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domingo, 4 de octubre de 2015

¿Cualquier tiempo pasado fue...?

El sonido mudo del vibrador de mi móvil empezaba a ser tan incómodo que no había manera de integrarlo en mi sueño y seguir en el precioso decorado del Teatro Real que en que en ese momento, todo el público estaba en pie aplaudiendo el estreno de mi nueva obra de teatro.

¡Me negaba a despertarme! ¡quería, NECESITABA! seguir oyendo esos aplausos. Me había costado mucho llegar hasta ahí, terminar la obra, que le interesara a alguna productora y lo más importante, presentarla en Madrid.

Estaba segura que si me despertaba, todos esos esfuerzos habrían sido en vano y que volvería a ser la redactora de cultura del periódico decadente que me contrató cuando acabé la carrera y que por comodidad, nunca había abandonado desde los 23 años.

Cogí el móvil con desgana:

-Hola, soy Jaime de secretaría de redacción, ¡no te habré despertado!

Mire de reloj el despertador que en ese  instante marcaba las 7:00 AM

-¡No, hombre! a estas horas ya he corrido 10 Km y estoy vestida y lista para ir al periódico, ya sabes que me gusta llegar un par de horas antes de la cuenta...

-¡Hija!  perdona, es que me están presionando desde hace más de una hora para que te llame. Sofía tenía hoy que marcharse al festival de San Sebastían y ha llamado diciendo que no podrá ir, su madre ha sufrido anoche un ictus y está en el hospital, así que me ha dicho "la sargento" que te llame y te reserve vuelo para las 9.00 que te toca ir a ti en su lugar.

-¡Pero qué dices! ¡no me puedo ir a San Sebastian! Mañana es sábado, se casa mi prima y hoy tengo que terminar dos artículos para el suplemento, dile a la sargento que mande a otra más tonta.

-Cherie, parece ser que tú eres la más tonta... así que ¡espabila! Tu localizador es el  8FYOKO, no te quejes que vas a estar una semanita en la playa y te he reservado en El Astoria, además vas a ir al cine todos los días... Jajaja ¡reina!, tómatelo como unas vacaciones!

-¡Hasta las narices! Jaime, te dejo, tengo prisa.

Desde hace años, soy el comodín del periódico. Cada vez que alguien por lo que sea no puede hacer algo, soy "la tonta" que se encarga. El no tener marido e hijos como la mayoría de los compañeros, hace que NUNCA me niegue a cumplir los compromisos que otros, por H o por B, no pueden llevar a cabo. Tendré que seguir soñando con aplausos en otro momento...

A las 8:00 AM la T-2 de Barajas, estaba repleta de personas de la tercera edad, ejecutivos con prisas, y turistas sobre todo de Europa del este. 

Cuando tuve mi tarjeta de embarque en la mano, fui a tomar un café mientras revisaba el mail en mi iPad y hacía cábalas mentales de cómo iba a programar el día para poder cumplir con todo el programa: terminar dos artículos para antes de las 17:00 y asistir a un par de películas de la sección oficial a las 10:30 y 19:30, entrevistar a un director novel nominado a Concha  de plata y asistir a una fiesta en el Palacio de Miramar esa misma noche.

Todavía con el Donuts en la garganta, me dirigí a la puerta de embarque, -al menos mi asiento estaba junto a la puerta de emergencia- y contaba con espacio extra. Con suerte, si nadie se sentaba a mi lado, iba a instalar ahí mi oficina y al llegar a San Sebastián tendría al menos, uno de mis artículos terminado y podría enviarlo al llegar.

 Me acomodé y empecé a esparcir mis papeles, el iPad, un par de revistas, el bolso y no se cuantas cosas más a mi alrededor. Cuando estaban a punto de cerrar las puertas, llegó mi compañero de asiento...

-Disculpa, la molestia pero creo, que este es mi asiento...

-Ah! bueno... -dije sin mirar- perdona, recojo todo esto en un minuto, creí que ya nadie vendría estamos a punto de despegar...

Llevaba unos zapatos negros, italianos y unos vaqueros ajustados. Es lo único que alcancé a ver mientras ponía un poco de orden a mi alrededor.

-Puedo preguntar a la azafata si hay algún otro asiento libre y te dejo seguir trabajando.

-¡Si! Estaría muy bien, muchas gracias, tengo mucho trabajo y poco tiempo...

En ese momento, levanté la cabeza y... ¡no daba crédito a lo que estaba viendo!

-¿Fernando? ¿Fernando Franco?

-Si, ¿Nos conocemos?

-No, todavía no...  -dije, mientras extendía la mano-y esta tarde te entrevisto en el Hotel María Cristina...

-¡Vaya! ¡Con todo el trabajo que tienes, y viene a sentarse a tu lado más trabajo todavía!

-¡Bueno! perdona este desorden, pero no era yo quién tenía que hacer este viaje... Un contratiempo de última hora ha cambiado los planes y me toca cubrir el Festival de San Sebastián de  este año para mi periódico.
-Bueno, prometo estar calladito durante el viaje y llevar sobre mis piernas, alguna de tus cosas...
- No! Por favor! ¡Qué vergüenza, Fernando! Todo un director nominado a Concha de plata cargando con mis papelotes!
-Jajaja no te preocupes.





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