sábado, 10 de octubre de 2015

Esperando, des-esperando...


5 meses, 3 semanas, 4 días y 7 horas... aunque de alguna manera el tiempo se detuvo para Ofelia cuando sus dos hijos salieron a jugar al bosque y no volvieron...


5 meses, 3 semanas, 4 días, 7 horas y un minuto... Ofelia está de pie, mirando por la ventana, contando los segundos...


5 meses, 3 semanas, 4 días ,7 horas, un minuto, 12 segundos... no llegan, ¡no llegan! Ofelia se consume, suspira, adelgaza, espera... ya nada tiene sentido, no le queda nada, ya casi ni esperanza.







jueves, 8 de octubre de 2015

¡Sorpresa!




                                                                                                                                                                                      No tengo ni idea de cómo ha podido llegar este momento, cómo he podido engañar a tanta gente durante tantos años...
Empece medicina a mediados de los 80. Llegar a la universidad no fue fácil.
Mis padres pertenecían a una clase social más bien baja; mi padre trabajaba en la construcción y mi madre limpiaba oficinas y portales desde muy temprano. Yo era la mayor de cinco hermanos de los que me ocupaba la mayor parte del tiempo, ya que mis padres no paraban mucho por la casa, pero afortunadamente era lista y mis notas eran brillantes aunque no empleaba demasiado tiempo en estudiar.

Empecé primero en la facultad de medicina y fue uno de los mejores años de mi vida.; ¡me encantaba! todas las asignaturas eran interesantes y además, estaba él...

Alfredo era mi profesor de Histología Humana y cuando lo vi por primera vez en el aula de microscopía, supe que no se me escaparía...

A él también le gusté, se pasaba las horas acariciándome el pelo, mirándome embelesado a los ojos... fue un primer año maravilloso, me afirmé en mi vocación de querer curar lo que se me pusiera por delante, pero justo a final de curso, la cosa se torció... descubrí que Alfredo estaba casado y nuestra relación acabó como el rosario de la aurora. Pasé un verano espantoso, no quería salir de casa y me pasaba el día rememorando recuerdos y metiéndome sin parar el dedo en la yaga.

Llegó septiembre y al hacer la matrícula descubrí que Alfredo de nuevo me daría clase, ese año de Inmunología. No estaba preparada para verle tres días a la semana y empecé a faltar martes, jueves y viernes a clase. Al principio, solo me fumaba inmunología pero en unas semanas, decidí tomarme el día entero libre. Vagabundeaba por el campus y descubría gente que por causas diferentes a la mía pero todas "genuinas" también habían decidido saltarse las clases de día... hicimos piña y nos lo pasábamos bien. El caso que por H o por B, fue pasando el curso... llegó junio y el balance fue catastrófico... repetía curso ¡seguro! y Alfredo seguiría dando clase al curso siguiente y yo seguía colgada y sin perdonarle...

Resumiendo: pasaron cuatro hermosos años y yo seguía en primero... aunque el dinero de la matricula ya no lo empleaba en matricularme sino en invitar al grupo de "disidentes" a rondas en la facultad, a fines de semana de desfase... en fin: ¡TODO UN DESPROPÓSITO!

Conseguí que un colega de un colega, falsificase el título de médico de su hermano y con las manos temblorosas se lo entregué a mis humildes padres que lo recibieron agradecidos y con lágrimas en los ojos... Su hija ¡MÉDICO!

Desde el minuto uno que empecé a estudiar, familia, vecinos y amigos no dejaban de consultarme tal o cual síntoma y yo ejercía de médico con ellos... eso hizo que "San Internet" y yo fuéramos uña y carne y es ¡alucinante! pero muy pocas veces me equivocaba en el diagnóstico y era certera mandando tal o cual medicación; una pena que no aprovechase la carrera porque madera de médico, tengo.

Doy al play del día de hoy después de hacer historia y os describo la situación; estoy delante de un paciente, él tumbado en una mesa de operaciones y yo de cirujana titular. Llevo más de cinco años trabajando en uno de los hospitales privados más importantes del país... ¿qué? ¿cómo? pues eso digo yo... ¡cómo me he podido colar en el sistema de salud! pues no podía ser de otra manera:

¡EN SUEÑOS!

miércoles, 7 de octubre de 2015

No es lo mismo...



La cesta de flores en el primer escalón del portal, no permitía que pasase desapercibida de ninguna manera.

Manuela, no dudo ni por un segundo que la cesta era para ella. La cogió y se dirigió al ascensor mientras buscaba la tarjeta pero estaba segura que era de Andrés. Llevaban un par de citas y este era el detalle definitivo que él quería algo más...

Abrió la puerta de su casa y dejó la preciosa cesta sobre la mesa de la cocina, y encontró lo que buscaba:

La cara de sorpresa de Manuela fue indescriptible... se quedó ¡atónita! pero... -¿esto qué es? no tiene ninguna gracia... ¡si éste se piensa que esta es forma de conquistar a una chica! además para mas inri;  ¡no tengo ni gas!

Mientras el estado de indignación de Manuela crecía por segundos, sonó el timbre de su piso. Aún con la tarjeta en la mano y dándole vueltas a la cabeza, abrió la puerta.

-Buenas tardes Manuela, no se si te has enterado que la Sra Mercedes , del 3º B, ha fallecido. La comunidad de vecinos, hemos encargado una cesta de flores para su hija, la pobre está destrozada! ha sido tan de improviso!, pero ya sabes... ¡estas cosas no avisan! cada uno tiene su día y a la pobre Mercedes le ha llegado... No se si quieres contribuir, tocamos a 5 euros...

Mientras la vecina hablaba, Manuela empezó a juntar las piezas del puzzle...

-Claro, claro, ¡cómo no!, voy a buscar el dinero y te lo doy ahora mismo... imagino que le habréis puesto una notita de condolencias...

-Si si, yo misma llamé a la floristería del barrio, la de la plaza, la de Doña Pepa -la sorda- y le pedí que pusiera:

Mercedes, descansa en paz...

martes, 6 de octubre de 2015

Cinco fotos inspiradoras...

He encontrado estas cinco fotos que me invitan a inventarme una historia con cada una de ellas...

¡Ejercicio literario para la señorita!

¡Ahí van!

    Esta cesta de flores en un portal...





                                                        Está va ir de sueños...



















¿Dónde conduce esta cancela? 
Tal vez a una casa con historia detrás...




Nueva York: Encuentro en Central Park...

En esta es un "comenzar" 
un re-inventarse, 
empezar nueva etapa de una vida...

Pues mañana... ¡empezamos!






lunes, 5 de octubre de 2015

Correr, correr...

No me cabe ninguna duda: -SOY UNA PRIVILEGIADA-. 

Vivo en Madrid, a apenas media hora de La Gran Vía (o a más de dos horas y media en hora punta...) pero vivo en un lugar tranquilo dónde la naturaleza me avisa con sus colores del cambio de estación antes, casi, que El Corte Inglés...

El otoño, es sin duda mi estación favorita, el amarillo y los rojos me dan una especie de -paz interior- que a pesar de las prisas o "los quebrantos" que se toman -barra libre- en mi vida ultimamente...

Seguramente más de un@ va a pensar que estoy loca, pero esta mañana a las 6:30 de la mañana, cuando puse el pie en el suelo pensé: -hoy toca correr... 

A los amarillos y las hojas ocres del suelo, se le añadió una lluvia fina que sin duda, avisaba del monumental atasco que se iba a montar en Madrid en pocos minutos (efectivamente, no me equivoqué...) así que no me achanté y enfundada en el impermeable más de plástico "fino" de mi armario, salí a quitarme las penas y a gastar la adrenalina, corriendo como si no hubiese mañana...

Balance: estoy  encantada, llena de energía, relajada y me empieza a doler un poco la garganta...

¡Todo en orden! 

domingo, 4 de octubre de 2015

¿Cualquier tiempo pasado fue...?

El sonido mudo del vibrador de mi móvil empezaba a ser tan incómodo que no había manera de integrarlo en mi sueño y seguir en el precioso decorado del Teatro Real que en que en ese momento, todo el público estaba en pie aplaudiendo el estreno de mi nueva obra de teatro.

¡Me negaba a despertarme! ¡quería, NECESITABA! seguir oyendo esos aplausos. Me había costado mucho llegar hasta ahí, terminar la obra, que le interesara a alguna productora y lo más importante, presentarla en Madrid.

Estaba segura que si me despertaba, todos esos esfuerzos habrían sido en vano y que volvería a ser la redactora de cultura del periódico decadente que me contrató cuando acabé la carrera y que por comodidad, nunca había abandonado desde los 23 años.

Cogí el móvil con desgana:

-Hola, soy Jaime de secretaría de redacción, ¡no te habré despertado!

Mire de reloj el despertador que en ese  instante marcaba las 7:00 AM

-¡No, hombre! a estas horas ya he corrido 10 Km y estoy vestida y lista para ir al periódico, ya sabes que me gusta llegar un par de horas antes de la cuenta...

-¡Hija!  perdona, es que me están presionando desde hace más de una hora para que te llame. Sofía tenía hoy que marcharse al festival de San Sebastían y ha llamado diciendo que no podrá ir, su madre ha sufrido anoche un ictus y está en el hospital, así que me ha dicho "la sargento" que te llame y te reserve vuelo para las 9.00 que te toca ir a ti en su lugar.

-¡Pero qué dices! ¡no me puedo ir a San Sebastian! Mañana es sábado, se casa mi prima y hoy tengo que terminar dos artículos para el suplemento, dile a la sargento que mande a otra más tonta.

-Cherie, parece ser que tú eres la más tonta... así que ¡espabila! Tu localizador es el  8FYOKO, no te quejes que vas a estar una semanita en la playa y te he reservado en El Astoria, además vas a ir al cine todos los días... Jajaja ¡reina!, tómatelo como unas vacaciones!

-¡Hasta las narices! Jaime, te dejo, tengo prisa.

Desde hace años, soy el comodín del periódico. Cada vez que alguien por lo que sea no puede hacer algo, soy "la tonta" que se encarga. El no tener marido e hijos como la mayoría de los compañeros, hace que NUNCA me niegue a cumplir los compromisos que otros, por H o por B, no pueden llevar a cabo. Tendré que seguir soñando con aplausos en otro momento...

A las 8:00 AM la T-2 de Barajas, estaba repleta de personas de la tercera edad, ejecutivos con prisas, y turistas sobre todo de Europa del este. 

Cuando tuve mi tarjeta de embarque en la mano, fui a tomar un café mientras revisaba el mail en mi iPad y hacía cábalas mentales de cómo iba a programar el día para poder cumplir con todo el programa: terminar dos artículos para antes de las 17:00 y asistir a un par de películas de la sección oficial a las 10:30 y 19:30, entrevistar a un director novel nominado a Concha  de plata y asistir a una fiesta en el Palacio de Miramar esa misma noche.

Todavía con el Donuts en la garganta, me dirigí a la puerta de embarque, -al menos mi asiento estaba junto a la puerta de emergencia- y contaba con espacio extra. Con suerte, si nadie se sentaba a mi lado, iba a instalar ahí mi oficina y al llegar a San Sebastián tendría al menos, uno de mis artículos terminado y podría enviarlo al llegar.

 Me acomodé y empecé a esparcir mis papeles, el iPad, un par de revistas, el bolso y no se cuantas cosas más a mi alrededor. Cuando estaban a punto de cerrar las puertas, llegó mi compañero de asiento...

-Disculpa, la molestia pero creo, que este es mi asiento...

-Ah! bueno... -dije sin mirar- perdona, recojo todo esto en un minuto, creí que ya nadie vendría estamos a punto de despegar...

Llevaba unos zapatos negros, italianos y unos vaqueros ajustados. Es lo único que alcancé a ver mientras ponía un poco de orden a mi alrededor.

-Puedo preguntar a la azafata si hay algún otro asiento libre y te dejo seguir trabajando.

-¡Si! Estaría muy bien, muchas gracias, tengo mucho trabajo y poco tiempo...

En ese momento, levanté la cabeza y... ¡no daba crédito a lo que estaba viendo!

-¿Fernando? ¿Fernando Franco?

-Si, ¿Nos conocemos?

-No, todavía no...  -dije, mientras extendía la mano-y esta tarde te entrevisto en el Hotel María Cristina...

-¡Vaya! ¡Con todo el trabajo que tienes, y viene a sentarse a tu lado más trabajo todavía!

-¡Bueno! perdona este desorden, pero no era yo quién tenía que hacer este viaje... Un contratiempo de última hora ha cambiado los planes y me toca cubrir el Festival de San Sebastián de  este año para mi periódico.
-Bueno, prometo estar calladito durante el viaje y llevar sobre mis piernas, alguna de tus cosas...
- No! Por favor! ¡Qué vergüenza, Fernando! Todo un director nominado a Concha de plata cargando con mis papelotes!
-Jajaja no te preocupes.





sábado, 15 de febrero de 2014

Reloj


Hace años que no llevo reloj. Antes de eso; ¡no podía estar sin él! Me encontraba perdida el día que miraba la muñeca desnuda y ¡no estaba! me sentía todo el día desprotegida, me faltaba "algo" me sentía muy... sola.

No se realmente porque decidí no ponérmelo más, tal vez pura rebeldía ante la dependencia hacía él, ¡Así soy yo! Tremendamente dependiente hasta qué... ¡me doy cuenta! entonces; ¡huyo despavorida de eso a lo que me siento atada o de alguna manera, obligada...!

Tal vez no va por ahí la cosa, y el teléfono móvil que siempre llevo encima, es mi reloj, aunque ya no esté en la muñeca y si necesito ubicarme en el tiempo o llegar puntual, él es mi cómplice y compañero.

Otra razón es que mi vida laboral, también está aparcada en la caja de relojes de pulsera, esperando pacientemente que vaya a rescatarla en algún momento... No lo sé, el caso es que no llevo reloj y hoy, a las 6:30 de la mañana de un sábado de invierno, me he acordado de él, bueno, de ellos, "de los relojes de mi vida" que a fin de cuentas son los compañeros de tu tiempo.

Un reloj es el mejor regalo que puedes hacer o recibir. Cuándo yo era pequeña, la gente no tenía relojes, tenía reloj; -un reloj- a veces incluso, heredado del padre y de niño, esperando como "un antes y un después" al día de la comunión que marcaba tu entrada en el mundo de los adultos, ya que en tu muñeca izquierda, tomaba protagonismo el reloj, el reloj de tu comunión.

Pero ahora no, ahora es difícil tener solo un reloj, ¡la variedad es fantástica! Tenemos uno para cada ocasión, y en una gama de precios que se adapta tanto a conjuntar con el color de camisa que toca ese día, cómo a la altura del acontecimiento al que nos toque asistir, pero yo no tengo esa opción por qué... ¡no llevo reloj...!

Hoy me estoy planteando abrir la caja dónde guardo los míos y volver a enfajarme en ellos, o... ¿no? También existe la opción de sacarlos a pasear como el que empuja una silla de ruedas, quiero decir, que no -anden- qué solo tengan significado aunque no marquen la hora, ni dirijan mi vida, que solo me recuerden el lugar dónde lo compre (esa preciosa imitación de Bulgarí, del barrio chino de Nueva York) o me traigan la imagen de quién me lo regalo... 

Creo que regalar un reloj, es lo más bonito, pesado e indiscreto, que se puede regalar, ya que inevitablemente, la persona que te lo regaló acompaña a ese tirano ubicado en tu muñeca siempre y que entra contigo en todos los sitios (hasta en el baño...) y pasa contigo los peores y mejores momentos del día, incluso, hay algunas personas que hasta se -acuestan- con él...

Si tienes que regalar algo; valora la posibilidad de regalar un reloj de pulsera (el de pared, es difícil de llevar siempre...) te aseguro, que esa persona se va a acordar de ti, muchas, mucha veces... para bien (espero).


martes, 24 de septiembre de 2013

Neruda, ¡Siempre Neruda!


Retrovisor, ojos, impulso...

No pude evitarlo. Fue una mirada rápida por el retrovisor. Una mirada, rutinaria, y una chispa surgió en el corazón que fue directa del cerebro al pié derecho, haciéndome frenar en seco y el impacto del coche de atrás con el parachoques del mio, sacudió el vehículo y lo lanzó a varios centímetros por delante.

No pasó nada. Nos aproximábamos a un semáforo y no iba a más de 20-30 Km/h, por lo que el impacto, no tuvo ninguna repercusión ni produjo daños en ninguno de los dos coches. Me quedé sentada, mirando por el retrovisor sin dominio de mi misma. Me veía atrapada, hechizada por aquellos ojos que habían pasado de mirar distraidamente hacia cualquier parte a estar clavados en mi. Ahora estaban atentos, asustados, enfadados, perplejos pero lo que no se había borrado era ese tono de melancolía, de tristeza que me había cautivado al encontrarlos detrás de mi.

Cuando el conductor de ojos melancólicos y ahora con un puntito de ira salió del coche y miró la parte delantera de su vehículo y la trasera del mio, me quede paralizada y un peso liviano se instaló en mi garganta. Se acercó a la ventanilla, se inclinó. Yo seguía mirando a mi retrovisor, sin moverme, hechizada, congelada en el tiempo. 

Golpeó ligeramente el cristal con sus nudillos, no me moví. Volvió a golpear, esta vez, con más fuerza. Nada, no hubo respuesta por mi parte. De nuevo, y ya con cierta impaciencia por el tono de su voz volvió a golpear el cristal de la ventanilla preguntando:

-¿Oye? ¿Estás bien?

Giré mi cabeza hacia la ventana y volví a encontrarme con esos ojos que ahora además de melancólicos, parecían asustados, indefensos, expectantes. Bajé el cristal con el mando electrónico, le tenía a escasos veinte centímetros de mi cara, solté el volante, me giré hacia él, tomé su cara entre mis manos y... le besé.


Confianza, desconfianza...

Bernand Shaw decía que:
 

Es fácil, terriblemente fácil, hacer tambalear la confianza de un hombre en sí mismo. Aprovecharse de esta ventaja para conmover el espíritu de una persona es una labor diabólica...

Muy segur@ de ti mismo tienes que estar para que en estos tiempos no se tambalee tu confianza, tanto en ti mismo (si serás capaz de mantener tu trabajo, tu estabilidad sentimental, tus responsabilidades...)como en los demás (¿Me será fiel mi pareja? ¿Juzgaran a mi hijo por sus kilos de más? ¿ Me sustituirán en el trabajo por una jovencita con master e inglés fluido?...)

Conmover nuestro "espíritu" en la actualidad, no es difícil. Vivimos con una inseguridad absoluta, en nuestro presente y en nuestro futuro más cercano. El Paro, la competitividad, la precariedad en el empleo, nos atenazan, la ligereza y superficialidad a nivel de compromiso en la pareja, están a la orden del día.

 Es difícil acercarnos a las noticias de plena actualidad y no ver desahucios, personas muy cualificadas que no tienen trabajo y su futuro es realmente oscuro, violencia y falta de respeto TOTAL a la vida de los demás, y todo esto, nos afecta, nos desanima, nos crea una impotencia TERRIBLE...
¿Qué nos queda? ¿confiar? ¿desconfiar? ¿nadar? ¿guardar la ropa? ¿despreocuparnos? ¿carpe diem?

¡No debemos vivir con miedo! (y lo dice una miedosa...) 
Los años me sirven para comprobar que de las 100 cosas que temo que ocurran al día, ocurre, una o...¡ninguna! Que en vez de PRE-ocuparme, más me vale OCUPARME y no perder tanto tiempo y energía en el PRE.

¿Qué puedo hacer yo? ¿Qué puedes hacer tú? en tu situación actual, con tus recursos... ¡piensalo! y

¡HAZLO!