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miércoles, 21 de octubre de 2015

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

La explosión de sentimientos a la que nos vemos sometidos ante LA MUERTE, es sumamente cruel, ¡inimaginable!, hasta que no te toca a ti...

Por mucho que pensemos en como reaccionaremos ante lo inevitable, no se parece en nada a lo que sentimos cuando llega el momento de la separación definitiva del ser querido. Estamos tristes por él, pero inevitablemente estamos tristes por nosotros mismos, porque se nos ha arrebatado la presencia de la persona amada, necesitada, admirada.
Se que no hay consuelo tras la muerte, por ejemplo; de un padre. No hay palabras que puedan mengüar el dolor de su ausencia, y que la sensación de orfandad es TERRIBLE!!!

Decía Lamartine:
"A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd."
Solo el tiempo, -el paso de la vida que da paso a nuevas vidas-, de hijos, de nietos, te permite levantar la cabeza y esperar el día en el que volvamos a encontrarles. 
¡Ésta es mi esperanza!
¡Vida, después de la vida!
Ponemos velas cuando cumplimos años, y también cuando ya no cumpliremos más...
Que la luz de esta llama siempre encendida, permanezca en nuestros corazones, en memoria de los que ya no están...

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