y del nulo afecto recibido a lo largo de su vida por parte de su madre.

Cenamos hablando de sus viajes, de su nueva casa, de la ruptura con su última novia; Álvaro, era incapaz de mantener una relación que durara apenas unos meses con cualquier mujer. Era un buen hombre pero tenía demasiadas carencias afectivas que no le dejaban desarrollar sus relaciones de manera equilibrada.

A la semana siguiente, recibí un correo:

Querida amiga: Ya ha terminado todo. La famosa actriz que me dió a luz, ya está en el infierno. 

Imagino tu cara en este momento, pero si de verdad te consideras mi amiga y me quieres tanto o más de lo que te quiero yo a ti, cámbiala por una sonrisa, porque yo por fin, estoy en paz. 

Ordené todo para su incineración. Mi abogado se encarga de la gestión de todos sus bienes, y serán liquidados y donados a una ONG que ayuda a niños sin hogar. Creo que al menos ´´otros´´ se van a beneficiar de sus benditos bienes para aliviar sus males. 

Empieza el resto de mi vida y me he propuesto ser feliz. Ya no hay nada que me lo impida.

P.d; por favor, escribe un post, de esos- tan inspirados- que publicas en tu blog, contando esta historia, pero no des demasiados detalles, soy tímido. Ayúdame a poner por escrito el punto y aparte del resto de mi vida.

Un abrazo.


Álvaro.





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