jueves, 15 de octubre de 2015

Los poetas y los visionarios

        Miguel de Unamuno dijo:
"Jamás desesperes, aún estando en las mas sombrías aflicciones, pues de las nubes negras cae agua limpia y fecundante."
Pero: ¿Quién no se desespera en las aflicciones?

Quién no tiene PRISA porque pasen lo antes posible?

¿Quién es capaz de mirar más allá del dolor y sacar EN LA CUMBRE del sufrimiento alguna rentabilidad?

Solo los poetas y los visionarios...

miércoles, 14 de octubre de 2015

Hanna

*(Último de los 5 ejercicios literarios con foto inspiradora ;-)

-¿No tienes la sensación que hay personas que han nacido para sufrir mientras que otras pasan la vida apaciblemente sin grandes contratiempos?

Esta frase me la dijo Hanna mientras un villancico rancio sonaba de fondo en la 3ª planta del Hospital de Alcalá de Henares las pasadas navidades.

-Llevo soñando más de diez años estar ingresada en esta planta del hospital (maternidad) pero ¡para otra cosa! no para que me arrancasen el útero y con ello dinamitar mi máxima ilusión en esta mierda de vida: ser madre.

Fueron unas navidades raras, amargas, transparentes... a pesar de que cien mil luces de colores inundaran las calles de Madrid. Me molestaban. Mucho. Me molestaban mucho.

Me molestaba que la gente sonriera, comiera marisco, tomara copas, se besaran en los labios tras las campanadas de fin de año porque Hanna estaba en la 3ª planta del Hospital de Alcalá recibiendo su primer chute de quimio sin contemplaciones, sin respeto a la fecha, sin respeto por la espada que la acababa de partir en dos la vida.

Yo soy del otro grupo, de los que les toca vivir la vida sin contratiempos, de los que están sanos, a los que los padres les quieren y les viven hasta viejitos, de los que tienen amigos fieles, casas bonitas e Iphone 6.
¡Qué asco! 

Daría casi todo porque Hanna tuviera útero, ¡le daría el mio casi sin estrenar! le regalaría mi pelo aunque sea horroroso.

Hanna no se queja, ¡NUNCA SE QUEJA! ¡al contrario! ella es maestra y dice que ahora le toca a ella ser alumna y aprender de esta batalla, con fecha de comienzo y sin final concreto.

Me pongo de rodillas, intento entender, intento aceptar tanta injusticia, pero ¡no puedo! Lloro, me rebelo, miro al cielo, pido explicaciones, ¡qué se acabe ya la pesadilla de Hanna! mientras, ella teje una bufanda para mi con sus dedos y sin agujas (está harta de agujas)

Me dice que siente que se ha bajado del tren, que aunque iba en segunda, iba en tren y que ahora, no sabe si volverá a cogerlo alguna vez, si parará mientras espera o pasará de largo...


martes, 13 de octubre de 2015

Encuentro en Central Park





Tres relaciones fracasadas en diez años, ¡dándolo todo! y no funcionaron.

El reloj biológico de Andrea está acelerándose por momentos y los treinta y tantos están tocando fondo. Tampoco debe ser tan complicado eso de que te quieran y te respeten, o... ¿si? tal vez sea culpa suya, no puede ser que todos los hombres que han pasado por su vida solo quieran ser el centro del universo. ¿Habrá "normales"? ¿tíos sencillos que quieran algo más que sexo, play y fútbol... y que te chupen la sangre y la energía, te maten los planes de futuro y la posibilidad de ser madre? Puede que alguno quede,  pero no en el círculo cercano de Andrea, así que después de pensárselo mucho y de llevarlo en la más absoluta discreción, se inscribió en una de esas páginas para encontrar pareja y se lanzó a abrir en canal, ese círculo cercano de hombres.

Robert era americano, vivía en Nueva York, daba clases de teatro en la La Escuela Juilliard. No había visto un partido de fútbol en su vida y no se llevaba bien con la tecnología, así que nada de consolas y ni siquiera tenía un móvil que soportara el Whatssap, en cambio dibujaba, tocaba el oboe, escribía haikus y entre sus prioridades estaba: SER PADRE, y la única condición era: que su pareja le acompañara toda la eternidad... así que eso era ¡PERFECTO!

Tras un par de meses de mails, decidieron conocerse en persona. Andrea tomó un avión y a las 18:30 aterrizaba en el JFK. La cita era a media noche en The Loeb Boathouse en Central Park. Se alojó en El Plaza, a escasos metros de una de las entradas al parque, la visión  desde su habitación la dejó sin aliento... ¡esto pintaba bien! no se le ocurría un sitio más romántico para una primera cita, hasta la luna se había puesto de su parte y lucía llena y vestida de rojo pasión...

Se arregló con esmero; ¡necesitaba gustarle! tal vez fuera su último tren y el hombre que le daría lo que más anhelaba: ¡una eternidad a su lado! El corazón le iba a cien, en unos minutos se encontrarían.

La mesa estaba reservada a nombre de Robert y cuando Andrea llegó, él ya esperaba. La condujeron a un reservado junto al lago. Estaba de espaldas; hombros anchos, americana gris ceñida, pelo con matices rojizos , manos grandes, blancas, bien cuidadas sujetaban una copa con vino tinto, Andrea pensó que seguramente él, estaría oyendo los latidos de su corazón que se habían acelerado el doble con solo verle por detrás...

Era muy atractivo, seductor, con una sonrisa absolutamente cautivadora que dejaba ver una dentadura blanquísima y perfecta. Hablaba castellano, además de cinco o seis idiomas más. No dijo nada inconveniente, ¡al contrario! se interesó en cada detalle de su vida y apenas hablaba sobre él, esa noche era ella la protagonista, ¡perfecto!

Andrea no podía creer ¡lo que le estaba pasando! a lo mejor, su mala suerte era cosa del pasado y se abría ante ella una eternidad de felicidad a su lado...

Cuánto más le miraba, más tenía la sensación de que le había visto antes...¡tal vez en sueños! porque todas las chicas sueñan con el hombre ideal, y Robert, ¡lo era!

Se acercó a ella, 
le susurro al oído
le acarició el cuello 
y sus labios comentaron a besarla, suavemente... 

De pronto, algo parecido a una descarga eléctrica recorrió a Andrea desde su cuello a la punta de sus pies y lentamente, empezó a ver todo como en un sueño...

Un sueño eterno y rojo...
 





sábado, 10 de octubre de 2015

Esperando, des-esperando...


5 meses, 3 semanas, 4 días y 7 horas... aunque de alguna manera el tiempo se detuvo para Ofelia cuando sus dos hijos salieron a jugar al bosque y no volvieron...


5 meses, 3 semanas, 4 días, 7 horas y un minuto... Ofelia está de pie, mirando por la ventana, contando los segundos...


5 meses, 3 semanas, 4 días ,7 horas, un minuto, 12 segundos... no llegan, ¡no llegan! Ofelia se consume, suspira, adelgaza, espera... ya nada tiene sentido, no le queda nada, ya casi ni esperanza.







jueves, 8 de octubre de 2015

¡Sorpresa!




                                                                                                                                                                                      No tengo ni idea de cómo ha podido llegar este momento, cómo he podido engañar a tanta gente durante tantos años...
Empece medicina a mediados de los 80. Llegar a la universidad no fue fácil.
Mis padres pertenecían a una clase social más bien baja; mi padre trabajaba en la construcción y mi madre limpiaba oficinas y portales desde muy temprano. Yo era la mayor de cinco hermanos de los que me ocupaba la mayor parte del tiempo, ya que mis padres no paraban mucho por la casa, pero afortunadamente era lista y mis notas eran brillantes aunque no empleaba demasiado tiempo en estudiar.

Empecé primero en la facultad de medicina y fue uno de los mejores años de mi vida.; ¡me encantaba! todas las asignaturas eran interesantes y además, estaba él...

Alfredo era mi profesor de Histología Humana y cuando lo vi por primera vez en el aula de microscopía, supe que no se me escaparía...

A él también le gusté, se pasaba las horas acariciándome el pelo, mirándome embelesado a los ojos... fue un primer año maravilloso, me afirmé en mi vocación de querer curar lo que se me pusiera por delante, pero justo a final de curso, la cosa se torció... descubrí que Alfredo estaba casado y nuestra relación acabó como el rosario de la aurora. Pasé un verano espantoso, no quería salir de casa y me pasaba el día rememorando recuerdos y metiéndome sin parar el dedo en la yaga.

Llegó septiembre y al hacer la matrícula descubrí que Alfredo de nuevo me daría clase, ese año de Inmunología. No estaba preparada para verle tres días a la semana y empecé a faltar martes, jueves y viernes a clase. Al principio, solo me fumaba inmunología pero en unas semanas, decidí tomarme el día entero libre. Vagabundeaba por el campus y descubría gente que por causas diferentes a la mía pero todas "genuinas" también habían decidido saltarse las clases de día... hicimos piña y nos lo pasábamos bien. El caso que por H o por B, fue pasando el curso... llegó junio y el balance fue catastrófico... repetía curso ¡seguro! y Alfredo seguiría dando clase al curso siguiente y yo seguía colgada y sin perdonarle...

Resumiendo: pasaron cuatro hermosos años y yo seguía en primero... aunque el dinero de la matricula ya no lo empleaba en matricularme sino en invitar al grupo de "disidentes" a rondas en la facultad, a fines de semana de desfase... en fin: ¡TODO UN DESPROPÓSITO!

Conseguí que un colega de un colega, falsificase el título de médico de su hermano y con las manos temblorosas se lo entregué a mis humildes padres que lo recibieron agradecidos y con lágrimas en los ojos... Su hija ¡MÉDICO!

Desde el minuto uno que empecé a estudiar, familia, vecinos y amigos no dejaban de consultarme tal o cual síntoma y yo ejercía de médico con ellos... eso hizo que "San Internet" y yo fuéramos uña y carne y es ¡alucinante! pero muy pocas veces me equivocaba en el diagnóstico y era certera mandando tal o cual medicación; una pena que no aprovechase la carrera porque madera de médico, tengo.

Doy al play del día de hoy después de hacer historia y os describo la situación; estoy delante de un paciente, él tumbado en una mesa de operaciones y yo de cirujana titular. Llevo más de cinco años trabajando en uno de los hospitales privados más importantes del país... ¿qué? ¿cómo? pues eso digo yo... ¡cómo me he podido colar en el sistema de salud! pues no podía ser de otra manera:

¡EN SUEÑOS!

miércoles, 7 de octubre de 2015

No es lo mismo...



La cesta de flores en el primer escalón del portal, no permitía que pasase desapercibida de ninguna manera.

Manuela, no dudo ni por un segundo que la cesta era para ella. La cogió y se dirigió al ascensor mientras buscaba la tarjeta pero estaba segura que era de Andrés. Llevaban un par de citas y este era el detalle definitivo que él quería algo más...

Abrió la puerta de su casa y dejó la preciosa cesta sobre la mesa de la cocina, y encontró lo que buscaba:

La cara de sorpresa de Manuela fue indescriptible... se quedó ¡atónita! pero... -¿esto qué es? no tiene ninguna gracia... ¡si éste se piensa que esta es forma de conquistar a una chica! además para mas inri;  ¡no tengo ni gas!

Mientras el estado de indignación de Manuela crecía por segundos, sonó el timbre de su piso. Aún con la tarjeta en la mano y dándole vueltas a la cabeza, abrió la puerta.

-Buenas tardes Manuela, no se si te has enterado que la Sra Mercedes , del 3º B, ha fallecido. La comunidad de vecinos, hemos encargado una cesta de flores para su hija, la pobre está destrozada! ha sido tan de improviso!, pero ya sabes... ¡estas cosas no avisan! cada uno tiene su día y a la pobre Mercedes le ha llegado... No se si quieres contribuir, tocamos a 5 euros...

Mientras la vecina hablaba, Manuela empezó a juntar las piezas del puzzle...

-Claro, claro, ¡cómo no!, voy a buscar el dinero y te lo doy ahora mismo... imagino que le habréis puesto una notita de condolencias...

-Si si, yo misma llamé a la floristería del barrio, la de la plaza, la de Doña Pepa -la sorda- y le pedí que pusiera:

Mercedes, descansa en paz...

martes, 6 de octubre de 2015

Cinco fotos inspiradoras...

He encontrado estas cinco fotos que me invitan a inventarme una historia con cada una de ellas...

¡Ejercicio literario para la señorita!

¡Ahí van!

    Esta cesta de flores en un portal...





                                                        Está va ir de sueños...



















¿Dónde conduce esta cancela? 
Tal vez a una casa con historia detrás...




Nueva York: Encuentro en Central Park...

En esta es un "comenzar" 
un re-inventarse, 
empezar nueva etapa de una vida...

Pues mañana... ¡empezamos!






lunes, 5 de octubre de 2015

Correr, correr...

No me cabe ninguna duda: -SOY UNA PRIVILEGIADA-. 

Vivo en Madrid, a apenas media hora de La Gran Vía (o a más de dos horas y media en hora punta...) pero vivo en un lugar tranquilo dónde la naturaleza me avisa con sus colores del cambio de estación antes, casi, que El Corte Inglés...

El otoño, es sin duda mi estación favorita, el amarillo y los rojos me dan una especie de -paz interior- que a pesar de las prisas o "los quebrantos" que se toman -barra libre- en mi vida ultimamente...

Seguramente más de un@ va a pensar que estoy loca, pero esta mañana a las 6:30 de la mañana, cuando puse el pie en el suelo pensé: -hoy toca correr... 

A los amarillos y las hojas ocres del suelo, se le añadió una lluvia fina que sin duda, avisaba del monumental atasco que se iba a montar en Madrid en pocos minutos (efectivamente, no me equivoqué...) así que no me achanté y enfundada en el impermeable más de plástico "fino" de mi armario, salí a quitarme las penas y a gastar la adrenalina, corriendo como si no hubiese mañana...

Balance: estoy  encantada, llena de energía, relajada y me empieza a doler un poco la garganta...

¡Todo en orden! 

domingo, 4 de octubre de 2015

¿Cualquier tiempo pasado fue...?

El sonido mudo del vibrador de mi móvil empezaba a ser tan incómodo que no había manera de integrarlo en mi sueño y seguir en el precioso decorado del Teatro Real que en que en ese momento, todo el público estaba en pie aplaudiendo el estreno de mi nueva obra de teatro.

¡Me negaba a despertarme! ¡quería, NECESITABA! seguir oyendo esos aplausos. Me había costado mucho llegar hasta ahí, terminar la obra, que le interesara a alguna productora y lo más importante, presentarla en Madrid.

Estaba segura que si me despertaba, todos esos esfuerzos habrían sido en vano y que volvería a ser la redactora de cultura del periódico decadente que me contrató cuando acabé la carrera y que por comodidad, nunca había abandonado desde los 23 años.

Cogí el móvil con desgana:

-Hola, soy Jaime de secretaría de redacción, ¡no te habré despertado!

Mire de reloj el despertador que en ese  instante marcaba las 7:00 AM

-¡No, hombre! a estas horas ya he corrido 10 Km y estoy vestida y lista para ir al periódico, ya sabes que me gusta llegar un par de horas antes de la cuenta...

-¡Hija!  perdona, es que me están presionando desde hace más de una hora para que te llame. Sofía tenía hoy que marcharse al festival de San Sebastían y ha llamado diciendo que no podrá ir, su madre ha sufrido anoche un ictus y está en el hospital, así que me ha dicho "la sargento" que te llame y te reserve vuelo para las 9.00 que te toca ir a ti en su lugar.

-¡Pero qué dices! ¡no me puedo ir a San Sebastian! Mañana es sábado, se casa mi prima y hoy tengo que terminar dos artículos para el suplemento, dile a la sargento que mande a otra más tonta.

-Cherie, parece ser que tú eres la más tonta... así que ¡espabila! Tu localizador es el  8FYOKO, no te quejes que vas a estar una semanita en la playa y te he reservado en El Astoria, además vas a ir al cine todos los días... Jajaja ¡reina!, tómatelo como unas vacaciones!

-¡Hasta las narices! Jaime, te dejo, tengo prisa.

Desde hace años, soy el comodín del periódico. Cada vez que alguien por lo que sea no puede hacer algo, soy "la tonta" que se encarga. El no tener marido e hijos como la mayoría de los compañeros, hace que NUNCA me niegue a cumplir los compromisos que otros, por H o por B, no pueden llevar a cabo. Tendré que seguir soñando con aplausos en otro momento...

A las 8:00 AM la T-2 de Barajas, estaba repleta de personas de la tercera edad, ejecutivos con prisas, y turistas sobre todo de Europa del este. 

Cuando tuve mi tarjeta de embarque en la mano, fui a tomar un café mientras revisaba el mail en mi iPad y hacía cábalas mentales de cómo iba a programar el día para poder cumplir con todo el programa: terminar dos artículos para antes de las 17:00 y asistir a un par de películas de la sección oficial a las 10:30 y 19:30, entrevistar a un director novel nominado a Concha  de plata y asistir a una fiesta en el Palacio de Miramar esa misma noche.

Todavía con el Donuts en la garganta, me dirigí a la puerta de embarque, -al menos mi asiento estaba junto a la puerta de emergencia- y contaba con espacio extra. Con suerte, si nadie se sentaba a mi lado, iba a instalar ahí mi oficina y al llegar a San Sebastián tendría al menos, uno de mis artículos terminado y podría enviarlo al llegar.

 Me acomodé y empecé a esparcir mis papeles, el iPad, un par de revistas, el bolso y no se cuantas cosas más a mi alrededor. Cuando estaban a punto de cerrar las puertas, llegó mi compañero de asiento...

-Disculpa, la molestia pero creo, que este es mi asiento...

-Ah! bueno... -dije sin mirar- perdona, recojo todo esto en un minuto, creí que ya nadie vendría estamos a punto de despegar...

Llevaba unos zapatos negros, italianos y unos vaqueros ajustados. Es lo único que alcancé a ver mientras ponía un poco de orden a mi alrededor.

-Puedo preguntar a la azafata si hay algún otro asiento libre y te dejo seguir trabajando.

-¡Si! Estaría muy bien, muchas gracias, tengo mucho trabajo y poco tiempo...

En ese momento, levanté la cabeza y... ¡no daba crédito a lo que estaba viendo!

-¿Fernando? ¿Fernando Franco?

-Si, ¿Nos conocemos?

-No, todavía no...  -dije, mientras extendía la mano-y esta tarde te entrevisto en el Hotel María Cristina...

-¡Vaya! ¡Con todo el trabajo que tienes, y viene a sentarse a tu lado más trabajo todavía!

-¡Bueno! perdona este desorden, pero no era yo quién tenía que hacer este viaje... Un contratiempo de última hora ha cambiado los planes y me toca cubrir el Festival de San Sebastián de  este año para mi periódico.
-Bueno, prometo estar calladito durante el viaje y llevar sobre mis piernas, alguna de tus cosas...
- No! Por favor! ¡Qué vergüenza, Fernando! Todo un director nominado a Concha de plata cargando con mis papelotes!
-Jajaja no te preocupes.





sábado, 15 de febrero de 2014

Reloj


Hace años que no llevo reloj. Antes de eso; ¡no podía estar sin él! Me encontraba perdida el día que miraba la muñeca desnuda y ¡no estaba! me sentía todo el día desprotegida, me faltaba "algo" me sentía muy... sola.

No se realmente porque decidí no ponérmelo más, tal vez pura rebeldía ante la dependencia hacía él, ¡Así soy yo! Tremendamente dependiente hasta qué... ¡me doy cuenta! entonces; ¡huyo despavorida de eso a lo que me siento atada o de alguna manera, obligada...!

Tal vez no va por ahí la cosa, y el teléfono móvil que siempre llevo encima, es mi reloj, aunque ya no esté en la muñeca y si necesito ubicarme en el tiempo o llegar puntual, él es mi cómplice y compañero.

Otra razón es que mi vida laboral, también está aparcada en la caja de relojes de pulsera, esperando pacientemente que vaya a rescatarla en algún momento... No lo sé, el caso es que no llevo reloj y hoy, a las 6:30 de la mañana de un sábado de invierno, me he acordado de él, bueno, de ellos, "de los relojes de mi vida" que a fin de cuentas son los compañeros de tu tiempo.

Un reloj es el mejor regalo que puedes hacer o recibir. Cuándo yo era pequeña, la gente no tenía relojes, tenía reloj; -un reloj- a veces incluso, heredado del padre y de niño, esperando como "un antes y un después" al día de la comunión que marcaba tu entrada en el mundo de los adultos, ya que en tu muñeca izquierda, tomaba protagonismo el reloj, el reloj de tu comunión.

Pero ahora no, ahora es difícil tener solo un reloj, ¡la variedad es fantástica! Tenemos uno para cada ocasión, y en una gama de precios que se adapta tanto a conjuntar con el color de camisa que toca ese día, cómo a la altura del acontecimiento al que nos toque asistir, pero yo no tengo esa opción por qué... ¡no llevo reloj...!

Hoy me estoy planteando abrir la caja dónde guardo los míos y volver a enfajarme en ellos, o... ¿no? También existe la opción de sacarlos a pasear como el que empuja una silla de ruedas, quiero decir, que no -anden- qué solo tengan significado aunque no marquen la hora, ni dirijan mi vida, que solo me recuerden el lugar dónde lo compre (esa preciosa imitación de Bulgarí, del barrio chino de Nueva York) o me traigan la imagen de quién me lo regalo... 

Creo que regalar un reloj, es lo más bonito, pesado e indiscreto, que se puede regalar, ya que inevitablemente, la persona que te lo regaló acompaña a ese tirano ubicado en tu muñeca siempre y que entra contigo en todos los sitios (hasta en el baño...) y pasa contigo los peores y mejores momentos del día, incluso, hay algunas personas que hasta se -acuestan- con él...

Si tienes que regalar algo; valora la posibilidad de regalar un reloj de pulsera (el de pared, es difícil de llevar siempre...) te aseguro, que esa persona se va a acordar de ti, muchas, mucha veces... para bien (espero).